EDITORIAL: La realidad

Michoacán y Guerrero son dos de los estados que por la violencia generada por grupos del crimen organizado, registran el mayor número de personas desplazadas, ese silencioso y continuo éxodo en realidad es un indicador de que la realidad hace volar los discursos más optimistas sobre la contención de los niveles de inseguridad.

En menos de 72 horas, Michoacán y Guerrero fueron escenario de dos enfrentamientos que se saldaron con al menos 28 muertos. En el primer caso, un grupo de policías estatales fueron emboscados y asesinados a mansalva por delincuentes en una zona cercana a la localidad de Aguililla. No hubo apoyo logístico o trabajo de inteligencia previo, que advirtiera que esa área de la convulsa Tierra Caliente, es ya territorio dominado por el Cartel Jalisco Nueva Generación.

El dominio que ese grupo criminal ha impuesto en esa zona en específico, le permitió superar numéricamente a los agentes, quemar las unidades, dejar cartulinas amenazantes y, sobre todo, utilizar un potente armamento contra el cual poco o nada pudieron hacer los policías masacrados.

Lo trágico de un asunto trágico es que los oficiales fueron asesinados no durante un operativo especial contra un grupo criminal, no en un combate frontal contra delincuentes, no cuando perseguían a delincuentes. Su muerte es diferente porque se suscita cuando estaban en el cumplimiento de una orden judicial; cuando, como autoridad, debían de imponer el Estado de derecho que debe normar la convivencia social.

En Tepochica, Guerrero, muy cerca de Iguala, el segundo evento mortal de la semana se saldó con 15 personas muertas: 14 civiles armados y un militar. Informes oficiales explican que tras recibirse una llamada al 911 sobre la presencia de hombres armados, elementos castrenses se desplazaron a la zona y fueron recibidos, literalmente, a balazos. Gracias a su capacidad de fuego, los militares lograron neutralizar a los agresores con el citado saldo.

Los civiles se trasladaban en tres camionetas con reporte de robo y tres autos compactos. Ante el operativo, varios de ellos lograron escapar a la montaña.

Reportes periodísticos apuntan a que uno de los muertos es Gildardo López Astudillo, alias El Gil, a quien las autoridades lo identifican como el “jefe de sicarios” del cartel  Guerreros Unidos. Esa persona había sido puesta en libertad por supuestas deficiencias en el proceso legal en la investigación por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Esa es la realidad.

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