La visión en la poesía

*Por José Mauricio Montaño Suárez

La visión en la poesía se da por atribuir elementos inverosímiles a la realidad como aspecto general del autor sobre su obra. Cuando un poeta dice “tus dientes son perlas”, trata de atribuirles brillo, belleza, les da un valor indistinto a su propia realidad, no significa que una mujer tenga diamantes en vez de dientes. Éste aspecto irracional de la literatura, sobre la “visión”, lo desarrolla Carlos Bousoño en su libro de Teoría de la expresión poética.

De la realidad el autor tiene siempre el hecho contundente, en la poesía el poeta la distorsiona para concretar una posibilidad de un valor nuevo para la experiencia:

Pero si debajo de una visión no hay un objeto real, habrá, sin duda, algo real que la justifique, pues el hombre sólo está interesado en la realidad, y nunca en lo irreal puro, que le es, por absurdo, inexpresivo. Lo irreal sólo cuando sirve de medio para expresar indirectamente lo real se halla en condiciones de adquirir aptitudes poéticas. (p. 240)

La poesía como medio de proporcionar distinta experiencia a partir del juego con la realidad es base para la interpretación de la obra. La fijación del léxico sirve de panorama del cual extraer su finalidad compositiva. La estilización de los autores se da como el imaginario tácito del mundo recreado ante la lógica concreta del mundo tangible. Las piedras que se despedazan en silencio son inconcebibles de forma científica. Ningún principio de la composición de la materia habilita la posibilidad de que un sólido se destruya por el silencio, pero en las derivaciones expresivas de un poeta el fenómeno es posible y la posibilidad del hecho improbable es una crítica de lo que conocemos. Romper una ley de la realidad significa dinamizarla.

La visión se da como la forma de entender un fenómeno. En el caso de los dientes se habla del fenómeno porque la construcción ósea, la materia de los dientes, no ayuda para definirlo como un significado sino como una composición fisiológica. El fenómeno es comprendido como su significado en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, como “toda manifestación que se hace presente a la conciencia de un sujeto y aparece como objeto de su percepción”. Del hecho existen matices contrarestadores de su estado natural que le proporcionan diferentes fisonomías, esa nueva o “superpuesta” cualidad es su extensión conceptual. Sino afirma el objeto como fenómeno, lo rechaza con otra caracterización donde se encuentren las realidades y se comuniquen. Por más antagonistas que sean estas comunicaciones encontrarán un paralelismo, aunque sea en las circunstancias de sus diferencias, se suscribirán a una línea nueva y discursiva donde intercambien sus atributos. Bousoño explicita las tres características esenciales de las visiones:

Resumiendo todo lo anterior diremos que las visiones se caracterizan por tres notas fundamentales: 1) La cualidad irreal b aparentemente no pretende sino impresionarnos de modo Z, de manera que, a primera vista, se trata de una pura irrealidad que, no sabemos cómo ni por qué, resulta emocionante, esto es, poética. De esta primera propiedad de las visiones, viene, como he insinuado, el error de creer que ciertas expresiones de la poesía contemporánea sólo tienen sentido poético, no reductible a lenguaje discursivo.

Cuando, por ejemplo, Antonio Deltoro,en su poema Rumiantedice, “En la sequía/ masco mis huesos/y en primavera, /ante las fauces, /la yerba fina”, la cualidad irreal b es la improbabilidad de que alguien masque sus propios huesos. Esto nos admite una realidad distinta, sugerente. Se utiliza como un concepto que ayuda a evocar un ambiente poético. Y es una alusión más allá de la metáfora tradicional porque es una acción, aunque improbable.

2) Pero un análisis de nuestra emoción, y a posteriori, por tanto, de ella, descubre siempre un lazo entre lo irreal b y ciertos ingredientes reales a1a2 a3… de A, a cuyo conjunto podemos denominar “significación irracional” de b.

