EDITORIAL: Seguridad y migración

Durante en el sexenio actual y más allá de algunos pincelazos limitados a comunicados oficiales, México ha dejado de participar activamente en la geopolítica para centrarse en su política interna. El binomio interno-externo ha dejado de tener peso en el diseño de las políticas públicas mexicanas que están priorizando la construcción de las bases de lo que el presidente Andrés Manuel López Obrador llama la Cuarta Transformación.

Esa postura de ver solo al interior está poniendo a nuestro país en una desventaja ante los firmes intentos del Gobierno estadounidense de Joe Biden de mantener su agenda y visión de la migración en la región centroamericana, México incluido. No son pocos los analistas y medios de comunicación en ambos lados de la frontera que ven a nuestro país jugando solo el papel de policía de Estados Unidos en la zona fronteriza con Guatemala.

En la reciente visita de la vicepresidenta Kamala Harris a México, en un tuit su oficina advirtió: “Nuestras economías están atadas y nuestra seguridad depende una de la otra”. Uno de esos flecos entre la economía y la seguridad tiene que ver con la migración. En Guatemala y en nuestro país, la vicepresidenta fue muy clara al explicar a los presidentes Alejandro Giammattei y Andrés Manuel López Obrador, que Estados Unidos reforzará las medidas de seguridad en su propia frontera y ambos países deberán hacer lo propio si quieren mantener los flujos de ayuda y apoyo desde Washington. No es cuestión menor.

Ese es un punto central en el cauce que estará tomando la relación entre México y Estados Unidos. La seguridad importa en ambos lados de la frontera y no solo para tratar de reducir o acabar de una vez por todas a los sangrientos carteles de la droga, sino para asegurar a los inversionistas locales o extranjeros, que el Gobierno de López Obrador tiene el apoyo de Biden en temas clave para la agenda que dominará la segunda parte de su sexenio. La seguridad es sin duda uno de ellos.

A cambio, Washington quiere asegurarse que, bajo esa presión sobre la Ciudad de México, usando como pretexto la migración o la seguridad, pueda frenar ese coqueteo sumamente visible que el Gobierno lopezobradorista mantiene con países antagónicos a los intereses de EUA como Rusia o China.

Por ejemplo y a propósito de migración y seguridad, en el comunicado conjunto tras la reunión Harris-Obrador, se anunció apoyos e inversiones estadounidenses en el sur de México, especialmente en el istmo de Tehuantepec, zona en la que existía la intención de empresas chinas de concretar un proyecto interoceánico. Eso, por supuesto, sería inaceptable para EUA.

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