El Comentario - Universidad de Colima

COLUMNA: Tejabán

El amigo colimense de Sirhan Bishara, asesino de Robert Bob Kennedy

Por Carlos Ramírez Vuelvas

I
El asesinato de John F. Kennedy, trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, durante una gira presidencial en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1966, definió al linaje Kennedy en iconografía de la política occidental posmoderna.

La opinión pública fue seducida por el porte de JFK, galán de televisión de mirada enigmática y sonrisa seductora, con una habilidad peculiar para comunicarse con la ciudadanía.

JFK representaba al sujeto político del poder débil opuesto a la imagen estatuaria del ejército militar moderno, con una agenda empática con las juventudes hippies: el impulso al programa espacial, los discursos a favor de los derechos humanos y la atención a la inmigración.

Tal vez por esta influencia en la cultura popular urbana desde la década de los sesenta del Siglo XX, los relatos sobre el asesinato de JFK son un género literario autónomo donde pululan las teorías de conspiración contra la versión del asesino solitario, que escribieron en sus informes públicos las agencias de inteligencia de la seguridad estadounidense.

La CIA y el FBI señalaron al homicida Lee Harvey Oswald como el único responsable del asesinato, aunque la reciente desclasificación de los archivos de seguridad nacional estadounidense (y de la Dirección Federal de Seguridad del Gobierno de la República de México) alimenta las versiones del complot.

Una de ellas ubica como epicentro del cónclave a la Ciudad de México, donde Lee Harvey Oswald anduvo entre septiembre y octubre de 1966, en compañía de círculos intelectuales comunistas con la intención de apersonarse en la Embajada de Cuba en México, donde nunca fue atendido.

Aunque el relato se mantiene como hipótesis, situado en el contexto de la Guerra Fría entre EUA y el bloque socialista del Este de Europa, la documentación desclasificada parece coligar el asesinato de JFK con el de su hermano, el Senador demócrata electo Gobernador de California, Robert Bob Kennedy, asesinado el 6 de junio de 1968 en Los Angeles, por el palestino de nacionalidad jordana, Sirhan Bishara Sirhan.

Según algunos informes del FBI, Sirhan Bishara también tenía un amigo mexicano: Crispín Curiel González, de 17 años (según la prensa, de 16) originario de Colima, Colima.

Crispín Curiel González fue detenido, aparentemente de manera fortuita, en Ciudad Juárez, Chihuahua, donde le seguía el rastro la Dirección Federal de Seguridad por indicaciones de la CIA y del FBI.

De acuerdo con la revista de periodismo amarillo Alarma!, Crispín Curiel asistió a la lechería Zaragoza en la ciudad fronteriza. Al meter la mano en los bolsillos de su pantalón para pagar su compra, tiró con torpeza un cuaderno amarillo.

(En otra versión recogida por los informes policiales estadounidenses, Crispín Curiel habría entregado su cuaderno amarillo a la camarera de una cafetería de Ciudad Juárez).

Entre otras cosas, en el cuaderno amarillo Curiel González admitía su amistad con Sirhan Bishara, el amor a su novia, Emily Binkley, y la planeación del asesinato de Robert Kennedy.

El propietario de la tienda leyó el mensaje. Asustado, llamó a la policía estatal para compartir la amenaza fatal contra la familia Kennedy, el pensamiento macabro de un joven :

“Es muy claro. La familia Kennedy quiere entronizarse con los Estados Unidos como dictadores. Por eso murió Roberto Kennedy.

‘Yo he pensando detenidamente matar a Edward Kennedy. ¿Por qué? Porque es el que queda. Ahora no, porque no está jugando. Pero cuando se lance será muy fácil, nada más hay que esperar, esperar…”

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