Cultura

Eusebio Ruvalcaba, su poesía

Eusebio Ruvalcaba Castillo fue un escritor, periodista, ensayista, dramaturgo y tallerista mexicano. Nació en Guadalajara, Jalisco en 1951 y falleció el 7 de febrero de 2017 en Ciudad de México. Un hilito de sangre (1991), Juego de luz (2000) y En defensa propia (1997) son algunos de sus títulos principales.

 

Cuando sonríes

De día.
Los pétalos se desparraman
en derredor nuestro.
Emergen de tu sonrisa
y caen a nuestros pies.
Me apropio de tu sonrisa
como un loco se apropia
de una alcancía
en una iglesia.
Me unjo a esa sonrisa
como si representara
el único modo de mantenerme
con vida.
Soy yo esa sonrisa luminosa.
Soy yo la sombra del cedro
que la protege de las inclemencias.
Soy yo el principio de vida
que deviene desde tu interior
colmado de presagios
bajo el manto de tu sonrisa.

De noche
Las estrellas se desparraman
en derredor nuestro.
Emergen de tu sonrisa.
Y caen a nuestros pies.
Localizo en tus ojos la llama
de tu sonrisa.
No podía ser de otra manera.
Está ahí tu amor por la vida.
Tu sed insaciable de música,
de poesía, de pintura, pero
también de la existencia
que perece bajo la maquinaria
implacable del tiempo.
Cuántos mueren
en lo que dura una sonrisa tuya,
y cuántos nacen.
Cuántos componen una sinfonía,
y cuántos restauran una pintura
que se daba por perdida.
Cuántos suspiran.
Y cuántos se arrepienten.
De noche tu sonrisa adquiere
el milagro de nombrar.
Nada es igual después de verte sonreír.
La noche adquiere su rostro verdadero.

 

*

El mezcal

Para Guillermo Quijas

I
Más allá del mezcal está
la confección de la escritura,
el perfume de la lencería -cuando
aquella mujer
se desnuda frente al espejo-,
la mirada triste de los perros.

Pero todo esto es irreal,
y sólo existe en los jirones
que pueblan nuestros sueños.

Lo que existe en estado áspero
es la escritura,
la lencería, los perros.
Lo que hace el mezcal
es restregarte la belleza
de esta actitud en tu dulce cara.
Quitarte la venda de los ojos.

II
Ordenas el mezcal
y lo que estás ordenando
es una mujer que te traiga
la noche
en aquel vasito que en sus ratos libres
es veladora.

Destapas el mezcal
y lo que estás destapando
es la cloaca
de tu vida.
Sin contemplaciones
el mezcal
te va a conducir por los atajos
que te avergüenzan.
Territorio inhóspito y letal.
campo minado,
donde el tequila y el whisky
son niños de brazos.

III
El mezcal nació en cuna de oro,
pero la vida lo obligó a renunciar.
El mezcal es de sangre azul,
pero las decepciones -no
los fracasos, los fracasos no cuentan-
lo obligaron a rezumar alcohol.

IV
El mezcal nunca te decepcionará.
Es la prueba
de que has caído más bajo que él.

V
Se recomienda rociar mezcal
en el sexo
que has de beber.

VI
Hasta en los libros que hablan
sobre Oaxaca
llega el olor del mezcal.

VII
El mezcal nunca se debe beber solo;
siempre con tristeza.

VIII
El mezcal ayuda.
Hay un punto en que los hombres
se funden.
Hay un punto en que cada hombre entrega
lo mejor de sí mismo.
En el que por fin decide llamar a las cosas
por su nombre.
Ese punto no tiene nombre,
aunque algunos lo llamen muerte,
y otros vida.
Tampoco importa más de la cuenta nombrarlo.
Más bien hacer el viaje
y asumirlo.
Porque es irrepetible.
En el fondo es un tramo doloroso y miserable.
Los perros aúllan cuando un hombre
se aproxima
a este punto.
El mezcal ayuda
si te dejas llevar por él.

IX
El mezcal es un arte.
La vida es un aprendizaje.

 

*

Música al aire libre

Para José Ángel Navejas

La música fue hecha para tocarse al aire libre.
Y para escucharse al aire libre.
Primero fue la música
y después ese afán del hombre de encerrarlo todo.
De ser propietario de todo.
De hacer suya la música
a costa de privarla para los demás.
La música se hizo para ser tocada al aire libre.
Que despliegue su belleza por los aires.
Que su sonoridad se extravíe en el cielo.
La más hermosa sala de conciertos no deja de ser una jaula de oro.
Con sus pájaros dentro.

Botón volver arriba