COLUMNA: Paracaídas

80 años de la Universidad de Colima

Por Rogelio Guedea

La Universidad de Colima cumplirá 80 años de existencia en 2020. Fue fundada justamente durante la gestión de Lázaro Cárdenas, uno de los presidentes de mayor repercusión social para nuestro país. Desde entonces y a la fecha, nuestra casa de estudios se ha convertido en un pilar para el desarrollo de nuestra entidad, pues es la institución educativa de mayor arraigo entre la población colimense y un referente para los estados que conforman el Centro-Occidente de nuestro país, en especial de Jalisco y Michoacán. Como nuestra Máxima Casa de Estudios ha permeado la mayoría de nuestras vidas, en mi caso no ha sido la excepción. Yo también me formé en ella. Estudié la Licenciatura en Lengua y Literatura Españolas en lo que fuera la Escuela Superior de Ciencias de la Educación y la Licenciatura en Derecho, en la Facultad de Derecho, que entonces estaba en el campus central. Posteriormente, por allá por 1998, empecé a dar clases de literatura y redacción en algunos bachilleratos de Colima y Tecomán y luego, gracias al apoyo universitario, abandoné dichas clases para irme a estudiar el Doctorado en Letras Hispánicas en la Universidad de Córdoba (España), para después regresar y dirigir el Centro de Estudios Literarios de la Facultad de Letras y Comunicación, antes de emigrar a Nueva Zelanda y regresar de nuevo hace unos años para seguir en sus aulas. Nunca, durante todo este tiempo, me sentí alejado internamente de mi Alma Máter, pues mi vínculo han sido siempre mis colaboraciones en El Comentario y los libros que he publicado dentro del programa editorial universitario, además de los muchos amigos entrañables que tengo en la institución. Salvo espacios breves de receso, siempre he mantenido mis colaboraciones periodísticas semanales desde hace ya más de veinte años. Empecé con “Mirador”, luego con “Al vuelo”, un tiempo publiqué “Al vuelo” y “Paracaídas” al mismo tiempo, y ahora continúo sólo con “Paracaídas”, columna en la que, principalmente, intento darle énfasis a las actividades de nuestra casa de estudios que considero más trascendentes y, además, a los aspectos de la vida social y política de nuestra localidad que me parecen dignos de reflexión. No omito decir que también considero en mi agenda periodística el análisis crítico de algunos aspectos que pudieran ser propositivos para mejorar nuestra institución o la defensa de agresiones sin sustento que pudieran dañarla. Lo digo así porque, si algo hay que debemos de festejar en estos 80 años de nuestra casa de estudios (lo cual se hará con reconocimientos a personalidades importantes, publicaciones de libros, eventos y homenajes), es el hecho de que, como lo decía el propio Rector, sea parte de nuestro quehacer sustancial pensar críticamente y disentir, siempre que esto -agregaría yo- se haga pensando en el bien común y no en el de unos cuantos. La Universidad de Colima es un espacio que hay que querer y hay que defender. A quienes nos formamos en ella y ahora trabajamos para ella nos ha dado mucho, como mucho le da también a nuestra sociedad en general. Es de los pocos espacios de nuestra sociedad en los que puede seguirse fomentando el respeto, la gratitud, la solidaridad, la tolerancia, la compasión, el conocimiento, la paz y la dignidad.  Larga vida, pues, para nuestra casa de estudios y toda su comunidad universitaria, la que fue, la que está ahora y la que, por supuesto, vendrá después.

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