EDITORIAL: En campaña

La mayoría de los estadounidenses acostumbran celebrar el 4 de julio, su Independence Day, con amigos y familiares, con comida al aire libre, y por la noche disfrutando de los fuegos artificiales que se lanzan en todas las ciudades o pequeñas localidades. Tradicionalmente es una fecha para celebrar a la patria, un día apolítico, generalmente utilizado por el Gobierno para unificar dándole pausa a las diferencias políticas.

Ayer fue un muy diferente 4 de julio. Metido Donald Trump en su campaña para lograr la reelección en 2020, el presidente de Estados Unidos utilizó el segundo feriado más importante, tras el Día de Acción de Gracias, para montar lo que varios de sus adversarios calificaron como un show, cuyos principales números fueron un gran desfile militar en Washington que incluyó vehículos blindados y aviones, muy al estilo de la magna celebración que despliega Francia por los Campos Elíseos de París para celebrar la toma de La Bastilla. De ese evento Trump fue testigo el 14 de julio de 2017, invitado por el presidente Emmanuel Macron para también recordar el centenario del ingreso de Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial.

El segundo gran acto para celebrar el 243 aniversario de la Independencia estadunidense, tuvo lugar en las escalinatas del Lincoln Memorial, desde donde el candidato-presidente lanzó su discurso bautizado por él mismo como el “Saludo a América”.

Antes de Trump, Barack Obama o George W. Bush participaban el 4 de julio solo en ceremonias de naturalización de nuevos ciudadanos estadounidenses. Bill Clinton solo visitó buques de la Marina. Cuando EUA cumplió 200 años, en 1976, Gerald Ford observó las festividades nocturnas desde la Casa Blanca después de haber dado un discurso en el Salón de la Independencia de Filadelfia.

En 1951, en Washington, Harry S. Truman celebró en el monumento a George Washington el 175 aniversario de la Declaración de Independencia, ofreciendo un informe del avance de las tropas estadounidenses en la Guerra de Corea.

Trump convirtió esa fecha significativa en una oportunidad política, a pesar de su insistencia de enmarcar la celebración en el “nacionalismo estadounidense que une a la patria”.

Lo cierto es que la parada militar preocupa a los mandos militares porque su participación en un acto evidentemente proselitista, estaría violando normas como el Acta Hatch, que prohíbe la participación de empleados del gobierno y la utilización de recursos oficiales en actos políticos. Además, el Acta de Apropiaciones prohíbe también el uso de fondos oficiales para áreas que no ha aprobado el Congreso, incluyendo la propaganda.

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