Utilizando el poema anterior entonces descubrimos el temporal real del poema en su primera instancia que es la sequía, podemos atribuir de ello que el hecho de mascar los huesos probablemente sea por una pobreza, ya que es el escarbar del personaje dentro de sí, probablemente por carencia de alimento ya por el contexto de la estrofa, remarca entonces el fenómeno del hambre, lo dimensiona con la voracidad de su cuerpo. Después el personaje siente en la primavera la amenaza depredadora referida por las fauces, ya no siente el miedo al hambre insatisfecha, ahora es por la amenaza del depredador en busca de su propio alimento. El personaje ve su comida pero es consciente del peligro.

3) Mas esos ingredientes o “significación irracional” de b no aparecen nítidamente en el análisis, sino con una difuminación o imprecisión que justamente caracterizan a las visiones. Quiero decir que donde no se da esa niebla y percepción brumosa no hay visión, aunque formalmente parezca ésta existir.

Entonces, el mascar los huesos, nos contextualiza el hambre del personaje que sólo en ese momento se suscita como después dice en el mismo poema, “…mascan mis sueños/ la yerba fresca, /la yerba fina /y mi esqueleto /la pesadilla”, la idea de mascar los sueños es una contextualización irreal que funciona para acentuar la ausencia del alimento. Este rompimiento de la realidad es esa nubosidad que altera el sentido. Nunca se menciona al herbívoro y al carnívoro pero quedan supuestos sus roles. En el último verso donde posibilita la forma de que los huesos masquen la pesadilla insiste en esta demarcación del sueño, choca dos realidades para fundamentar un deseo con tiento señalado, un sentimiento constante de acoso.

Aquí no entro en contrariedad con Bousoño al decir que la “significación irracional” no aparece en el análisis, pues alguien podrá referir a la angustia además del hambre, o el desasosiego. Pero intrico el análisis de las diferentes realidades, cuando se da el caso ya que en este poema sólo hay pocos ejemplos que circundan una misma escena, para poder sacar posibilidades expresivas del texto. Y dejar de lado el intuitivismo antes mencionado.

Entonces notamos que la realidad del texto y la realidad tangible son diferentes. La realidad del texto que más se acerca a la realidad tangible es el primer parámetro de empatía con el lector, pues coincide con su conocimiento. Al transgredir la primera realidad del texto comienza la dimensión significativa. De A y sus derivados a1 a2 a3 de la realidad se contrastará b con sus cualidades propias por sí mismas, aunque diluidas en el contexto. De igual manera puede que la primera realidad A atribute no a b sino a su misma realidad. Entonces, las visiones suponen una lógica del texto por el texto mismo. Leyes de lógica que pueden romperse para dar proporción expresiva. La estilística entra en el marco intencional de estas derivaciones de la realidad específicas. Y así como de un hecho concreto se puede sacar deferentes formas de tratamiento poético, el desarrollo que demuestre el autor será el que crea su realidad textual, pero también una dimensión del mundo tangible.

La visión de José Gorostiza y Juan Ramón Jiménez

Los primeros poemas, Romance por parte de Gorostiza y el poema 41 de En la soledad sonora de Juan Ramón Jiménez, a analizar de los autores en la categoría de la imagen coinciden por análoga formación. La consecuencia del desarrollo de los poemas, teniendo en cuenta que cada poema, aunque su funcionalidad primera es más direccionada al lenguaje, también, cumple o sugiere una estructura narrativa, resultan en una manera particular de soledad.

Ambos textos someten a un personaje o voz enunciativa en relación con la soledad, por la partida en el caso de José Gorostiza y en suerte de fugacidad con Juan Ramón Jiménez. Ayuda al análisis que ambos autores escriban sobre un mismo concepto, definir de qué manera se extrae este concepto desde el texto necesita mayor precisión.

