El Comentario - Universidad de Colima

EDITORIAL: Las cifras

Durante la semana pasada, el Departamento de Seguridad Interna del Gobierno federal de Estados Unidos confirmó que los arrestos de migrantes centroamericanos que tratan de internarse ilegalmente en su territorio desde México, así como el número de personas consideradas inadmisibles, han descendido un 21% con respecto a los registros de junio. Esa estadística viene a confirmar que desde mayo pasado y gracias a la política de cooperación entre los gobiernos de ambos lados de la frontera norte, la crisis humanitaria desatada por el arribo de miles y miles de familias centroamericanas, comienza a disminuir debido a las medidas establecidas con base en los acuerdos firmados el 7 de junio entre el Gobierno mexicano y la administración del presidente Donald Trump.

El propio secretario interino de Seguridad Interna de Estados Unidos, Kevin McAleenan, detalló que en julio un total de 82,049 personas sin documentos migratorios o por ser consideradas inadmisibles, fueron arrestadas en la frontera de Estados Unidos con México, ello frente a los 104,266 detenidos en junio.

El alto funcionario estadounidense adjudicó ese comportamiento -que finalmente refleja familias viviendo tragedias- a lo que calificó de “esfuerzos” que México realiza en la frontera entre Chiapas y Guatemala, así como a los arrestos y deportaciones que se llevan a cabo en las rutas utilizadas por las bandas de traficantes de ilegales a lo largo y ancho de México, que tan bien conocen y tienen identificadas las fuerzas de seguridad de nuestro país.

Hay un dato más que es interesante destacar: en detenciones de ilegales y de personas consideradas inadmisibles por parte de la Patrulla Fronteriza también se registró un récord a la baja, pues en julio hubo una caída del 43.1%. Hay caídas drásticas también en las categorías de niños no acompañados, núcleos familiares e individuos solos.

No hay, entonces, en el terreno de la realidad, ninguna “invasión” en proceso por parte de migrantes hispanos que buscan desmontar el estilo de vida estadounidense. No hay, entonces, ningún argumento patriótico, aunque si xenófobo y racista, que sostenga la determinación de los supremacistas blancos, azuzados por la retórica de un presidente irracional -según varios aspirantes demócratas a la Casa Blanca-, para defender a sangre y fuego a su país. Los episodios de El Paso y Dayton no tienen justificación, son crímenes.

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