Los orígenes de lo fantástico en las letras mexicanas

Por Ángela Anzo

El género fantástico es un ejemplo privilegiado para ver algunos de los procesos que tienen lugar durante la formación de una literatura, así lo refirió Sergio Hernández Roura a través de las redes sociales del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM, al ser parte de las charlas virtuales «Ratones de Biblioteca III».

El académico e investigador habló sobre los orígenes de la literatura fantástica en México, partiendo de la idea de la complejidad en este campo de estudio y el proceso de desarrollo de los autores que cultivaron este género en el siglo XIX. Explicó que el adjetivo fantástico fue acuñado por los primeros traductores de las obras Fantasías a la manera de Callot, de E.T. A Hoffmann, entre ellos Jean-Jacques Ampère, quien habló por primera vez sobre lo «maravilloso cotidiano».

«El gran cambio que supone la aparición de Hoffmann es la ubicación de los sucesos extraordinarios en ambientes cotidianos, es decir, ocurren en el Berlín de aquel entonces, en el mismo momento en el que él está escribiendo. A este escritor le interesa mucho la dimensión interior y psicológica de los fenómenos, podemos encontrar en muchas de sus obras alusiones y referencias al magnetismo, la alucinación y los estados alterados de la conciencia, lo que le da un carácter onírico».

Detalló que el estudio de este género es interesante, ya que en un principio es un modo extranjero que surge en Alemania en el siglo XIX, por lo que se considera totalmente ajeno a la cultura hispánica y mexicana, pero a partir de 1815 hay una apertura a las obras extranjeras, lo que permitió el arribo de obras de autores alemanes, ingleses y franceses; entre ellos Schiller, Goethe, Schiller, Richter, quienes van a ser un acicate a la imaginación mexicana.

«Esto puede llevarnos a una reflexión muy interesante, es imposible pensar que las literaturas se desarrollan aisladas y ajenas a lo que acontece en otras latitudes, las diferentes literaturas se van construyendo por los intercambios, el flujo de ideas y la transmisión de modelos», agregó el doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Autónoma de Barcelona.

Por último, refirió que este género llega a México 1840 con Hoffmann, acompañado con la aparición de adjetivos como pavoroso, fantástico, raro, grotesco, extravagante, delirante, siniestro, onírico, espeluznante o aterrador; los primeros indicios están en las traducciones y la obra de José María Roa Bárcena, y la línea paralela que tiene que ver con el rescate de leyendas representada con autores como Guillermo Prieto, Casimiro del Collado y Manuel Payno.

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