La soledad puede desarrollarse en el texto como ambiente o como estado de la función enunciativa. Cuando el concepto generador del texto se desarrolla y se concluye según su significación entonces forma parte de la función enunciativa del estado, dimensiona la primera sensación ante los demás fenómenos referidos que se caracterizan para subrayarlo o diversificarlo, el concepto queda claro desde el principio. El concepto como ambiente es el caracterizador de los fenómenos, de ahí la concreción alusiva del concepto. En el caso de Gorostiza su poema construye el concepto soledad desde la función enunciativa del estado, su personaje refiere su condición. En el caso de Jiménez el concepto se desarrolla como ambiente, quien lo genera. Empezaremos el análisis con el poema Romance de José Gorostiza:

Romance

La niña de mi lugar

tiene de oro las cejas,

y en la mirada, desnudas,

las luces de las luciérnagas.

 

¿Has visto pasar los barcos

desde la orilla?

Recuerdan

sus faros malabaristas,

verdes, azules y sepia,

que tu mirada trasciende

la oscuridad de la niebla

–y, más aún, la ilumina

a punto de transparencia.

 

¿Has visto flechar las garzas

a las nubes?

Me recuerdan

si diste al aire los brazos

cuando salimos a tierra,

y el biombo lila del aire

con tus adioses se llena.

 

Y si cantas –canta, sí–

tu voz anuda mi ausencia;

mástiles, jarcias y viento

se confunden con tan lenta

sencilla sonoridad,

con tan pausada manera

que no sería más claro

el tañido de una estrella.

 

Robinsón y Simbad, náufragos

incorregibles, ¿mi queja

a quién la podré confiar

si no a vosotros, apenas?

Que yo naufragara un día.

¡Las luces de las luciérnagas

iban a licuarse todas

en un hilo de agua tierna!

El poema inicia con el enunciador del poema que refiere la existencia de una niña rubia, el elemento que rompe la realidad y nos brinda esta cualidad metafórica es cuando se menciona que “tiene de oro las cejas”. La niña del poema es similar a la que existe en el poema de Jiménez y en ambas se resalta la mirada como un medio derivativo (nos alude y transforma elementos poéticos) en el poema, “en la mirada, desnudas, /las luces de las luciérnagas”, “que tu mirada trasciende /la oscuridad de la niebla /-y, más aún, la ilumina /a punto de transparencia”. La mirada como elemento poético se presta a diferentes tipos de interpretación (reguladas por el texto, estrechando sus posibilidades). La niña es pureza, inocencia, la mirada en los poetas reconcentran la soledad enunciada tanto como en el maestro mexicano y ambiental como en el maestro español.

Para esclarecer la función enunciativa tenemos dos ejemplos en este poema, cuando Gorostiza escribe “Y si cantas –canta, sí– /tu voz anuda mi ausencia ”, es la voz refiriéndose sin necesidad de deducción su estado. Cuando el poema interpela directamente al lector la condición del texto, cuando se pregunta el sujeto de la realidad poética y devela el sentido, es esta forma de función. Los cuestionamientos “¿Has visto pasar los barcos desde la orilla?”, “¿Has visto flechar las garzas a las nubes?” y “¿mi queja/a quién la podré confiar/si no a vosotros, apenas?”, contextualizan y hacen particularidades de la sensación de aquél “tu voz anuda mi ausencia”. Es el padecimiento con sus figuraciones, necesidades. Existe también el ambiente pero es contextualizada con esa soledad “anudada”, palabra que abre el campo de una sensación que acumula su dispersada esencia gracias a la voz de la niña. Tenemos entonces las preguntas como especificaciones donde puede existir esa dispersión entre la naturaleza de la sensación en el poema.

En Romance Gorostiza está siguiendo la línea de su libro Canciones para cantar en las barcas, cantos y construcciones con formas populares utilizadas en las cantigas de amigo de los trovadores galaico-portugueses y sirviéndose del romancero español. El puerto, las barcas, la lejanía, el mar, la mirada, la orilla, son elementos que refuerzan esta tradición y el ambiente general del poema. Negar de la pomposidad modernista para rebuscar e innovar formas clásicas fue la primer tarea impuesta por Gorostiza. Los poetas aquí estudiados tienen una importancia capital en el color de las imágenes, son coloristas de versos. El ambiente y su color están inherentemente delineados el uno con el otro, aunque existan poetas que construyen el ambiente sin colorearlo aquí no sucede eso.

