Opinión

EDITORIAL: Una utopía

En un año, Afganistán ha perdido los pocos avances que su sociedad había logrado tras 20 años de guerra y ocupación militar estadounidense que buscó siempre instaurar un sistema democrático, acorde a la idiosincrasia local y superando la pesadilla que, para la población y especialmente para las mujeres, significó la dictadura de los talibanes.

Ahora Afganistán sufre el abandono de Occidente tras el atropellado, improvisado e ineficaz retiro de las tropas estadounidenses. Una decisión muy controvertida tomada por el actual inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden. El consecuente retorno de los talibanes al Gobierno de Kabul ha supuesto el fin de las pocas libertades individuales y colectivas; sociales, políticas y culturales; de género, educación, información y de bienestar. Lentamente, en estos últimos 365 días, los y las afganas han visto diluirse el pluralismo político con el cual comenzaban a familiarizarse.

Con el regreso de los talibanes al poder, Afganistán ha vuelto a ser refugio de terroristas. Así lo confirmó la operación militar de Estados Unidos que, con un dron y en un ataque quirúrgico, mató en un edificio de Kabul, ubicado muy cerca de la Zona Verde y de la embajada del Reino Unido, al líder de la red terrorista Al-Qaeda, Ayman al Zawahiri.

No son pocos los analistas que aseguran que Kabul y su zona metropolitana está infestada de terroristas que un día sí y otro también, asesinan y atacan a miembros de la minoría chií hazara y a la pacífica secta sufí, cuya mezquita en la capital afgana sufrió un atentado en el que murieron 10 personas en abril, al término del Ramadán. Un ejemplo de las constantes masacres.

En ese Afganistán tan golpeado por la dictadura islamista, las mujeres han desaparecido por completo de la vida pública, obligadas a permanecer en sus casas a expensas de los deseos y voluntades de los hombres. Son invisibles. Las niñas y las jóvenes ya no tienen derecho, desde marzo pasado, a la educación. No tienen libertad de movimiento o a trabajar, mientras que los abusos sexuales, agresiones, feminicidios, violencia en su contra y matrimonios forzados aumentan, según varias organizaciones no gubernamentales que aún pueden operar en la zona. El Ministerio para la Promoción de la Virtud y la Persecución del Vicio ha impuesto su ley.

Aunado a ello, sobre Afganistán ya pesa una hambruna que abate a 6 millones de personas, aunque los efectos de la malnutrición llegan a 19 de los 39 millones de habitantes.

Quizás por todo lo anterior, es necesario que se rescate o rescatar a Afganistán, sacarlo de su creciente aislamiento y volver a colocarlo en el concierto de las naciones de hombres y mujeres libres. De momento, es solo una utopía.

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