EDITORIAL: Pareja sentimental

De acuerdo a ONU Mujeres, un 35% de la población femenina a nivel mundial sufre o ha sufrido violencia a manos de su pareja sentimental, excluyendo de ese porcentaje los registros de agresiones sexuales. Así, las mujeres permanecen como ese sector de la población que por su condición de vulnerabilidad sigue siendo objeto de violencia física, sexual o psicológica en los más diversos espacios, principalmente al interior de sus hogares, en el trabajo, escuela o calle. Por desgracia, ese comportamiento por parte de los victimarios nunca es espontáneo, sino que se va adquiriendo a lo largo de la vida; se aprende.

La citada agencia de la ONU dedicada a promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, registró en 2017 que de los 87 mil casos documentados de mujeres asesinadas en el mundo, más de la mitad fueron perpetrados por parejas sentimentales o por familiares muy cercanos a las víctimas.

En su reciente informe “El progreso de las mujeres en el mundo 2019-2020: Familias en un mundo cambiante” -cuyas estadísticas corresponden a 2018-, ONU Mujeres registró que 1 de cada 5 mujeres en todo el mundo (el 17,8 %) denunció haber experimentado una agresión física o sexual por parte de su pareja en 2018. Ese porcentaje es una media global de mujeres emparejadas con una edad comprendida entre los 15 y los 49 años.

ONU Mujeres sostiene que la violencia que las parejas o familiares ejercen en contra de sus compañeras sentimentales o no, no pertenece a la serie de mecanismos de defensa inherentes al ser humano, el cual reacciona violentamente cuando se siente atacado. Nunca hay una amenaza real contra el victimario. Sin embargo, la violencia contra una pareja mujer tiene siempre una firme intencionalidad: someter o sobajar, reafirmando con ello una condición de falsa superioridad. El objetivo es controlar a las mujeres y suprimir su libertad de decisión y acción.

Por lo anterior es necesario seguir hablando de políticas de género para, primero, visibilizar y combatir violencias muy graves de derechos humanos que desde hace siglos se cometen indiscriminadamente en contra de la mitad de la población mundial. Segundo, para dar prioridad a leyes, normas e intenciones que permitan igualar las condiciones entre hombres y mujeres.

La Oficina para la Igualdad de Género de la ONU recomienda por ello  instalar una perspectiva de género como eje transversal en los ámbitos públicos y privados, para lograr aterrizar esas políticas de igualdad de género. La cooperación interdisciplinaria, voluntariosa y decidida, siempre será muy útil para combatir desde varios frentes y con diferentes estrategias, a la violencia de género, esa terrible lacra social.

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