La visión que presenta Carlos Bousoño como esa aportación irracional a formas estrictamente racionales, como nuestro primer enlace empírico, resitúa la percepción de un texto literario, poema en este análisis, como la interpolación de la realidad tangible del lector con la realidad superpuesta del autor. Entonces comprender un texto, junto con las manifestaciones, particularidades y sentidos, resultan ser la explicación de la realidad presentada por el escritor. El color, el espacio, los objetos, la manera enunciativa como la función generadora del discurso o del ambiente resultan la realidad irracional, la visión expuesta por Bousoño, que es nuestra realidad operativa en el análisis. Al Gorostiza recargar la carga de sentido en un sujeto que a través de la mirada de una niña y de su canto delatan una soledad que de pronto se anuda, demuestran elementos estilísticos generativos del autor, cierta intencionalidad, demarcación restringida en el texto.

El enunciador de Gorostiza cuando se pregunta, “¿Has visto pasar los barcos desde la orilla?”, y contrapuntear con “Recuerdan/sus faros malabaristas,/verdes, azules y sepia”, crea asociaciones que antes no existían. Los “faros malabaristas” suceden con una suerte de acotación irracional, es inexistente, junto con el contexto arrastra su significado y lo combina a un nuevo campo semántico que permiten ambos sus proporciones. Los barcos se ligan con el faro prestidigitador y sus colores, aunados a la vista de la niña hasta su “transparencia”.

Vivir, recrearse, en la realidad irracional, los elementos que exponen, ligados al concepto, es entender la expresión poética. Gorostiza utiliza en este poema la función enunciativa del estado como discurso, trazo perceptivo y generador del poema. En este poema la función de los elementos, su “biombo lila del aire/con sus adioses se llena”, remarcan una caracterización de la soledad, una irrealidad donde quien se queda solo encuentra esa niña rubia, “Las luces de las luciérnagas/iban a licuarse todas/en un hilo de agua tierna” que son su mirada. Y en esta forma de envolver el concepto queda el rastro del barco que se retira pero manifestado de forma aludida, no directa, “en un hilo de agua tierna”. Forma curiosa de otra forma aludida, de la naturaleza siempre ambigua del poema, porque al mencionar el “hilo” que deja el barco tras de sí, el campo semántico de de la costura nos recuerda al ovillo, entonces ese hilo que se extiende remarca la lejanía pero también la soledad como consecuencia de un instante prolongado y constantemente consecuente. Ello en el último verso, propósito que nos ayuda a desarrollar una idea más concreta de la visión del autor.

El poema 41 del libro “En la soledad sonora” de Juan Ramón Jiménez comparte puntos con el Romance de Gorostiza:

41

Malvas, rosadas, celestes,

las florecillas del campo

esmaltan la orilla azul

del arroyo solitario.

 

Parece como si una

niña perdida en el prado,

con sus ojos dulces las

hubiese ido regando…

 

La brisa juega con ellas…

¡Oh, qué olor! Un dulce bálsamo

se derrama sobre el alma

taladrada de cuidados;

y, un instante, se la lleva,

plácidamente, a un remanso

donde sueña eternidades

el diamante soleado.

 

Tiene el alma, el aire de oro,

de las estrellas del campo;

celestes, rosadas, malvas,

tus sombras pasan, soñando…

Ahora no es la función enunciativa del estado quien desarrolla el concepto sino la función enunciativa del ambiente como la condición de la percepción, no existe un enunciador que viva directamente la realidad en el poema sino que sólo existe esa realidad. El poema trata ahora de la soledad del alma, sus vicisitudes sensibles, sus individualidades. Se envuelve el poema y sus recursos con mismos recursos pero delimitados de diferente forma que en los vistos en Romance de Gorostiza: los colores, la niña, la estrella, en vez de el mar y los barcos tenemos el arroyo, formaciones ambas del agua, el aire distintamente coloreado (no de lila sino de oro –ayudándonos a establecer los distintos tiempos en el texto).

