Deja 10 muertos nueva jornada de represión en Birmania

La Junta Militar golpista de Birmania continuó con la matanza de civiles en una nueva jornada trágica en que la represión de las fuerzas de seguridad contra los manifestantes en protestas en varias ciudades dejó al menos 10 muertos y 19 heridos.

De acuerdo con medios de comunicación locales, 4 personas murieron en Mandalay, la segunda ciudad del país, después de que las fuerzas de seguridad disolvieran una manifestación utilizando munición real, mientras que testigos confirmaron la muerte de un manifestante en un hospital de la ciudad de Pyay.

Además, en Mandalay las fuerzas de seguridad hirieron a al menos 15 personas, incluidos monjes budistas que participaron en la manifestación.

“Estamos perdiendo más vidas hoy. Ataques sin sentido y desalmados de los militares que tratan de disminuir el poder del pueblo. El mundo está asistiendo al ataque ilegítimo del gobierno de la junta contra sus propios ciudadanos. Debe haber una acción internacional”, reclamó la Red para la Documentación de los Derechos Humanos en Birmania tras la violencia de la jornada.

Las 10 muertes y 19 heridos se producen en una nueva jornada de protestas masivas por todo el país contra el golpe de Estado militar del pasado 1 de febrero y tras una noche trágica en Rangún, la ciudad más poblada, con al menos 3 fallecidos en 2 manifestaciones.

Según medios locales, 2 personas murieron cuando la Policía abrió fuego contra la muchedumbre que se había congregado frente a una comisaría del distrito de Tharketa, en la antigua capital, para pedir la liberación de tres jóvenes detenidos.

En otra manifestación en el distrito Hlaing de Rangún un estudiante de 18 años falleció de un disparo en la cabeza en una confrontación con la Policía, según confirmó el padre de la víctima.

Tras los altercados nocturnos, el movimiento de desobediencia civil contra la Junta Militar había hecho un llamamiento en las redes sociales para replicar las protestas multitudinarias en las principales ciudades del país.

La jornada tiene un valor simbólico para el movimiento al coincidir con el aniversario de la muerte de un estudiante en 1988 a manos de los militares, lo que provocó una oleada de protestas que fueron reprimidas a sangre y fuego por los militares, con más de 3 mil muertos.

 

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