La forma actual de ser felices es insostenible: Alicia Puleo

La Facultad de Filosofía de la Universidad de Colima celebró sus 26 años de creación con el ciclo de conferencias “Filosofía y crisis socioambiental: diálogos interdisciplinarios”, en los que participaron filósofos y filósofas de talla nacional e internacional.

La doctora Aimé Tapia González, directora de la ahora Facultad de Filosofía, fue la encargada de dar la bienvenida a este ciclo de conferencias, que se enmarca además en el Día Internacional de la Filosofía.

En su intervención, agradeció la participación inaugural de la doctora Alicia Puleo, de la Universidad de Valladolid, España, considerada una de las filósofas contemporáneas más importantes en la actualidad, y quien habló de “Las mujeres y el dualismo naturaleza-cultura”.

En su conferencia, transmitida por el canal de YouTube de la Facultad de Filosofía (https://www.youtube.com/channel/UCa_rEGXodVF3ffC0CsEV6MQ/featured), la doctora Alicia Puleo señaló que “la filosofía nos ha ayudado a lo largo de la historia a ordenar el Mundo y el pensamiento. En momentos como éste, por ejemplo, en el que estamos viviendo una crisis no solo sanitaria, sino ecológica, dijo, “la filosofía es indispensable para ayudarnos a pensar en otro Mundo posible, en otra forma de organizarnos y otra forma de ser felices, que no coincida con ésta que ya es insostenible, por lo que hoy más que nunca la filosofía es necesaria como pensamiento crítico”.

Al adentrarse en el tema, la ponente señaló que las mujeres, históricamente, han sido identificadas con el cuerpo y con la naturaleza, destacando que el feminismo ha sido una crítica a esta identificación “en la medida que dicha identificación tenía un carácter legitimador de la subordinación de las mujeres y del hecho de que las mujeres quedan excluidas de las actividades que se consideran propiamente humanas”.

Para pensadores como Aristóteles, ejemplificó, las mujeres, los animales y los esclavos existen para el hombre libre; “desde aquellos días, a la mujer se le veía como cuerpos que tienen un cierto grado de racionalidad, como para entender lo que se les dice”.

Tiempo más tarde, explicó la ponente, en el Siglo XVII se dejó de considerar a la mujer como naturaleza, se le despojó de su espíritu y comenzó a concebirse como una especie de robot; “se decía que la naturaleza ya no estaba habitada por ningún espíritu, sino que era materia muerta que es movida por el creador, lo que se denominó racionalismo mecanicista. Esto permitió el surgimiento de un feminismo temprano, como reivindicación de las mujeres como seres pensantes, reclamando su inserción en la cultura y en el Mundo organizado por el ser humano”.

Esta conceptualización de la mujer fue analizada por Simone de Beauvoir, recordó, filosofa francesa; “en su obra El segundo sexo, publicado en 1949, analiza cómo esa naturalización de las mujeres había servido de base para su discriminación al impedirles realizarse como seres humanos, construir su proyecto vital y tener la capacidad de actuar libremente. La ola feminista de los años 60’s y 70’s se inspira precisamente en este análisis”.

Por esas décadas, comentó, surge a la par una preocupación por la ecología y por cómo el hombre está acabando con la naturaleza. Derivado de ello aparece el pensamiento ecofeminista, “pensamiento que surge considerado como una crítica a la determinación de los valores culturales que históricamente los varones han guardado para sí: el dominio, la conquista y el poder, frente a los valores que les han exigido a la mujer, como el valor del cuidado, considerado como valores menores”.

Para concluir, la ponente señaló que “este pensamiento implica evidentemente una reformulación del ser humano, implica superar la idea de que el ser humano ha sido definido de acuerdo con los valores patriarcales forjados en una historia que hoy en día ya no nos sirve. Tenemos que revisar la historia no solo por justicia, sino porque estamos ante una crisis y los valores que necesitamos no son los valores de la conquista, sino del cuidado de la poca naturaleza que nos queda”.

“Tenemos que meditar acerca de qué es el ser humano -finalizó-, si somos algo absolutamente ajeno a la naturaleza o somos parte de ella; tenemos que reconocer nuestra dependencia con la naturaleza, por más tecnología que tengamos, así como el hecho de que somos parte de una red de la vida, una red que tiene infinidad de fragmentos rotos que tenemos que reparar”.

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