El Comentario - Universidad de Colima

EDITORIAL: Lejos de la armonía

Hoy, quizás más que nunca, Latinoamérica permanece lejos de alcanzar la armonía socioeconómica prometida por gobiernos de diferente inclinación ideológica, lo que ha provocado que los ciudadanos muestren su descontento de diversas maneras. Esa ola de manifestaciones y protestas están sacudiendo a Chile, Haití y Bolivia, previamente a Ecuador y Perú. Argentina y Uruguay, inmersos en sus recientes procesos electorales, también fueron escenario de marchas contra los modelos económicos aplicados por sus gobernantes.

El común denominador de las protestas es una ciudadanía participativa y politizada, que exige crecimiento, desarrollo, inclusión y justicia socioeconómica, anhelos postergados una y otra vez. Esos ciudadanos también exigen para sus demandas, resultados concretos en el corto plazo, que se comiencen a sentar bases reales que garanticen el logro del bienestar y la seguridad. Para alcanzar esas exigencias, las preferencias o inclinaciones políticas clásicas, izquierda o derecha, pasan a un plano de menor relevancia y ello queda en evidencia porque en la zona no existe ya una relativa homogeneidad política.

Durante los primeros 15 años del presente siglo, la región protagonizó un inédito viraje a la izquierda que, a pesar de la voluntad por establecer el desarrollo y el bienestar social, esos regímenes traicionaron sus convicciones y cayeron en lo que prometieron combatir y desterrar: la corrupción político-administrativa.

La hegemonía izquierdista vio su fin en Brasil, Argentina, Colombia, Perú, Chile, Paraguay, Honduras y Guatemala. A raíz de ello, muchos avizoraron un cambio de ciclo y un giro igual de homogéneo a la derecha. Sin embargo, la reciente derrota de Mauricio Macri en Argentina, en beneficio del peronismo, demuestran que el análisis en Sudamérica no puede ser reducido a una ecuación de dos variables: izquierda y derecha, pues los latinoamericanos no están optando por un rumbo político fijo.

La anterior consideración se refuerza con ejemplos como las recientes y reñidas elecciones en Bolivia o Uruguay, donde la izquierda había sido ampliamente aceptada y ahora masivamente cuestionada.

La nueva configuración política derivada de las elecciones dibuja un mapa en extremo variado, en el que ninguna línea política tiene garantizada por sí misma la continuidad o la mayoría absoluta en el área.

Así, gobiernos tradicionales y nuevos de izquierda, como los de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, México, Argentina y Uruguay, deberán coexistir con derechistas y centristas de República Dominicana, Ecuador, Costa Rica, Panamá, Chile y El Salvador. Todo ellos deben asumir por igual, el perenne reto de satisfacer las demandas populares, las cuales poco tienen que ver con el sello político que las gobierne o la estabilidad económica que se presuma.

 

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