Opinión

EDITORIAL: El desafío

En los últimos meses, la situación en la península coreana ha escalado en intensidad. Debido a la guerra entre Rusia y Ucrania, esa crisis que se proyecta de alcance mundial está pasando casi desapercibida. La intención de la dictadura de Corea del Norte de acelerar su carrera armamentística, lo cual incluye la opción nuclear, no es una amenaza menor.

Estados Unidos y sus aliados occidentales han venido advirtiendo que la dictadura hereditaria de los Kim está reforzando de manera inédita su poderío militar, hasta llegar a la posibilidad de desafiar a democracias que considera enemigas, al punto de querer destruirlas en aras de su seguridad nacional.

Por eso llama mucho la atención que en los últimos meses la dictadura ha efectuado más de 70 lanzamientos en prueba de misiles de medio y largo alcance que, en teoría, pueden alcanzar territorio de Estados Unidos. Además, y no menos grave, han violado reiteradamente los espacios aéreos de Corea del Sur y Japón, desatando el pánico entre las y los ciudadanos. Esos son hechos sin precedentes desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Y es que a pesar de la permanente situación ruinosa que predomina en Corea del Norte, la dictadura opta por mantener una actitud belicosa, creyendo que así logrará retener el control sobre sus apesadumbrados ciudadanos, a quienes controla en exceso y limita sus libertades a lo mínimo.

La amenaza nuclear norcoreana no debe implicar una inmunidad para ese cruel régimen. La comunidad internacional debe seguir presionando económica, política y hasta militarmente para que desista, se abra y permita que su población deje de pasar penurias. No es aceptable que en pleno Siglo XXI, en ciertos puntos del Mundo, se permita la existencia de dictaduras inhumanas. Hay que encauzar circunstancias para no perder el control sobre la península coreana.

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