Discriminación y desigualdad, principal reto que enfrentan mujeres agrónomas

En el marco del 80 aniversario de la Universidad de Colima y en el contexto del Día social del Agrónomo, que se celebra el 22 de febrero, se realizó el foro “Retos de la mujer en la agricultura”, donde cinco egresadas del programa Ingeniero Agrónomo compartieron sus experiencias laborales con los estudiantes de la Facultad de Ciencias Biológicas y Agropecuarias del campus Tecomán.

Las cinco ponentes expusieron los obstáculos a los que cada una se enfrentó para estudiar ese programa, así como el ambiente laboral que encontraron, y coincidieron en la pasión que se debe tener por la tierra y el campo al ejercer esa profesión.

En el foro participaron Karina Verduzco Cisneros, actual asesora en el cultivo de aguacate, con experiencia en el uso de fosfitos para la estimulación de resistencia de las plantas; Claudia Cecilia Cortés Álvarez, actual jefa de departamento de Seguridad Agroalimentaria de la Secretaría de Desarrollo Rural del estado de Colima, y Rocío Rincón Carrillo, administradora de dos empresas, con experiencia en maquinaria agrícola, preparación de terrenos y elaboración de compostas y biofertilizantes orgánicos.

También participaron María Elena Ortiz López, asesora técnica con experiencia en bioestimulación de cultivos, certificaciones Global GAP, nutrición y fitosanidad, y María López Estrada, actual auditora interna de Primus GFS, Global GAP y sistemas de reducción de riesgos, con experiencia en manejo de plagas y enfermedades y aplicaciones químicas biológicas y físicas, especialmente en piña.

Dejaron en claro que no era común que mujeres estudiaran agronomía, pues el reto viene desde la forma de vestir, la oposición de la familia y luego el trato de los compañeros de generación, en su inmensa mayoría de hombres. “El primero que se opuso fue mi padre y en general la familia, que nos ofrece alternativas como contabilidad, administración y otras que no tienen nada de malo, pero en las que parece más fácil ser mujer y profesionista”, dijo María López, quien provenía de una escuela de monjas y, de acuerdo a su experiencia, al salir se encontró con muchas inseguridades y cuestionamientos como: “¿A poco sabes manejar un tractor o en serio sabes preparar un terreno?”. A pesar de sus miedos, recordó, en el terreno y en la práctica los fue perdiendo, “me fui puliendo”.

Karina Verduzco, cuya familia ya era productora, dijo que “la gente me aceptó por la experiencia personal, pero más por su tradición familiar, aunque sí encontró resistencia de la gente de campo con expresiones como: “Yo no voy aceptar que una mujer me diga qué hacer”.

Instó a los estudiantes, independientemente de su género, a dedicarle tiempo a la práctica y a cometer errores antes, ya que en el campo los errores cuestan mucho dinero: “Si no les gusta leer, les aconsejo que le vayan encontrando el gusto, porque para las prácticas es mejor leer e investigar, hacer registros de lo que pasa. Nunca se deja de aprender”.

Las hoy egresadas enfrentaron varios retos en el sector, sobre todo discriminación y desigualdad, que se tradujeron incluso en dudas por parte de los productores, tractoristas o jornaleros, que no saben cómo actuar ante una mujer agrónoma. “Deberían actuar igual, pero a veces ponen retos para ver si realmente sabes o estás comprometida, pero con responsabilidad se gana la confianza”, coincidieron.

Cecilia Cortés enfatizó que las mujeres son igual de capaces, con conocimientos académicos y técnicos suficientes y necesarios, como cualquiera del género masculino y subrayó que “ha sido un esfuerzo máximo, un gran reto demostrar que somos capaces, eliminar la violencia de género y la desigualdad de oportunidades laborales”.

María Elena Ortiz sugirió, a partir de su experiencia, que se debe ser noble en ese de por sí difícil campo laboral: “Cuando eres joven no creen en ti, pero ser joven y ser mujer es más difícil. Las materias, aunque piensen que es de lo más insignificante, se ocupan allá afuera; es mejor preguntar aquí a que nos equivoquemos afuera. Formen el carácter y dense a respetar. Es muy fácil hacer agricultura cuando el campo es un papel y el arado un lápiz. Hay que estar en campo y comprometerse y apasionarse con la profesión”.

Finalmente, Rocío Rincón indicó que ser agrónoma “es tener carácter fuerte”. En su caso, como propietaria de una empresa de maquinaria agrícola, junto con su esposo, ha encontrado que acude a talleres y muchos de los tractoristas o productores no están de acuerdo con que una mujer les diga qué hacer. A pesar de ello, dijo que se dedica de lunes a lunes al campo, aún embarazada.

A manera de consejo, dijo a los estudiantes que “si bien ahora son compañeros, saliendo son competencia y es importante ser una competencia sana, no tirarse unos a otros, sino trabajar fuerte, porque la agricultura es de lunes a lunes”.

A las mujeres estudiantes les recomendó: “Si piensan casarse o ser madres, busquen una pareja con intereses afines a la carrera, que las apoye”.

Las cinco egresadas, hoy con amplia experiencia laboral, animaron a los estudiantes al decirles que los mismos productores prefieren a los agrónomos de la Universidad de Colima: “Ellos mismos nos cuentan que cuando nos presentamos como formados en la UdeC tienen más respeto por la formación; en palabras de ellos, la imagen es que en esta profesión los egresados de la UdeC trabajamos donde nos pongan”.

Gilberto Manzo Sánchez, director de la Facultad de Ciencias Biológicas y Agropecuarias, enfatizó los retos que todos los agrónomos enfrentan, pues según las Naciones Unidas hoy en día la población es de 7,330 millones de personas, para 2050 serán 9,700 millones, lo que representa un desafío para erradicar el hambre, la pobreza y la mal nutrición, así como el acceso a la educación y la salud.

En México, informó, son 145 millones de hectáreas que se dedican a la actividad agropecuaria, por lo que la agricultura en el país participa en el PIB nacional con un 4%, mientras que si se considera la producción agroindustrial, la contribución del PIB se duplica a más del 9%.

“Tal es la importancia de la agricultura, que es un reto formar profesionistas capaces e innovadores en el sector. Hoy en día, la importancia de la mujer en la sociedad es cada vez mayor, y aprovecho para dar a conocer una semblanza del porcentaje de mujeres que ha estudiado agronomía en la FCBA: en 2015 se tenía apenas un 22%, para el 2016 fue del 20%, en el 2017, un 23%; en 2018 subió al 33% y para el 2019 un 36%, lo que demuestra la alta demanda que ha surgido de mujeres interesadas en estudiar agronomía, de ahí el reconocimiento a la labor de la mujer en este sector”.

Por su parte, la presidenta de la Federación de Egresados de la UdeC (FEUC), Oriana Zaret Gaytán Gómez, presente en el foro, reconoció la apertura de las ponentes para contar un poco de su historia y experiencias, sobre todo para darse cuenta de los espacios que se están ganando y entender las dificultades que enfrentan las mujeres “para abrirnos campo”.

Finalmente, el delegado regional, Rogelio Pinto Pérez, enfatizó la importancia de compartir experiencias de las egresadas a las nuevas generaciones y destacó la organización de esos eventos “que muestran un panorama real de lo que enfrentan los jóvenes al salir de su formación”.

También estuvieron en el evento Miguel Ángel Barreto Torres, delegado sindical; Aldo Minakata, presidente de la sociedad de alumnos del plantel y como invitada especial, Susana Aurelia Preciado Jiménez, directora general de Educación Superior.

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