Opinión

COLUMNA: Pupitre al Fondo

Docentes, alumnos y denuncias

Por Blanca F. Góngora

La maestra Martha Cristina Espíritu Macias ha marcado un importante precedente con la lucha que empezó desde 2018 cuando fue removida como subdirectora de la secundaria “José Vasconcelos”, acto que ella siempre consideró injusto e infundado, razón por la cual interpuso una denuncia por hostigamiento y acoso laboral y ahora cuatro años después ha recibido una disculpa pública por parte de las autoridades educativas de Colima gracias a la recomendación emitida por la Comisión de Derechos Humanos del mismo Estado.

Este no es un tema para politizar ni para venerar a autoridades o partidos porque la justicia no debe tener colores ni siglas; es sí, una resolución de profunda importancia porque si bien el daño recibido por parte de la maestra es casi imposible de sanar, lo cual es lamentable, deja encendida la esperanza para otras personas que han recibido tratos inhumanos, humillantes o despóticos en su vida diaria o en su entorno laboral. Este acto resalta además la importancia de la denuncia como acto pacífico para la resolución de conflictos, como bien lo hicieron, también en días pasados, las niñas de la secundaria “Mario Anguiano Moreno” que denunciaron ante su instancia más próxima, el Departamento de Trabajo Social de su misma escuela, las conductas de acoso que su maestro de Educación Física ejercía hacía ellas.

Y es que las niñas, niños y adolescentes (NNA) están aprendiendo a poner un alto a las conductas dañinas que otros ejercen sobre ellos, se han ido empoderando más, tal y como lo merecen, pues no deben ser depositarios de acoso sexual ni de ningún otro tipo de acoso por nadie y las escuelas les deben dar las herramientas y confianza necesarias para seguir denunciando.

Los NNA no deben tener miedo ni sentirse inseguros nunca, mucho menos en las escuelas con sus maestros o maestras; y es que los docentes no deben producir miedo, eso ya quedó en las generaciones de antaño donde incluso en mi generación teníamos que soportar maestros déspotas y que ejercían actos intransigentes de autoridad con el pretexto de que así eran. En mis tiempos de estudiante padecí (quizá no directamente en mi persona, pero sí como parte del grupo escolar) los malos tratos de un maestro en secundaria, uno en prepa, uno en la Facultad de Derecho y dos maestras en la Facultad de Ciencias de la Educación. Minoría, sí, (pues antes y ahora siguen siendo más los buenos docentes) pero todas ellas y ellos compartían el mismo perfil: el orgullo de ser temidos, de ser “estrictos”, de ser inflexibles, de “poner los puntos sobre las íes”. Eran acosadores y no lo sabíamos, y las pocas veces que nos atrevimos a “reportar” (denunciar), las represalias surgían de manera instantánea y quedábamos los alumnos en la desprotección total.

Creo que la clave es seguir denunciando el acoso en todas sus manifestaciones porque solamente así se irá reduciendo el número de acosadores y acosadoras ya que, si no aprenden por conciencia propia, al menos será por miedo.

www.facebook.com/blanca.f.gongora

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

Print Friendly, PDF & Email
Mira también
Cerrar
Botón volver arriba