El Conocimiento del Infierno, de António Lobo

Por Lía Llamas

En alguna ocasión, mientras leía un libro con tintes de poesía y algo de narrativa, en ese ambages de ideas, imaginé poder trasladarme desde mi comodidad urbana a lugares propios, para que esas atmósferas pudieran ayudarme de inspiración. Sobre todo, salir de la zona de confort, donde siempre se piensa que es de manera imprescindible alejarnos de todos, usar la medianoche de escalafón en calidad de escritos. En fin, en medio de todo ello, llegó a mis manos un libro, el escritor era desconocido para mí; pero, el título me atrapó como telaraña, se llamaba: Conocimiento del Infierno, pertenecía a un doctor portugués, cuyo lenguaje pasaba de científico a coloquial, emulando una novela mezclada con poemas.

La obra hace que la mente se achique y no quieras parar de leerlo; sin embargo, lo que la hace realmente interesante es el hecho de que bifurca su realidad viviendo en un psiquiátrico, durante un periodo de muchos meses, por lo cual, existe una congruencia a la hora de redactar su discurso novelesco, plasmando esas historias, nada superfluas, dando realce a cualquier critico o especialista literato. Me parece poderoso que este hombre haya tomado la decisión de ser parte de un ambiente psicótico, donde la mayoría de los que nos sentimos parte de la normalidad huiríamos, una mirada al abismo a veces nos muestra lo cerca que estábamos de él y al parecer no estar percatados del mismo. De alguna manera, todos llevamos a cuestas cierto conocimiento del infierno, incluso en La divina comedia de Dante se hace un recorrido tan detallado del mismo, que dan ganas de no aspirar al cielo cómicamente. Lo más asombroso de esta lectura (vuelvo con Antunes) es echar una mirada al universo de los locos y apreciar que viven mejor que uno, atrapado en sus distintas realidades.

En resumen, es un recorrido autobiográfico, porque se convierte en una experiencia personal donde se puede extrapolar ese intercambio de ideas, rompiendo el miedo de lo políticamente aceptado o moralmente correcto. Es una invitación a crear un monólogo interno, para que todos esos prejuicios o tabús sobre el tema de los inadaptados sociales puedan mostrarnos parte de lo que es construido como la realidad que conecta o nos da un mensaje a todos. Existen libros que su único sentido es generar,  romper nuestros paradigmas, abrir lo llano de la mente y querer, al igual que Antunes, hacer de lo inimaginado una vivencia más que pueda generar conciencia social.

Finalizo con una frase parte de la visión en esta novela: «Los psiquiatras son locos sin gracia, repitió, payasos ricos que tiranizan a los payasos pobres de los pacientes con bofetadas de psicoterapia y pastillas, payasos ricos rebozados en el tonto orgullo de los policías, del orgullo sin la generosidad ni la nobleza de los policías, de los dueños de las cabezas ajenas, de los etiquetadores de sentimientos de los demás: es un obcecado, un fóbico, un fálico, un inmaduro, un psicópata: clasifican, rotulan, investigan, remueven, no entienden , se asustan de no entender y sueltan de las encías en descomposición, de las lenguas sucias de coágulos y costras, […] sentencias definitivas y ridículas. El Infierno, pensó, son los tratados de psiquiatría, el infierno es la invención de la locura por los médicos, el infierno es esta estupidez de comprimidos, esta incapacidad de amar, esta ausencia de esperanza, esta pulsera japonesa de exorcizar el reumatismo del alma con una cápsula por la noche, una ampolla bebible en el desayuno y la incomprensión de fuera para adentro de la amargura y del delirio».

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