EDITORIAL: Sanos debates

Con el proceso electoral 2017-2018 ya encaminado, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (Tepjf) corrigió al Instituto Nacional Electoral (INE) al resolver que los candidatos a la Presidencia de la República, y cualquier otro aspirante, puedan participar en mesas redondas o de análisis y debates que organicen medios de comunicación durante el actual periodo de intercampaña, lapso previo al inicio de las campañas el próximo 30 de marzo. De acuerdo con los magistrados del Tepjf, prohibir esos encuentros atentaría contra la libertad de expresión y la libertad de información.

Y es que en México, hasta antes de esa determinación del Tepjf, parecería que las reglas electorales están hechas para impedir que los ciudadanos conozcan más allá de los actos partidistas a los candidatos, midan sus habilidades y evalúen sus propuestas.

En los sistemas democráticos más avanzados del mundo, los debates entre candidatos que contienden a un mismo cargo, televisados o no, son considerados los espacios idóneos para que presenten sus propuestas y dejen muy claras sus opiniones o posiciones frente a los grandes temas regionales, nacionales o, incluso, internacionales.

Frente a frente, con un moderador, los aspirantes se estarían sometiendo a un esquema que debe garantizar la igualdad de condiciones. Así, los debates eliminan esos mecanismos clientelistas que usan los partidos políticos para promover a sus aspirantes e influir en la intención del voto.

Gracias a ese intercambio de ideas y posiciones, lejos de la diatriba, la guerra sucia, las agresiones o insultos, los candidatos estarían promoviendo el libre ejercicio del voto entre los ciudadanos, quienes tendrían la posibilidad de elegir de forma consciente y a partir de los proyectos e información que exponen o proporcionan los propios aspirantes.

Un punto fundamental de los debates electorales radica en su esencia: los candidatos participantes estarían cumpliendo con dos de sus principales roles: dar a conocer y debatir sus ideas y planes de gestión. De esa forma, los ciudadanos pueden considerar qué tipo de proyectos mejorarían la situación del municipio, estado o país. Podrían diferenciar qué programas gubernamentales se ajustan a la realidad regional o nacional y cuáles son, simplemente, meras improvisaciones sin sentido.

Es necesario apuntar que con los debates, los aspirantes también tienen garantizada una cobertura mediática igualitaria, situación que no suele presentarse a la largo de la campaña proselitista.

Aunque en México aún es opcional para los candidatos participar o no en un debate, el siguiente paso debe ser su integración obligatoria a la ley que regula los procesos electorales. Los aspirantes deben mostrar sus cartas a los ciudadanos. Al exigirlo como ciudadanos, estaríamos fortaleciendo nuestra democracia.

 

 

Print Friendly, PDF & Email
Etiquetas
Sin Comentarios

Deje su Comentarios