Opinión

EDITORIAL: A negociar

Cuando a finales del mes de febrero el régimen ruso de Vladimir Putin decidió invadir Ucrania argumentando cuestiones de seguridad nacional y para lograr una “desnazificación” de ese país del este de Europa, los temores internacionales apuntaban a que ese conflicto bien podría derivar en una guerra con alcance mundial, con efectos en todo el planeta.

Avanzado el conflicto y tras dos meses de enfrentamientos, en la mediación no ha podido colocarse como un protagonista central las Naciones Unidas, ese organismo multilateral cuya misión principal es conciliar, dirimir y acercar posiciones en cualquier lugar de la Tierra, para lograr un equilibrio y la paz mundial. En el Consejo de Seguridad de la ONU, máximo órgano de decisión, las resoluciones respecto a la guerra en Ucrania solo han servido para exacerbar a Putin y radicalizar sus posiciones.

Las sanciones económicas contra Moscú no han tenido el efecto deseado, pues a pesar de que Rusia no es una potencia económica en el concierto mundial, sí es un productor muy importante de varios insumos necesarios y básicos para gobiernos y ciudadanos de muchas partes del planeta. Un ejemplo de ello es el gas.

La ofensiva diplomática rusa, casi tan importante como la militar, está utilizando ese elemento energético para tratar de impedir que Ucrania reciba asistencia de cualquier tipo. El pago en rublos es una mera excusa en la que han caído ya Polonia y Bulgaria, a quienes Moscú les cerró el suministro. El Kremlin quiere presionar para que por territorio polaco o búlgaro no pase la ayuda a Kiev.

Sin embargo, los países aliados parecen no doblarse ante las amenazas de Putin, pues buscan, especialmente los europeos, otros mercados donde puedan comprar gas para empezar a asegurar sus reservas de cara al próximo invierno. Se trata de un asunto clave, porque la escasez provocaría el lógico descontento de la población y la pérdida de apoyo social y político a la postura de los diferentes gobiernos respecto a la invasión a Ucrania.

Y es que los países de la OTAN están determinados a lograr que Ucrania sea el dique para contener a Putin. El estancamiento del avance ruso, cuando se pronosticaba una rápida victoria, refuerza esa determinación. Esa es la razón del empeño de mantener el suministro de materiales de guerra y la ayuda humanitaria para la población.

Una tercera guerra mundial en este momento es improbable por sus alcances y consecuencias. Una conflagración de esas dimensiones sería fatal para ambos bandos. Ojalá los involucrados cedan, sean empáticos y se sienten a negociar, pues el futuro comienza a estar en el aire.

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