COLUMNA: Tejabán

Masculinidades débiles: Paternidades I. Vestidos de novia, de Pacho Lozano

Por Carlos Ramírez Vuelvas

Teatro Rodante reestrenó “Vestidos de niña”, con tremenda dramaturgia de Pacho Lozano, uno de los integrantes del colectivo que entre sus cofrades suma a Mari Carmen Cortés (en primera línea), a Armando Hernández y, en ocasiones, a Cristóbal Barreto, entre otros grandes artistas.

El maravilloso equívoco del título de la obra anticipa las paradojas de la puesta en escena. “Vestidos de niña” cuenta la historia de dos hermanos pobres que, castigados por su padre, son acicalados con vestimenta de niñas. Ya mayores, en un flashback introspectivo y dialogado, mientras se visten para acudir al funeral de su padre recuerdan con imaginación lúdica, episodios de una infancia hilarante y juguetona que va de la angustia generada por la violencia paternal al descubrimiento de la sexualidad.

Aunque en principio las emociones son atrapadas por una estética entre las clases sociales (el énfasis en la pobreza familiar como escenografía) y la violencia sexual (el peor castigo para estos niños es vestirlos como niñas), la pieza contiene otras historias que, sin abandonar las otras líneas argumentales, condensan un universo singular: la entrañable relación de dos hermanos y la desgarradora relación con su padre, figura tutelar presente sólo por sus episodios de furia justificada por su propia angustia existencial: es el único sostén de la casa (económico, emocional, formativo…).

En los recuerdos de los hermanos, la madre es una ausencia notable. El hecho me recuerda una conversación entre dos poetas latinoamericanos nacidos en la década de los ochenta. Luego de repasar su infancia noventera evocaban la figura de su madre, y decían con cierta burla: si Europa escribió la Carta al Padre, nosotros siempre escribiremos las cartas a la madre. Sólo los mexicanos recordamos lastimosamente al Juan Preciado de Pedro Páramo de Juan Rulfo.

“Vestidos de novia” cuestiona la debilidad masculina ante las dificultades de la realidad (¿latinoamericana?). En la afasia emocional que supone una vida signada por la dificultad social, la respuesta masculina suele ser un arrebato de cólera que convierte en ironía, burla y castigo, el significado de la otredad, ese terreno propicio para los frutos del odio. Si la realidad es ajena, la voluntad débil de una masculinidad enferma responde con violencia en su aprehensión de esa realidad insoslayable.

En uno de los pasajes más poéticos del texto de Pacho Lozano, uno de los hermanos está a punto de morir ahogado en las aguas dulcemente frías de una pila. En su evocación, el ahogado recuerda con colorida emoción: describe los peces y las sensaciones que hay en el fondo de esa pila, incluso percibe con ternura la fuerza del padre sobre su cuerpo, y lamenta que de súbito lo rescataran del mundo onírico de la muerte por agua.

Hay que estar atentos a las actividades de Teatro Rodante en el Patio-Taller, donde se presenta “Vestidos de novia”, además de un buen ciclo de cine debate. Visiten su Facebook y apoyémoslos con un me gusta: www.facebook.com/TeatroRodante.

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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