COLUMNA: Psicología unitaria

Categorización humana 

Parte II

Por Alfonso Martínez Mayorga

En la primera parte hablamos de ciertos principios humanos desvelados en la teoría unitaria psicológica, por supuesto, se ha construido la base teórica en la cual sustentar dicho mecanismo de trascendencia, la cual, estamos intrínsecamente obligados a reconocer como parte de nuestra naturaleza animal y humana. Para no caer en contradicciones innecesarias, es importante mencionar que “lo humano”, se define en esta teoría como un estado absoluto de consciencia hacia la vida (acorde al sentido otorgado por los más grandes pensadores humanistas de todos los tiempos). En la Parte IV trataremos de aclarar el por qué y cómo ha surgido esta definición, desde luego, conforme al pensamiento científico actual (tesis-antítesis; paradigma-paradogma).

Ciertos constructos teóricos se han acuñado para desglosar tres dimensiones de comportamiento enmarcadas en este continuo de transformación hacia lo humano: animal racional, persona y humano. Como hemos indicado, no conllevan la misma definición ni mucho menos el mismo significado que hasta ahora hemos dado a estos términos, de hecho, ni siquiera el término “humano” resiste la concepción actual. Según esta teoría, nos encontramos en alguna de estas categorías en algún momento de nuestra vida. Tal categorización es universal en el sentido de que todo individuo normal (sin lesión cerebral alguna) de la especie homo sapiens puede incluirse, ya sea por el grado de humanidad en el que nos encontramos si contestáramos la escala de medición diseñada para tal fin: la Escala Valorativa Humana (EVH). Por supuesto, esta medición es sólo un tecnicismo, un procedimiento, es decir, no requerimos contestar ningún cuestionario para que esta clasificación sea verdadera y razonable dentro de nuestra teoría.

Existe un punto en común que nos define, que nos unifica, Jean-Jacques Rousseau lo expresó bajo el estandarte de la moral, de hecho, lo expresa diciendo que la desigualdad moral es la causante de cualquier otra desigualdad social: el poder, la riqueza, etcétera. Argumenta que esta desigualdad es una constante en todas las sociedades (unas más, otras menos) además, según este filósofo, está establecida por convención. Como lo mencionamos en el artículo pasado, para la teoría unitaria sería el grado de humanidad en el que cada individuo y sociedad se encuentra, el que determina la calidad de vida (su moral).

Lo interesante de este pensador, al igual que Kant y muchos otros como Rudolf Steiner, Helena P. Blavatsky y George Gurdjieff (Antroposofía, Teosofía y Cuarto Camino, respectivamente), es que, intentan rescatar lo que hay en común entre los individuos y entre las sociedades, intentan decirnos que para encontrar el equilibrio se hace preciso identificar aquello que nos define con tal fuerza, que podríamos reconocer “a ciencia cierta” lo que realmente vale en nosotros, tanto para vivir en armonía como para diferenciarnos de otras especies. Contrariamente a lo que se piensa, no es la inteligencia, tampoco el raciocinio ni la palabra. Es un hecho que ni toda la inteligencia, la facultad de razonar o hablar nos ha servido para alcanzar la paz y tranquilidad en nuestras vidas. Kant, por ejemplo, con su imperativo categórico, reconoce que lo más importante para entender, categorizar y definir (tanto a la mujer como al hombre), es encontrar un parámetro universal para medirnos: su categoría humana. Siguiendo a estos pensadores, la teoría unitaria está de acuerdo en que, más allá de lo biológico, gustos, opiniones, leyes, ideologías o religiones, el homo sapiens debe guiarse y cultivar una consciencia absoluta que lo lleve a actuar y ser el ejemplo de un verdadero comportamiento humano.

Por su parte, otros pensadores y psicólogos humanistas como Eckhart Tolle, Krishnamurti, Viktor Frankl, Carl Rogers y Maslow, por ejemplo, han propuesto conciliar nuestra naturaleza animal con nuestra naturaleza humana. La parte biológica es muy importante, tal como lo demuestran psicólogos como Steven Pinker, quien nos dice que las sociedades caminan hacia índices menores de violencia. Philip Zimbardo (presidente de la APA, en 2002), por su parte, ha investigado sobre el papel del contexto en la conducta moral. Lo que hace la teoría unitaria es formular esa fusión de opuestos para unirlos, para entender cómo equilibrar nuestra fuerza emocional, nuestra inteligencia y, en suma, nuestra conducta, para producir actos con sentido humano universal.

