EDITORIAL: El 8-M

Millones de mujeres en la mayoría de los países del Mundo, México incluido, se movilizaron el 8 de marzo para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, exigiendo cerrar esa lastimosa brecha de género que provoca desigualdad, violencia, falta de oportunidades y discriminación. Una verdadera “herida social” que el Foro Económico Mundial calcula que en las condiciones actuales, tardaremos más de un siglo en cerrar y otro tanto en cicatrizar.

El 8-M estará marcado por la actual contingencia sanitaria por la pandemia de coronavirus Covid-19 y sus restricciones. Sin embargo, las movilizaciones seguramente estarán presentes, al igual que los llamados a seguir paros parciales, huelga general, lecturas de manifiestos y reclamos, muchos justos reclamos hacia los o las responsables de no lograr articular en pleno siglo XXI, políticas públicas que hagan efectivos los derechos de más de la mitad de la población mundial.

Internet y las redes sociales, especialmente, tuvieron un mayor protagonismo para trasladar y hacerse eco de ese grito en contra de la desigualdad que viven las mujeres por el simple hecho de ser eso: mujeres.

En esa lucha contra el machismo y el sometimiento de las mujeres, es necesario recordar que las mujeres en América Latina han logrado un avance en su escolarización con respecto a otras zonas del Mundo; han ganado terreno en el aspecto laboral, pero también suelen percibir salarios menores que los hombres, que son madres demasiado jóvenes y que sienten mucho miedo porque de los 25 países del planeta con las tasas más elevadas de feminicidios, 14 se encuentran en la región.

La educación básica y superior es la clave para ir reduciendo diferencias y eliminando injusticias. A través de una educación inclusiva, equitativa y de calidad, nuestra sociedad estará promoviendo oportunidades de desarrollo y de movilidad social. La finalidad de esa educación transversal debe ser la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de niñas y mujeres.

Esa educación de calidad será un factor clave para lograr que mujeres y hombres adquieran las mismas competencias y, a partir del esfuerzo, la dedicación y el trabajo comprometido, puedan acceder a lo largo de su vida en libertad de acción y conciencia, a mejores niveles de bienestar.

Es momento de dar un paso adelante y apoyar la causa de las mujeres, que en realidad no es solo de ellas, sino de todas las personas. Es necesario seguir desintegrando las diferencias que se han creado entre hombres y mujeres y dar paso a transformarlas en verdaderas oportunidades para crecer en mundo libre de discriminación, violencia o exclusión.

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