Cultura

ARTÍCULO: La novela sobre Bogotá

Por Fabio Martínez

Desde la crónica El carnero, del criollo Juan Rodríguez Freyle, que nos habla de la fundación de Santa fe de Bogotá y los primeros años de la Colonia, la literatura sobre la capital ha sido rica y abundante.

Bogotá no solo ha vomitado abogados, políticos, economistas, periodistas, lagartos y tecnócratas, sino que a largo de su historia ha contado con un sinnúmero de poetas, cuentistas y novelistas que han logrado ahondar en el espíritu de una metrópoli bella y caótica, culta y dinosáurica.

De poetas podemos mencionar a José Asunción Silva con sus Nocturnos; Rafael Pombo y sus extraordinarias fábulas; y María Mercedes Carranza, la poeta del desasosiego, que un día, ante el secuestro de su hermano, se suicidó con una sobredosis de antidepresivos.

La novela sobre Bogotá comienza con De sobremesa, una obra escrita por un poeta: J. A. Silva. Un manuscrito que naufragó cuando el bardo viajaba en el vapor Amérique de La Guaira, en Venezuela, a Cartagena de Indias, y que reescribió antes de su muerte.

A partir de la vida y, sobre todo, de la muerte de Silva, se ha tejido la novela sobre una de las capitales suramericanas más vitales y laberínticas que existen sobre el continente.

El primero que puso al desnudo el suicidio de Silva fue el intelectual Enrique Santos Molano, quien durante una investigación que duró veinte años desmontó en su biografía El corazón del poeta’ el mito inventado por los románticos.

Por esa misma época, el escritor antioqueño Fernando Vallejo escribió su versión sobre el poeta bogotano, sacando a la luz la biografía Chapolas negras.

El narrador y periodista Ricardo Silva –no sé si tenga algún parentesco con el poeta–, basándose en la biografía de Santos Molano, y las historias del loco ‘Cacanegra’, publicó su novela El libro de la envidia, donde se reafirma la tesis de Santos Molano, en el sentido de que Silva fue asesinado.

La saga sobre la vida y muerte del poeta la continuó el joven escritor Daniel Ángel, con su novela titulada Silva, donde reafirma la tesis de los dos colegas anteriores.

La novela sobre Bogotá tiene tantas estrellas en el firmamento como las que podemos ver, en plena pandemia, en los cerros de Guadalupe y Monserrate.

En el campo de la novela sobre Bogotá escrita por mujeres, podemos mencionar a Consuelo Triviño con su obra Prohibido salir a la calle, donde la ciudad es vista a través de los ojos de una niña. La escritora publicará más tarde La semilla de la ira, donde se cuenta La vida de un bogotano en el exilio, el dandi, liberal radical y anticlerical José María Vargas Vila.

Laura Restrepo ha escrito dos excelentes novelas sobre la capital. Delirio, que es una novela sobre la locura de una mujer en medio de una ciudad tomada por la corrupción y el narcotráfico. Y su más reciente trabajo literario, titulado Los divinos, que a raíz de la violación y el crimen cometido contra una niña indígena por parte de un joven rico, desenmascara el grado de descomposición social al que han llegado algunos sectores de las clases altas.

En los 482 años de fundación de la ciudad, no podía dejar por alto otra novela que narra desde la perspectiva de un poeta melancólico y depresivo –volvemos a Silva– la vida de un paseante recorriendo la urbe de los años setenta. Me refiero a Sin remedio, de Antonio Caballero.

Finalmente, destaco dos novelas bellas y sórdidas, donde sus personajes descienden hasta las entrañas de aquella Gorgona de siete cabezas en que se ha convertido nuestra capital. Las puertas del infierno, de José Luis Díaz-Granados, y Búsqueda incesante, de Felipe Agudelo.

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