Universitarias

En frontera norte hay más hombres que mujeres en situación de calle

“Hay más hombres que mujeres en situación de calle, pero esto tiene que ver con la forma en que nos han enseñado a las mujeres a pedir ayuda, y cómo de alguna manera, con los roles de género, no les damos a los hombres el poder de quejarse y de no tener éxito, sobre todo en el contexto migratorio”.

Esto lo dijo Virginia Romero Plana, investigadora de la Universidad Autónoma de Sonora, al impartir la conferencia virtual: “Diagnóstico y propuesta de intervención con varones en situación de calle”, como parte de la Semana de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Colima.

Ella definió a la pobreza extrema como la combinación entre escasez de ingresos, la falta de desarrollo humano y la exclusión social.

Dijo que su caso de estudio es sobre los hombres que asisten a un albergue situado en Hermosillo, Sonora, “hombres sin techo, la gran mayoría exmigrantes deportados, adultos mayores, solteros o separados con hijos, que tiene escasa o nula comunicación con sus familias de origen”.

Comentó que Sonora tiene características peculiares, como son una frontera con Estados Unidos, consideraciones migratorias y una trayectoria económica con la industria que existe. Sin embargo, agregó, “en los últimos años la pobreza extrema ha aumentado exponencialmente; en Hermosillo estamos con un temperatura altísima; es desierto, hace mucho calor, te deshidratas, y vivir en situación de calle es complicado, aún más en estas situaciones”.

Dijo que las pocas políticas sociales o acciones enfocadas a la pobreza nacen desde el paternalismo; “esto es, dime qué quieres y yo te lo doy; no tienes un ingreso, yo te lo doy; no quieres estudiar, entonces te doy una beca para que sigas estudiando y empezamos a fortalecer esta parte jerárquica en la que se crea una línea muy visible entre nosotros los que estamos arriba de la jerarquía, sobre las personas que son catalogadas como pobres y que solamente piden. No vamos más allá de dar una despensa, un servicio, un recurso”.

Virginia Romero comentó que la mayoría de hombres que son deportados “quedan flotando en la frontera norte, no regresan a sus lugares de origen porque les da vergüenza, y les da vergüenza porque no han cumplido la función que se les pidió como varones, de ir a Estados Unidos, trabajar, mandar dinero y tener éxito para que el núcleo familiar se pueda consolidar en una calidad de vida un poco mejor, y deciden no regresar a sus estados o países de origen por ese orgullo de su trayectoria no cumplida, por no haber logrado sus expectativas soñadas”.

Dijo que cuando los hombres emigran muchas veces se desconectan de sus familias y dejan de tener redes socio-familiares; “empiezan ellos mismos o la sociedad los excluye y no tienen proyecto de vida, por lo que es imposible que puedan tener una mejor calidad de vida”.

Los hombre del estudio, agregó, “consideran que la causa por la que se encuentran en situación de calle en esos momentos es su propia responsabilidad; no le echan la culpa a las instituciones, ni siquiera al no haber tenido oportunidades labores, simplemente dicen que así es la vida y tienen un actitud positiva para las situaciones que enfrentan diariamente”.

Entre el grupo de hombres en situación de calle “hay también una tipología, hay diferentes valores. Dicen: ese hombre está por debajo de mí porque se droga, ése porque delinque, ése no se asea, trae la ropa sucia, y yo soy otro tipo de hombre que, aunque en situación de pobreza extrema, intenta ser honesto, tener un actitud positiva”.

Señaló que cada situación de calle en las entidades de la República mexicana es diferente, por lo que en cada estado se tiene que tomar o realizar políticas diferentes para atenderlas.

Finalmente, comentó que las únicas personas que apoyan a estas personas son los albergues y las asociaciones civiles o religiosas.

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