COLUMNA: Tarea Pública

CVO, un jugador inesperado

Por Carlos Orozco Galeana

En estos momentos, el movimiento Morena vive una etapa álgida en el país debido a la lucha por el poder. Si a nivel central se disputan la dirigencia con resultados indeseables indicativos de la prevalencia de tribus dispuestas a despedazarse entre ellas, en algunos estados la cosa está que arde. Abona a la inestabilidad el dedazo previo a doña Bertha Luján.

Para no ir más lejos, localmente se ha alborotado la sociedad por una iniciativa del congreso controlado por Morena a favor de la desaparición del cobro de inscripción en la Universidad de Colima y otras materias, cuestión que ha originado movimientos y actitudes de resistencia. Morena retoza con el fuego en este tema, pero no hace sino seguir, seguramente, instrucciones de muy arriba.

Pero lo importante es apuntar que Morena se ha mostrado como una estructura política con fallas; el presidente López Obrador no puede tratar como recién nacidos a las múltiples dirigencias creyentes de que el poder que tienen hoy será para toda la vida.

En Colima, Morena prometió que sus diputados se bajarían el sueldo y nomás no cumplió. Quién sabe cuántos votos le costará en el 2021 y cuántos politiquillos quedarán despanzurrados. Gran costo tendrá este desaire a los ciudadanos, como bien lo dijo su dirigente estatal Jorge Jiménez.

Pero lo delicado en este remolino de pasiones es el debate que se ha abierto sobre la transferencia de terrenos del Ayuntamiento de Cuauhtémoc a un grupo empresarial, que presuntamente significó un daño al patrimonio municipal, como así lo dijo el alcalde Rafael Mendoza a la Fiscalía estatal. Este tema tendrá resultados positivos para unos y negativos para otros, pues se usará políticamente con reloj en mano para destruir honras. Cuando hay un hueso gordo en liza, los aspirantes a estos y otros interesados afines no se andan con bromas.

La figura en entredicho es la de Indira Vizcaíno, quien ha argumentado no tener responsabilidad en ese asunto y que, en todo caso, como lo apunté en un artículo anterior, la averiguación tiene que contemplar las razones del gobernador y los demás actores que participaron en el trámite Altozano. Hay quien mató la vaca y varios que ayudaron a levantarle las patas, para decirlo en una expresión muy mexicana.

Huelga decir que las últimas semanas, las diferencias entre Indira y dos de sus compañeras (bueno, es un decir que lo son), Claudia Yáñez y Graciela Valencia, diputada federal y senadora), han tomado cauce prudente, pero eso no indica que se apartarán del tema y declinarán en su interés por que se aclare el caso Altozano.

Y es en esta vorágine morenista cuando un conjunto de ciudadanos piensa que ante la situación local, el presidente Andrés Manuel López Obrador determine habilitar a otro jugador con el que guarda amistad ya que le hizo ganar como líder nacional del PRD la primera capital en el país, y con el que mantiene una relación continua y de afecto mutuo. Me refiero al ingeniero Carlos Vázquez Oldenbourg, para muchos ya retirado de la política. Pero no es así, un político deja de serlo hasta que muere.

El ingeniero es un colimense bien nacido, dicho esto para empezar. Director de obras públicas en un sexenio, y dos veces alcalde capitalino, dejó profunda huella con su capacidad de trabajo y su don de gentes. Yo presencié, justamente, su modo de trabajar; recuerdo que no le daba vueltas a la resolución de los asuntos, no los administraba como suelen hacerlo los gobernantes mediocres ni formaba comisiones para hacerle al cuento y engañar a todos como algunos funcionarios indecisos lo hacen normalmente. No, CVO tomaba el toro por los cuernos y resolvía, no difería.

Esto necesita Colima, dicho sea de paso: un gobernante que sepa resolver problemas, no que los administre, que no esconda la cabeza como el avestruz para que supuestamente no lo vean. Que permanezca al lado de la gente y le hable con la verdad. Un gobernante con cabeza, corazón y carácter -las tres famosas “c”- que se ponga en los zapatos de los ciudadanos, como lo hacía Gustavo Vázquez o el propio Silverio Cavazos, quien se distinguió por su talante ejecutivo y su priísmo acendrado.

Actualmente, Carlos Vázquez luce bien de salud, lo aprecié en una charla con él hace días, pero tiene un pendiente que resolverá en breve. Está más que puesto para integrarse a la lucha por la candidatura a gobernador si hay un partido que lo abandere, aunque él se dice Lópezobradorista de corazón.

Usted saque sus cuentas. Está abierta la lucha por la gubernatura y podrían surgir más jugadores, pero pocos con la calidad del ingeniero. Por lo pronto, está en la arena política este colimense distinguido que ha dejado una impronta de servicio y tiene algo que muchos no pueden presumir: un sentido ejecutivo de la política, un expediente de vida limpio, una gran capacidad de escuchar a todas las personas  y una gran categoría como ser humano.

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