COLUMNA: Voces Educativas

Educación para el emprendimiento

Por Elías Martell Denis

La puesta en marcha de un negocio conlleva el dominio de habilidades concretas, conocimientos específicos y la presencia de ciertos atributos psicológicos en los emprendedores. Cada uno de estos aspectos puede ser desarrollado a través de procesos educativos desde el nivel básico hasta el superior. Así pues, la escuela es una de las principales vías para la creación de emprendedores.

Existen diversas razones que realzan la pertinencia de incorporar a la educación emprendedora en los programas educativos de cualquier nivel escolar. Estos motivos se asocian a la importancia que el emprendimiento tiene en la sociedad actual, ya que en definitiva es un instrumento de transformación social y de empoderamiento personal.

En primer lugar, hablar de emprendimiento implica aproximarse a los beneficios económicos que derivan de la creación de negocios. Diversos autores señalan que existe una relación directa entre la actividad emprendedora y el crecimiento económico de los países, es por ello que los gobiernos implementan políticas públicas destinadas a fomentar el empresarismo (Minitti, 2012; Canales, Román y Ovando, 2017).

Otro de los motivos que impulsan la promoción del emprendimiento en la población estudiantil se debe a que es un mecanismo para el autoempleo, lo cual podría incrementar las posibilidades de una inserción exitosa al mundo laboral. Además, materializar un plan de negocios implica en la mayoría de las ocasiones la creación de nuevos puestos de trabajo.

Desde una perspectiva social, el establecimiento de micro, pequeñas y medianas empresas representa una poderosa herramienta que podría facilitar la movilidad de un nivel socioeconómico a otro. Un incremento de los ingresos monetarios resultaría en una mayor capacidad para cubrir las necesidades de las familias mexicanas y por consecuencia mejorar la calidad de vida y el bienestar en los hogares.

El papel que juega lo pedagógico en la educación para el emprendimiento se centra al menos en dos cuestiones. La primera se relaciona con la incorporación de los conocimientos, habilidades y actitudes necesarios para la formación de emprendedores a los planes y programas de estudio.

En segundo lugar, desde el punto de vista didáctico, la pedagogía debe aportar las metodologías de enseñanza más apropiadas para el aprendizaje de las capacidades de emprendimiento de los estudiantes. La función que poseen estos métodos de instrucción es servir de vehículo para el desarrollo de estas destrezas.

Aunado a estos dos aspectos, se suma el fomento de ciertos rasgos psicológicos fundamentales que forman parte del perfil de las personas que emprenden. Estos atributos son la resiliencia, autoeficacia, creatividad, proactividad y capacidad de automotivación, los cuales pueden ser perfeccionados en los estudiantes a través de procesos formativos.

En conclusión, educar para el emprendimiento implica la inclusión de las capacidades necesarias para emprender en los programas de estudio que deben ser desarrolladas por medio de métodos de enseñanza pertinentes. Algunos de los beneficios que se obtendrían a mediano y largo plazo serían mayores niveles de autoempleo, nuevos puestos de trabajo y un aporte al desarrollo económico a través de la creación de nuevas empresas.

 

Bibliografía

Minniti, M. (2012). El emprendimiento y el crecimiento económico de las naciones. Economía industrial, (10), 23-30.

Canales, R., Román, Y. y Ovando, W. (2017). Emprendimiento de la población joven en México. Una perspectiva crítica. Entreciencias: Diálogos en la Sociedad del Conocimiento, (12), 1-17.

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