Opinión

COLUMNA: Vivir para contarla

La pandemia después de la pandemia: el círculo vicioso de quienes no volvieron a clase

*Por Rosario Gutiérrez

Paulatinamente la vida estudiantil y académica de todo México retorna a la normalidad, a las clases en aulas con grupos presenciales de alumnos que abarrotan los pasillos de su Alma Máter, a los gritos de los niños en el receso y el trajín diario que provocan las horas de entrada y salida.

Luego de poco más de 2 años de estudiar y dar clases desde casa, la pandemia por el coronavirus ha cedido lo suficiente para volver a reunirnos en las escuelas.

Sin embargo, esta “normalidad” está lejos de insertarse en la cotidianidad de un considerable porcentaje de jóvenes mexicanos que, ante las dificultades y carencias del sistema educativo, acentuadas por la pandemia y las desigualdades que ofrece este país, no tuvieron más que dejar de estudiar.

Organizaciones como México Evalúa ya han documentado los efectos que esta pandemia ha dejado en un corto plazo en materia educativa, por ejemplo, en su estudio “Operación Regreso a Clases: la experiencia estatal 2021”, esta organización dio a conocer que en Colima el 19% de alumnos que concluyeron su secundaria, ya no se inscribieron a la preparatoria.

Mientras que, en dicho nivel, el medio superior, se registró una baja del 12.3% en la matrícula. Ambos porcentajes, muy por encima de la media nacional, que fueron del 10.9% y del 3.1% para cada caso.

Otra organización que ha documentado los embates en este rubro, ha sido el Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO), que entre los rezagos que ha detectado, se encuentra que en promedio y gracias al Covid-19 los mexicanos perdieron los conocimientos equivalentes a 2 años de educación.

Si bien el rezago educativo no es un tema nuevo para nuestro país, la pandemia parece haber alzado sus porcentajes hacia nuevos niveles, además de habernos encontrado directamente con la cruda y pura realidad: familias en comunidades sin acceso a internet, familias con 2, 3, 4 o más hijos que necesitaban tomar clases en línea, pero solo contaron con un dispositivo para hacerlo.

Familias que incluso no tenían acceso a ninguno y muchas otras más piedras en el camino, pues hay que tomar en cuenta que también muchos niños, niñas y jóvenes se enfrentaron a padres que no estaban preparados para tomar un rol más activo en su educación y entornos que no son precisamente los ideales para aprender, así como hogares de los cuales podían huir un rato estando en la escuela, pero que se volvieron su única realidad ante la pandemia, y así un montón de vicisitudes más, que hoy tiene a los expertos prendiendo sus focos rojos.

Y es que esos porcentajes que por ahora vemos desde el papel con preocupación y con un enfoque educativo, pronto serán reflejados en otras mediciones como la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo que hace el Inegi.

Pues una menor educación es también símbolo de menores oportunidades laborales y con ello un menor ingreso, ¿qué pasará cuando estos jóvenes deseen, por ejemplo, formar una familia?

Probablemente la calidad de su vida y la de sus hijos no será la que anhelaron alguna vez, además, es posible que, ante un menor ingreso, los niños y jóvenes que alguna vez abandonaron su formación educativa para no volver, no puedan proveer de mejores oportunidades a su descendencia…y así el círculo vuelve a empezar.

*Periodista egresada de la Facultad de Letras y Comunicación

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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