En su estudio de la personalidad, Raymond Cattell presentó cinco dimensiones (sociabilidad, responsabilidad, apertura, amabilidad y neuroticismo). En la actualidad, con la finalidad de predecir (controlar) la conducta de los individuos, Walter Mitchel relaciona estas variables con las motivaciones nacidas de la interacción con el contexto. Para contribuir en el conocimiento de la conducta y su intención, la teoría unitaria aporta las siguientes tres dimensiones de comportamiento (no para predecir, sino para entender la mecánica general de las relaciones en función de las mismas):

Animal racional (ar) Son aquellos individuos cuyas acciones están motivadas principalmente por el instinto: comer, aparearse, defender su territorio, todo lo que está ligado a su propia supervivencia y no así a la de su especie (comportamiento egoísta). Asumen su función siguiendo los principios de la evolución biológica: la supervivencia del más apto, pero sin acción en pro del bienestar colectivo, enfocándose en algunos casos únicamente a sus descendientes directos. En la actualidad es difícil aceptar que las conductas adquisitivas, competitivas, la misma violencia, la brutalidad, la agresión, la desigualdad y miseria, los conflictos y las guerras, por ejemplo, están impregnadas de un egoísmo primario y animal, biológico, en donde ya es costumbre aceptarlas sin cuestionar su raíz y origen.

Persona (p) Son aquellos individuos que han solucionado de alguna manera las necesidades (ar), sus acciones pudieran no tener un origen primitivo, están motivadas por su historia personal: las impresiones del pasado, los dictados de sus padres y el entorno social y cultural. Su comportamiento fluctúa entre un (ar) y un (h), no hay todavía una consciencia presente, permanente e irreductible, sus juicios están fuertemente influenciados por su pasado genético, familiar, social y cultural.

Humano (h) Son aquellos individuos que han superado su condición animal y biológica, características de un (ar), han resuelto de manera definitiva su relación con las impresiones del pasado, han superado por ejemplo el neuroticismo, los miedos aprendidos, las discriminaciones, rencores y egocentrismo. Sus principios son trascendentales y no circunstanciales, sin importar el medio en el que coexisten. El individuo (h) rescata el conocimiento absoluto con validez, humildad y sentido universal. El espacio que un individuo (p) tiene ocupado (en su mente) con la autoridad del pasado ha sido reemplazado por una visión de su propia potencialidad psicológica y evolutiva, por una visión elevada del sentido (humano) de la existencia.

La categorización “humano” se presta a varias interpretaciones: pertenecen a esta dimensión aquellos homo sapiens que han tomado la decisión transpersonal de trascender, pueden o no pertenecer a la especie homo intĕger, ya que esto depende del grado de evolución de su consciencia humana, la cual es estrictamente psicológica. Es necesario recalcar en esta teoría la diferencia entre conciencia biológica (cerebro o mente), en donde se incluyen procesos como atención, percepción y memoria; y la consciencia psicológica, estrictamente humana y llena de significado trascendente. Es evidente que se incluye en esta dimensión aquellos individuos que nacen o han nacido en un estado absoluto de consciencia, ellos son los auténticos humanos que han evolucionado psicológicamente y pertenecen al Reino Humanus, según la taxonomía propuesta por esta teoría.

Podemos decir que es válido intentar medir estas dimensiones, ya que la clasificación de la EVH se obtiene a partir de la observación de características naturales de los individuos o de su conducta, fundamentadas por el concepto absoluto de lo humano, el cual se origina en un proceso natural de evolución psicológica y sus características son atribuibles a toda la especie homo sapiens. De tal manera que, para establecer armonía natural, deberán coexistieran estas tres dimensiones en la siguiente proporción optima:

…siendo A = Armonía óptima en las relaciones sociales, y C = número total de individuos:

(ar)                (p)           (h)

A      C = (C(0.19098)) + (C/3.236) + (C/2)

martinez_alfonso@ucol.mx

 

Parte I: «El origen de lo humano». https://bit.ly/3cGubG3

Parte III: «Relación simple». https://bit.ly/2RZRqmS

Parte IV: «El paradigma de lo humano». https://bit.ly/3auP05U

Parte V: «El sentido unitario». https://bit.ly/2Km5tP8

 

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