La tradición clásica del pensamiento científico desde Ruy Pérez Tamayo

Por LN. Salma Izamar Cortés Álvarez*

Hace más de dos décadas que la obra ¿Existe el método científico? (1990), fue publicada por Fondo de Cultura Económica en México. A primera vista, parece tratarse de un texto con principios de retórica y subjetividades, sin embargo, las más de trescientas páginas son un viaje más allá de los que consideramos los fundadores de la ciencia como Newton y Galilei, partiendo de la herencia de Platón y Aristóteles. Hecho que de entrada exhorta, una vez más, a reconocer a la filosofía como piedra angular sin importar la complejidad gnoseológica actual.

Pérez Tamayo, reflexiona sobre la importancia de la tradición clásica en los orígenes del método científico, ya que sus términos filosóficos, y ejercicios como los experimentados en los ateneos, fueron los cimientos cognitivos y operativos del hombre para poder comprender e interpretar la naturaleza. Ruy destaca en los griegos, como sustancial el momento en que reconocen la necesidad de plantear preguntas axiales para no solo contemplar, sino más bien, construir la realidad.

Partiendo de la lógica del autor, las propuestas revolucionarias de la ciencia no podrían ser entendidas y aplicadas sin la comprensión e inclusive contemplación del universo y el ser. Antes del surgimiento de la ciencia, la construcción del conocimiento se encontraba dominado por la filosofía. Descartes, por ejemplo, sentó las bases del racionalismo y con ello, incitó a reconocer que la conciencia incluía subjetividades humanas que operaban como catalizadores del conocimiento.

Antes de Descartes, el movimiento escolástico había posicionado a la filosofía íntima e individual como una forma de escuela intelectual, hasta que los postulados de Descartes fortalecieron concepciones metafísicas que permitieron que ilustrados como Isaac Newton, desarrollaran métodos deductivos-inductivos para la comprensión del mundo. Newton, elaboró una metáfora en la que precisaba que, tanto las matemáticas como los cuestionamientos del ser tenían como precedentes las reflexiones griegas.

Por otro lado, Ruy Pérez Tamayo dice que el siglo XVIII, visto como una época de avatares sociales, económicos y políticos, transformó la vida, empezando de forma particular por Europa. La Ilustración fue decisiva para destruir dogmas religiosos, mientras que la Revolución Industrial creó nuevas reflexiones y en consecuencia una atmósfera de lo intelectual debía mantener cercanía con lo científico.

Sumado a lo anterior, está el positivismo francés y su marcado auge en el siglo XIX. Exponentes como Auguste Comte y Poincaré, redimensionaron a la ciencia al sostener que no se trata de postulados arbitrarios o percepciones, sino de postulados sostenidos en observaciones y experimentos. Esto apunta a que la filosofía ha sido fundamental en la evolución, complejidad y construcción del pensamiento y reconoce también que, aunque la ciencia es uno de los pilares fundacionales de la existencia humana, su proceder no está cerca de un camino lineal o plano.

De hecho es necesario subrayar que no solamente ha habido una evolución tecno-científica, ello también incluye la reformulación de metodología que responde no solo al contexto, sino también a su relación con la dialéctica.

Considero que el mensaje de la obra de Ruy es enfatizar que si los orígenes de la ciencia provienen de la naturaleza primigenia del hombre, lo que hoy denominamos científico, es apenas la antesala de futuras ideas, discusiones, hallazgos e inclusive objetos de estudio.

* Alumna de la Maestría en Ciencias Médicas de la Facultad de Medicina en la U de C.

Compartir:
Califica esta Noticia
Etiquetas
Sin Comentarios

Deje su Comentarios