Opinión

COLUMNA: Paracaídas

El Comentario, 48 años

Por Rogelio Guedea

Cuando uno pasa mucho tiempo en un lugar, lo convierte invariablemente en su propia casa. Esto es lo que me ha pasado con El Comentario: después de 22 años de escribir en sus páginas, es ahora mi casa, un pedazo de mi patria, como lo son mis palabras. Además, El Comentario tiene mi misma edad. Nació hace 48 años, como yo, y curiosamente como el actual Rector, Christian Torres Ortiz, que también es de 1974. Lo he dicho muchas veces, pero escribir en El Comentario es más que un acto de comunicación, mucho más que un acto de reflexión o debate de las ideas, es una forma de no sentirme cerca, una manera de nunca estar lejos de todo lo que quiero y me pertenece. Por eso, adonde quiera que vaya o esté, nunca he dejado de escribir en El Comentario ni de dejar de tener un vínculo con la Universidad de Colima, institución donde no sólo me formé y trabajé, sino en la que he construido muchas de las grandes amistades que aún conservo. En esta ocasión, por tanto, no sólo quiero celebrar los 48 años de uno de los medios de comunicación más importantes de nuestra institución, sino de uno de los proyectos más sólidos y duraderos que se hayan impulsado dentro de la misma. Los proyectos duraderos son valiosos porque requieren muchos esfuerzos, muchas voluntades unidas en una misma dirección e incluso mucha determinación para que no decaigan. Es muy fácil destruir iniciativas, menos fácil es crearlas, pero difícil es hacerlas perdurar, dales pertenencia y hacer que en esa pertenencia se refleje una comunidad. El Comentario es hoy por hoy una de las pertenencias más valiosas del proyecto universitario, y por eso me da gusto que el Rector Torres Ortiz haya reconocido su importancia y enfatizado su potencial, pues al no ser un medio con fines de lucro sino formativo es posible hacer con su libertad grandes proyectos de comunicación, tanto para beneficio de la comunidad universitaria como de nuestra entidad. Todavía recuerdo las primeras crónicas que envié desde España en una máquina Olivetti de segunda mano que compré a un lado de la mezquita de Córdoba, y me parece mentira que esas primeras crónicas -recogidas en mi libro Crónicas del reincidente, publicado por la Universidad de Colima- ahora tengan por lo menos veinte años de haber sido publicadas, cuando El Comentario cumplía su media vida y era dirigido entonces por don Víctor de Santiago. Hoy no hago crónicas, que ganas no me faltan, sino artículos de opinión, y pareciera que no ha pasado el tiempo salvo que ahora tengo 48 años en lugar de 26, y muchas cosas han pasado desde entonces, como el hecho de poder verlas publicadas (donde quiera que esté) de manera virtual y me las encuentre compartidas en las redes sociales, cosa antes imposible. Con todo esto lo único que quiero decir es que en lo último que se debería pensar es en acabar con un proyecto como el de El Comentario, antes seguirlo impulsando para que continúe generando un mayor sentimiento de pertenencia en nuestra comunidad y siga siendo una de las mayores fuentes de información no sólo de los universitarios sino de la sociedad colimense en general, como lo es hasta ahora.

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