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Contrasta cogida alemana a refugiados ucranianos con el trato a los huidos sirios

La bienvenida a los refugiados ucranianos en Alemania difiere del trato a los huidos de guerras como las de Siria o Afganistán, una disparidad todavía más marcada en el caso de Polonia y que obedece, según expertos, al tratamiento informativo y al contexto cultural y político.

Tras el ataque a Ucrania, el Ministerio del Interior alemán anunció que los ciudadanos de aquel país podrán optar a permisos de residencia de tres años por vía exprés sin tener que solicitar asilo; la regla que obliga generalmente a quedarse en el primer país europeo de entrada no les afectará.

El propio viaje es logísticamente más sencillo, pues los ucranianos con pasaporte biométrico no necesitan visado y pueden atravesar fronteras de forma legal, además de que las compañías de ferrocarril les ofrecen billetes gratuitos.

La sociedad civil alemana se ha volcado con Ucrania y desde todos los rincones surgen iniciativas para coordinar ofertas de alojamiento, donar productos de primera necesidad o conducir hasta la frontera para transportar a los huidos.

Incluso el partido ultraderechista Iniciativa por Alemania (AfD), acérrimo enemigo de la acogida de refugiados, se ha declarado dispuesto a dar la bienvenida a quienes huyen de la guerra de Ucrania.

 En este contexto, las comparaciones con 2015, cuando el país recibió a 900 mil personas de Siria, se multiplican en platós de televisión y redes sociales.

En el conocido programa de debate “Hart Aber Fair”, emitido por la cadena pública ARD, un invitado aseguraba este domingo que ahora la integración “sí que va a funcionar”, ya que los recién llegados “pertenecen a nuestro círculo cultural, son cristianos”.

“Los hombres ucranianos se quedan en casa para defender su país y huyen mujeres y niños, es una situación totalmente distinta,” corroboraba otro contertulio.

No obstante, muchos critican que este tipo de comparaciones beben de estereotipos xenófobos y alientan la división de los refugiados en categorías de primera y segunda clase.

“Creo que Alemania está tratando mejor a los ucranianos porque según dicen son europeos y distintos de nosotros,” afirma a EFE Lama Yahia, una siria de la ciudad de Salamíe (oeste) que llegó al país en 2015 y que tiene la sensación de que los conflictos fuera de Europa resultan indiferentes.

Yahia, que residió seis años en Ucrania como estudiante de odontología, se declara “triste y furiosa” por el conflicto que se vive allí, pero también por su propio país. “La guerra es la guerra, da igual donde se produzca, y nadie quiere vivir en guerra,” remacha.

Vecinos con un enemigo común

El contraste resulta todavía mayor en Polonia, que hasta ahora rechazó de forma tajante aceptar cuotas de refugiados y que el año pasado blindó su frontera con Bielorrusia para repeler a los migrantes procedentes de Oriente Próximo, varios de los cuales murieron de frío y agotamiento en los bosques.

Ahora, por el contrario, según encuestas, el 90 % de los polacos está dispuesto a acoger a refugiados de Ucrania, y autoridades y sociedad civil se han movilizado para suplir las necesidades de más de 450 mil huidos del ataque ruso en menos de una semana.

Adnan, un refugiado sirio que desde 2015 vive en Varsovia, donde trabaja como traductor, se muestra comprensivo y destaca en conversación con EFE que los recién llegados proceden de un país vecino que tiene un enemigo común y que por ello los polacos están seguros de que son “refugiados de verdad”.

Por el contrario, los refugiados procedentes de otras regiones son percibidos de forma “más bien negativa,” explica sin acritud, ya que “vienen de muy lejos y la opinión generalizada es que podrían buscar refugio más cerca de sus países de origen”.

Un conflicto que toca de cerca

Según los expertos consultados por EFE, la empatía y movilización de la sociedad civil que se manifiestan ahora obedecen a que este conflicto es percibido como más cercano y apremiante.

De acuerdo con Bernd Ladwig, profesor de teoría política de la Universidad Libre de Berlín, en esta ocasión la guerra “pilla muy de cerca” y, en lugar de ser observada “desde una distancia segura”, desencadena “miedos muy fuertes”.

En el caso de Polonia, destacó además los lazos históricos y étnicos que hacen que los ucranianos resulten “familiares” a la población local.

En conversación con EFE matizó que es preciso diferenciar entre quienes “instrumentalizan” a los refugiados desde visiones racistas, como hace la ultraderecha, aquellos que ya se habían mostrado acogedores hacia refugiados de otras nacionalidades, por otro lado, y los hasta ahora indiferentes que se han “abierto” porque el conflicto “les toca de forma especial”.

Carola Richter, docente de la misma universidad especializada en comunicación y movimientos migratorios, explica que durante años los medios alemanes han construido la figura del “migrante oriental” como “extraño en términos de valores, religión, cultura,” algo que también ha sido explotado desde la política.

Los ucranianos, sin embargo, “tienen el mismo aspecto, la misma religión, y es más fácil construirlos como pertenecientes a nosotros,” señaló y agregó también la postura ucraniana pro-OTAN y pro-UE los lleva a ser representados como capaces de “encajar”.

También en Polonia, reflexionó, se ha pasado de un “rechazo muy fuerte” a “pedir solidaridad”, en base al discurso de que “son de los nuestros, cultural y políticamente”.

Con información e imagen de EFE

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