COLUMNA: Pupitre al Fondo

Educación Básica: madrinas y padrinos

Por Blanca F. Góngora

El sector de Educación Básica en nuestro país es muy grande, lo integran poco más de 25 millones de estudiantes de educación inicial, preescolar, primaria y secundaria, distribuidos en 232,876 escuelas, de las cuales 198,348 son públicas y 34,528 son privadas; en este ciclo que terminó, fueron atendidos por un millón 219 mil 517 maestras y maestros. El sector es numeroso y congrega a muchas familias mexicanas de los más diversos contextos sociales, culturales y económicos, lo que lo hace tan especial y polimorfo, tanto que incluso dentro de las mismas escuelas públicas existen profundas diferencias, sí, pero también un aspecto en común: la sensibilidad de los maestros, no de todos como seguramente ya pensaron en silencio, pero sí de los necesarios (y me atrevo a decir que de la mayoría) para incidir en grandes y profundos aspectos.

En todo el tiempo que he pertenecido al sector de educación básica (tanto como estudiante como trabajadora de la educación) he sido testigo de muchas muestras de solidaridad y afecto. Entre el gremio existen muchas formas de ayudar (aunque nunca ajustan), son tantas que el único tope es la creatividad. De un tiempo a la fecha una de las tendencias es buscar “madrinas” o “padrinos” que cooperen para una causa especial, se buscan personas de la sociedad que estén o no involucradas con la escuela y que quieran ayudar. Siempre son buscadas por los maestros o maestras que desafiando los medios piden ayuda para lograr que algunos de sus alumnos se vean beneficiados. Un ejemplo es la maestra nayarita  de Educación Especial  Ivone Elizabeth Calzada Hoyos quien trabaja en una USAER (Unidad de Servicio y Apoyo a la Educación Regular), quien viendo las necesidades de sus alumnos se ha lanzado en repetidas ocasiones a la búsqueda de padrinos y madrinas; una vez para hacer realidad el sueño de alumnitos que nunca habían ido al cine pese a vivir en zonas cercanas a ellos,  buscó quiénes se animaban a pagarle una entrada al cine a cada niño y como sabía que un cine sin palomitas y sin refresco no es cine pues los mismos padrinos y madrinas cooperaron para hacer realidad el sueño completo. Después, quería que otros de sus alumnos (jóvenes sordos) pudieran ir a ver al orador motivacional de origen australiano Nick Vujicic quien dirige una organización para personas con discapacidades físicas, entonces nuevamente se puso a la búsqueda de otros padrinos y madrinas logrando que efectivamente pudieran asistir a esa conferencia que bien sabía ella, marcaría las vidas de sus alumnos para siempre. Más adelante, logró que fueran apadrinados 120 niños con zapatos y en otros años ha conseguido padrinos para ropa, juguetes y despensas para niños de muy bajos recursos. Ahora con la pandemia del coronavirus encima no ha sido la excepción y al darse cuenta de que algunas de las alumnas no contaban con wifi y al percatarse de que con muchas dificultades compraban 20 pesos de saldo y se conectaban 5 minutos al día para ver qué trabajos tenían que realizar, creyó necesario buscar ayuda, encontrándola en otras bondadosas madrinas. El caso de esta maestra es solamente un ejemplo de las muchas acciones que las maestras hacen, ellas mismas son madrinas constantes, es más, por ahí se inicia, empieza uno apadrinando a un alumno o dos que, porque no trae suéter, o porque nunca le mandan para el lonche o porque sus zapatos están más que desgastados o porque te das cuenta que en su casa no hubo para comer ayer o porque simplemente no tienen ni para la fotocopia. Se vuelve una cadena infinita de ayuda, aunque la ayuda no llega sola, llega gracias a la misión de estos maestros y maestras que gestionan, que buscan, que no desisten, que no pierden el ánimo ni la fe. Los padrinos y madrinas son personas comunes, pero de gran corazón, dan a ojos cerrados y creyendo en la petición que el docente hace. No piden nada a cambio, no ocupan facturas ni foto de entrega, ni aparecer en el Facebook; dan porque fueron persuadidos por un sentimiento de solidaridad y empatía que el docente proyectó con tal intensidad que no pudo ser evadido, señal de que el amor sigue siendo un gran aliado cuando de ayudar se trata y señal también de que los buenos, tanto en las películas como en la realidad, siguen existiendo.

 

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