Los efectos del Covid-19 en los grandes proyectos científicos

Hace poco más de un año, la colaboración internacional Telescopio Horizonte de Eventos (EHT) impactó al mundo con la primera imagen de un agujero negro. En ella se muestra por primera vez el horizonte de sucesos u horizonte de eventos que poseen estos fascinantes objetos. El horizonte de sucesos es la línea divisoria fatal que separa a una región del espacio de nuestro universo y es la que da nombre al experimento. Sin duda esta imagen es una de las más trascendentes en la historia de la ciencia.

Los datos que permitieron reconstruir al agujero negro supermasivo que se encuentra en el centro de la galaxia elíptica M87, a 55 millones de años luz de nosotros, fueron tomados en abril de 2017 en una campaña internacional con ocho telescopios, entre los que se contó con la participación de México a través del Gran Telescopio Milimétrico. El instrumento mexicano es el de mayor diámetro de los ocho que se ubican en diferentes países, de manera que la contribución es de gran relevancia.

Para este año, el experimento EHT tenía programado tomar datos nuevamente, ahora con un telescopio ampliado a once observatorios, sin embargo, la pandemia de Covid-19 orilló a la colaboración internacional a suspender la observación del cielo a finales de marzo y se propuso esperar a la primavera de 2021 para un nuevo avistamiento coordinado.

Por ahora se continuará con el análisis de los datos adquiridos anteriormente y en su programa a futuro intentará recrear una imagen del centro de nuestra galaxia, -Sagitario A*, que es el agujero negro supermasivo en la Vía Láctea-, así como de las otras galaxias activas: Centauro A, OJ 287 y NGC 1052. 

Hace un par de meses, la colaboración publicó un espectacular video de la estructura elongada en dirección perpendicular al chorro de radiación que sale del agujero negro supermasivo 3C 279 en la constelación de Virgo. Este objeto había sido usado para calibrar las mediciones anteriores, y ahora el análisis de los datos ha revelado este nuevo fenómeno en la cercanía del gigantesco hoyo negro. Que salga radiación en dirección perpendicular a como lo hace la mayor parte de materia y energía es algo que no se conocía.

Por su parte, el acelerador de partículas Gran Colisionador de Hadrones del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) en Ginebra, Suiza, tenía programado reiniciar actividades en mayo de 2021 pero los trabajos de mantenimiento sufrieron retrasos serios como consecuencia de la pandemia de Covid-19 y ahora el acelerador considera retomar operaciones hacia el otoño de 2021, es decir cuatro meses después de la fecha original.

Los otros aceleradores del CERN retomarán sus actividades gradualmente a partir de diciembre y los experimentos del Gran Colisionador de Hadrones volverán a tomar datos en marzo de 2022.

El equipo mexicano que trabaja en el proyecto A Large Ion Collider Experiment (ALICE) prepara dos estaciones de detección para ser instaladas en enero. Las dificultades para viajar a Europa colocan una presión fuerte en el equipo que está viendo la manera de cumplir con el calendario.

Mientras tanto, los experimentos Aparato Toroidal del LHC (ATLAS) y Solenoide Compacto de Muones (CMS) dieron a conocer la observación de la desintegración del bosón de Higgs en dos muones. El bosón de Higgs es la partícula descubierta en 2012 y fue la razón para el Premio Nobel de 2013. La manera de desintegrarse en dos conocidos muones verifica su identidad y da nuevas pistas para su mejor comprensión.

El Observatorio de Ondas Gravitatorias por Interferometría Láser (LIGO), que anunció en 2016 la detección de ondas gravitacionales y que fue reconocido con el Premio Nobel en 2017, suspendió a finales de marzo la tercera etapa de observación como consecuencia de la pandemia. El final de este periodo de observación estaba originalmente programado para finales de abril, pero los estragos de la contingencia llevaron a detener antes de tiempo la adquisición de datos. Sin embargo, en el tiempo que estuvo operando logró captar cincuenta y seis eventos de ondas gravitacionales, es decir, cinco veces más de lo que había visto en las primeras dos etapas de adquisición de datos.

En junio la colaboración LIGO anunció el avistamiento de un objeto misterioso. Sabemos que cuando una estrella muere acabará siendo una estrella de neutrones o un agujero negro dependiendo de la masa que tenía en vida. Las estrellas de neutrones más pesadas que se conocen tienen una masa del orden de 2.5 la masa de nuestro sol, mientras que los agujeros negros más ligeros tienen 5 masas solares.

Los especialistas han planteado que, entre las 2.5 y las 5 masas solares hay un “hueco de masas”. Sin embargo, LIGO acaba de observar las ondas gravitacionales ocasionadas por un objeto con 2.6 masas solares, es decir, con una masa en el “hueco de masas”. Este objeto se fundió con un agujero negro que poseía veintitrés masas solares y la radiación gravitacional llegó hasta el detector en agosto de 2019. Con la fusión de estos dos objetos se formó un agujero negro que se encuentra a 800 millones de años luz de nosotros.

La publicación científica reportó a finales de junio la evidencia del objeto con una masa inesperada. El anuncio desafía nuestra comprensión de la evolución de las estrellas y nuestro conocimiento de cuerpos muy densos.

No cabe duda de que la crisis de salud perturbó todos los aspectos de la vida en el mundo entero: la actividad científica no fue la excepción.

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