EDITORIAL: Buen viaje al Mictlán (Miguel León-Portilla II)

Los sonidos de las lenguas indígenas náhuatl, zapoteco, mazateco, maya, mixteco, totonaco y mixe, retumbaron en el máximo recinto cultural del país, el Palacio de Bellas Artes, para dar el último adiós a Miguel León-Portilla, quien fue un aliado de los pueblos originarios de México.

“¿Cuáles son las raíces que prenden, qué ramas brotan de estos cascajos? Tal vez soy la última rama que hablará zapoteco, mis hijos tendrán que silbar su idioma y serán aves sin casa en la jungla del olvido”, lo anterior es un fragmento del poema que allí recitó en zapoteco la poeta Natalia Toledo, y que dedicó a León-Portilla y a su padre Francisco Toledo, a quienes consideró como defensores de la cultura y lingüística de este país.

Y es que en la obra de Miguel León-Portilla se pueden entender las raíces culturales prehispánicas y el encuentro de dos mundos, no de una Conquista. Por su independencia al momento de investigar, traducir y escribir, León-Portilla rompió con los pesados paradigmas que impuso la historia etnocentrista, para describir el maravilloso mundo de los pueblos originarios de México, nuestros ancestros.

Pero regresemos al homenaje: el féretro del antropólogo y experto en filosofía náhuatl ingresó al recinto, y una vez colocado en el lugar asignado, los poetas indígenas se apoderaron del Palacio de Bellas Artes para despedir a su manera a quien fue conocido como el último gran tlamatini, ese gran hombre sabio, filósofo, el que sabe cosas. Siempre el féretro permaneció rodeado de ofrendas florales y de una especial corona de totomoxtle elaborada por artesanos de Tizatlán, Tlaxcala.

Las guardias de honor de las autoridades presentes dieron paso a las que comenzaron a montar académicos y público en general. El espacio, solemne y festivo a la vez, tal y como los mexicanos abrazamos a la muerte, en todo momento estuvo ocupado por música y versos de los poetas Natalio Hernández (náhuatl), Juan Gregorio (mazateco), Briceida Cuevas (maya) y Celerina Patricia Sánchez (mixteco).

Al concluir las lecturas, el grupo de danza azteca Ze-Mazatl (Uno Venado) con su baile rindió homenaje a León-Portilla, y con un toque de caracol y flauta, le desearon buen viaje al Mictlán. Adiós, maestro…

 

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