Opinión

EDITORIAL: La esperanza

En Irán no hay disimulo. Desde hace meses el régimen teocrático mantiene una agresiva represión contra miles de ciudadanas y ciudadanos que casi diariamente, semana tras semana, se manifiestan contra la política antiderechos humanos y de la mujer. La razón fue la muerte en una comisaría de la Policía de la Moral de la joven Mahsa Amini, quien fue detenida por no portar correctamente el pañuelo islámico.

Esas protestas que se extendieron por todo el país, exigen también un cambio de régimen y respetar los derechos de las mujeres. Contra ello, el régimen iraní ha lanzado su aparato represor. A la fecha suman más de 500 los muertos y se contabilizan más de 20 mil personas detenidas, a quienes se les enjuicia por delitos como traición a la patria, lo que se sanciona con pena de muerte. Las masivas manifestaciones comienzan a perder fuerza ante el temor de las ejecuciones.

Esa actitud brutal no es para menos, pues Irán enfrenta el mayor desafío a su sistema desde que en 1979 triunfó la revolución islámica. El empleo de fuerzas paramilitares y policías contra las y los ciudadanos no da paso a la negociación y mucho menos a una apertura democrática. La represión ha crecido al grado de que la Unión Europea ha solicitado que la Guardia Revolucionaria, auténtico pilar ideológico, militar y con importantes ramificaciones del régimen, sea incluida en la lista de organizaciones terroristas.

El Mundo democrático espera que ello, además de continuar con las sanciones económicas, contribuya a aislar al régimen iraní. La comunidad internacional debe mantener la presión en apoyo de las y los manifestantes. Esa esperanza debe mantenerse para lograr que en Irán se respeten, por fin, los derechos humanos.

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