Opinión

EDITORIAL: Treinta tiroteos

El Gobierno de Estados Unidos mostró una firme intención de prohibir la fabricación y la venta al público de armas de asalto semiautomáticas en su territorio, tras los 30 tiroteos que se han registrado en lo que va de enero, mismos que reflejan un incesante, injusto y criminal goteo de muertos y heridos, especialmente en el estado de California. La administración del presidente Joe Biden busca, en ese sentido, renovar una ley contra la libre venta de armas de asalto de 1994, diseñada para expirar en 10 años y que no fue renovada en 2004.

En los últimos días, la administración estadounidense ha lamentado mortales tiroteos en la localidad de Half Moon Bay, en la ciudad de Oakland, o en el pueblo de Monterey Park. Las víctimas, entre muertos y heridos, cayeron por balas disparadas con armas automáticas adquiridas con una insultante facilidad.

Los tiroteos, consideró esta semana el Gobierno de Biden, deben ser enfrentados con acciones contundentes. Así, hace días, senadores demócratas, aliados de la Casa Blanca, propusieron un proyecto de ley para volver a adoptar la prohibición de las armas de asalto. En otra iniciativa se impone que la edad mínima para poder comprar armas automáticas en cualquier parte de Estados Unidos sea de 21 años.

El mensaje de Biden fue muy claro tras ello: “Animo a ambas cámaras del Congreso a actuar con rapidez y mandar esta prohibición de los rifles de asalto a mi mesa”.

Ante la claridad de las masacres, lejos quedó ese considerado “histórico paquete” de medidas aprobado por legisladores estadounidenses tras los tiroteos de Uvalde, en Texas, y Búfalo, en Nueva York, para limitar el fácil acceso a las armas de asalto.

Frente a ello, los esfuerzos contra la libre portación de armas de fuego sufrieron un revés, porque el Tribunal Supremo blindó el derecho de los estadounidenses a llevar armas en público. Para ello invalidó una ley del estado de Nueva York que prohibía portar armas de fuego en la calle sin un permiso especial.

Ese mismo tribunal se echó para atrás al mantener en vigor una medida neoyorquina algo más limitada, pues solo prohíbe portar armas en teatros, parques, estadios, centros de salud o escuelas, entre otros.

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