EDITORIAL: El primer día

Sin sobresaltos, aunque manteniendo la alerta por las amenazas veladas o no, Joe Biden se convirtió en el presidente número 46 de los Estados Unidos, un país que aún no hace una evaluación total del daño que le ha causado la administración del ya expresidente Donald Trump.

Estados Unidos es un país crispado, sumamente divido y no pocos descartan que, hasta enfrentado en su seno social, casi similar a esa nación de la década de los 60, cuando se libró una verdadera batalla por la cual triunfó el movimiento por los derechos civiles.

A ese clima hay que añadirle, lamentablemente, que nuestro vecino del norte es uno de los países más afectados por la pandemia de coronavirus Covid-19, que ha dejado al menos 400 mil muertos.

Al frente, la potencia más poderosa del Mundo, con Joe Biden y Kamala Harris en la presidencia y vicepresidencia, respectivamente, tiene una nueva oportunidad de enderezar el caos, trabajar por la unidad y lograr restablecer la convivencia tras la turbulencia que dejó Donald Trump. Hay una verdadera disposición, según lo dijo en el discurso con el que inauguró su gestión, de comenzar a pasar página para poder apoyar y defender a quienes han votado o no por él. “La respuesta no es que nos dividamos en dos lados que compiten. Tenemos que acabar esta guerra no civil”, exclamó.

“No hay tiempo que perder”, escribió Joe Biden en su primer tuit ya como presidente de EUA y como titular de la cuenta @POTUS. Y en esa urgencia, por supuesto, entra la atención a la pandemia de Covid-19, la misma que Trump despreció a diestra y siniestra. Hay una verdadera urgencia por contener la expansión de la segunda ola de contagios.

Justamente por eso se apresuró a firmar una batería de órdenes ejecutivas relacionadas principalmente con la crisis del coronavirus, así como con políticas migratorias y climáticas. La gran mayoría de ellas están destinadas a revertir algunas de las políticas implementadas por Trump.

Entre las nuevas disposiciones, por ejemplo, destacan el establecer el uso obligatorio de mascarillas, solicitar moratorias para los desalojos y los pagos de préstamos estudiantiles, revivir una unidad de salud global en el Consejo de Seguridad Nacional y reconstruir la relación con la Organización Mundial de la Salud.

La revisión de las políticas migratorias de Trump ocupará un capítulo aparte, porque, seguramente, enfrentarán toda esa resistencia y visión del Mundo que se adueñó de la Casa Blanca durante los últimos cuatro años, creyendo que su estancia no tendría fin.

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