El poema inicia con los colores de las flores de un campo que rodean la zona de un arroyo “solitario”. Tenemos una ubicación espacial específica, en el poema de Gorostiza el primer elemento es la niña, a través de ella la estructura del poema. Jiménez menciona que “las florecillas del campo/esmaltan la orilla azul/del arroyo solitario”, existe el escenario y el arroyo con función inevitable de sentido simbólico, ya sea de la tradición oriental (Siddhartha) o con la griega (Heráclito), denota la constante fugacidad del tiempo. Cuando el elemento del tiempo representado en el arroyo lo ornamenta con las “florecillas” que lo “esmaltan”, se plantea una imagen bella, una individualidad de las formas en la naturaleza, su apreciación. La poesía pura, menciona Alfonso Reyes, es el parecer no decir nada o esa pureza retórica que Octavio Paz adjudicaba a Juan Ramón Jiménez. El poema inicia como un cuadro.

La función de la niña cambia en este poema pues no es la referente de la voz enunciativa, es un mero recurso de significación poética, una alusión al paisaje porque “Parece como si una/niña perdida en el prado,/con sus ojos las/ hubiese ido regando…”, de nuevo la mirada de una infante resalta el estado pero esta vez no el de la soledad por la distancia sino de la belleza casual, producida infantilmente en el campo. Además por una niña “perdida”, precisión de la no rigurosa proporción estética de las flores, sólo son.

El poema al ser un juego o reproducción de una experiencia que nos sometemos en la lectura cualquier formación será constituida por la percepción. Como no tenemos un estado enunciado no podemos tener una empatía directa con el poema, la observación junto con las transformaciones de lo representado nos ayudan al entendimiento del poema. En la tercer estrofa del poema se coloca el alma entre el paisaje natural, aspecto irracional del poema. Entonces se establece la línea de la percepción y la empatía en el ambiente. La brisa que juega con las flores puede entenderse sigue siendo de la satisfacción del lugar, como una cura incluso, “¡Oh, qué olor! Un dulce bálsamo/se derrama sobre el alma/taladrada de cuidados”. Esa alma “taladrada de cuidados” provoca sinestesia, común en la poesía de Jiménez. El escenario con estos pocos elementos produce la sensación de un ambiente análogo a alguno de Walter Scott, del que tuvieron influencia románticos españoles como José Zorrilla.

Esa alma llevada plácidamente “a un remanso/donde sueña eternidades/el diamante plateado” encuentra un pequeño drama, como la fortuna de la curación, una procuración que padece quien observa el ambiente. Los elementos primeros que resaltan la belleza expectativa se dimensionan por cierta baja línea de tristeza, como en esa niña perdida que pareciera esparció las flores, la brisa como bálsamo y el alma llevada al remanso donde sueña, señalan una tensión no evidente que se libera, el poema es resulta bello por esa sensación de descarga. Por contraste se remarca la sensación, de la suministración de un primer ambiente y después su embate. La ilusión como parte de ese “sueña eternidades” como resultado de la experiencia poética es una ligera controversia dada por la belleza, un ánimo distinto, no desasociado con la naturaleza de la expectación.

El final del poema es la recarga final de todos los elementos ya suministradas en el alma que recreaba el ambiente. Y se da un último diálogo hacia una segunda persona que antes no se había registrado, dice “tus sombras pasan, soñando” pero al mencionarlo no sólo menciona la ensoñación de esta persona sino también de las flores con su adepto celestial, “las estrellas del campo”, y del alma. Por último se da el color oro en el aire como en Gorostiza se daba el lila. “Tiene el alma, el aire de oro/de las estrellas del campo,/celestes, rosadas, malvas,/tus sombras pasan, soñando…”, todo termina como cuajado en el remanso. Los elementos del poema se transforman y transgreden. Esta similitud tienen Gorostiza y Jiménez, una misma sinestesia.

 

*Estudiante de 8o Semestre de la Licenciatura en Letras Hispanoamericanas

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