COLUMNA: Tarea Pública

Partidos millonarios

Por Carlos Orozco Galeana

Por estos días aumentaron las discusiones sobre la suerte financiera de los partidos políticos, entidades públicas que gozan del dinero de los contribuyentes para promover la democracia y construir un país mejor. En teoría, esa es la exigencia. Eso dice la ley, pero está lejos de cumplirse. Por ellos transita gente de la peor ralea a niveles de dirigencia que afirman trabajar por el bien común, por el bien de la patria, pero que en esencia apuestan contra México por sus ambiciones descontroladas.

Varios de ellos, por no decir que todos, se han constituido en verdaderas lacras. Son franquicias de negocios. Herencia de caciques cínicos son esos espacios de poder, criaderos de mapaches que hacen de las suyas en cada elección, y ni que decir de la burocracia partidista en la que no sobresale mucha gente de bien.

Pero parece que les llegaría la hora en el 2021, pues para el año siguiente la libraron ya (el INE autorizó el financiamiento respectivo para el 2020 por 5 mil 249 millones de pesos conforme a normas constitucionales). La 4T quiere disminuir sus altas prerrogativas para sentarlos en el altar de la austeridad. López Obrador los ha invitado a reflexionar varias veces sobre lo cara que es su operación, a bajar su gasto y devolver hasta el 50% de sus ingresos. Sus opuestos le responden de inmediato que mientras Morena no fue gobierno jamás lucharon por algo así, y con justificada razón se preguntan si no hay gato encerrado en esa propuesta reduccionista que el Movimiento Morena quiere convertir en ley constitucional. Al respecto, el INE ha declarado que esa reducción que se cocina perjudicaría el avance democrático en un país que, como el nuestro, no puede presumir de una población que posea conciencia política plena.

Mientras son peras o perones, los partidos de oposición no se cierran al recorte de las prerrogativas de 2020 planteadas por AMLO, con la excepción del PAN, y condiciona la acción a que se respeten las reglas de equidad, competencia y el equilibrio político. El PRI, envuelto hoy en la desgracia, solicita nada más que ese recorte “no se apruebe sobre las rodillas”, es decir, que no les vaya a doler ni siquiera tantito. Con justa razón el PRI teme a la hegemonía morenista desde el gobierno, a la distorsión del sistema democrático vía el pluripartidismo.

Mario Delgado, alumno siempre obediente con AMLO, le echa leña al fuego diciendo, razonadamente, que los partidos han despilfarrado recursos públicos, pero observamos que su partido no quiere transparentar sus cuentas y ni siquiera informar cuánto ganan sus dirigentes. Contradicción, o lo que es lo mismo, “que se haga la justicia pero en los bueyes de mi compadre”.

Los partidos de oposición temen al influjo clientelar que ha logrado AMLO con las dádivas a grupos diversos, incluida la clase media que accede a recursos altos, y particularmente a los “servidores de la nación”, activistas que andan por todos los lugares levantando encuestas y que en cualquier momento pueden participar directa o indirectamente en procesos electorales. Nadie como AMLO conoce la arena donde se gana la voluntad popular.

Esa propuesta de reducción del 50% a partidos, por cierto, es apoyada por la mayoría de ciudadanos e incluso por parte de la iniciativa privada. El empresario palero de AMLO, Carlos Salazar, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, dijo que aplaude todo lo que signifique ahorro en beneficio del pueblo y que es incomprensible el aumento de 2 mil millones de pesos fijado en el 2019 respecto a 2018.

Pocas veces estoy de acuerdo con lo que dicen señores tales; pero sí que resulta urgente modificar los criterios de asignación de recursos a esas entidades, pero con el cuidado de que el régimen no abuse de su poder, intervenga en los procesos electivos y avasalle a sus opuestos sirviéndose de su aparato clientelar. Todo con equilibrio.

Y como es dinero público el que manejan los partidos, tiene que auditarse por autoridades confiables pues abundan en ellos dirigentes de uñas muy largas, (se les ven desde Marte) ávidas de apropiarse de recursos ajenos. Hace muchos años, en Colima, un cenecista rogaba que le dieran un cargo directivo porque “estaba muy jodido”, como si el partido lo fuera a sacar de sus apuros económicos.

Los partidos están reprobados por la población, prohíjan no solo el despilfarro sino el enriquecimiento ilícito de unos cuántos vivales bajo la bendición de gobernadores que no sirven al pueblo sino a ellos mismos y a sus intereses. No queremos partidos millonarios, prototipos de corrupción.

 

 

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