Cultura

NOVELA: El Benigno de Minán

Por Alfonso Martínez Mayorga 

El despertar del Homo

Parte VIII

Satisfechos con el matemático, y con tal de no dejar ningún cabo suelto sobre el vacío que durante siglos ha tenido la cuestión de la doble realidad del Homo sapiens, los implacables alumnos lograron interesar al padre de Cirito, y ahora todos juntos se dieron a la tarea de localizar otro especialista, en esta ocasión, debía tener amplios conocimientos para responder a una pregunta muy singular y contrapuesta a la eterna pregunta filosófica sobre ¿Quiénes somos?; en cuyo caso la pregunta era: ¿Quiénes somos biológicamente hablando?

Estaban convencidos que el portador de tal conocimiento debía ser un antropólogo calificado, habían llegado a la conclusión de que primero tenían que resolver y tener muy claro ese asunto de la mente y sus procesos, es decir, de la realidad biológica, antes de pasar a las cuestiones psicológicas…

Al cabo de unos días, descubrieron al renombrado profesor de Antropología que buscaban, el cual los había citado en uno de los jardines del campus, al pie de un frondoso árbol con un tronco grueso y gigantesco, aunque no tanto como los baobabs de África pero sí muy considerable. Con la ayuda de Dorante padre, sortearon todas las dificultades que pudieran surgir para llevar a cabo su empresa, sobre todo, realizar el viaje hasta la ciudad donde se encontraba el ilustre científico.

Una vez en el lugar acordado e inmediatamente después de las presentaciones, el reconocido profesor investigador de la prestigiosa Universidad “H”, inició su exposición como sigue:

–Señoras, Señores y… pequeña concurrencia–, dijo observando con intriga la presencia de los niños, quienes se veían más atentos a sus gestos que a sus palabras, …Estoy al corriente sobre el asunto que desean resolver, espero brindarles la suficiente información para sus fines. Empezaré diciendo que la Antropología es la ciencia que trata de los aspectos biológicos y sociales del Homo sapiens–, luego de haber dado su definición, asintió con la cabeza y dijo complaciente: –créanme que hubiera dicho “Hombre”, pero hoy en día, es preferible referirse al “Homo sapiens”… por la controversia de la cuestión de género y esas particularidades de época…–

–En el pasado, el género Homo fue más diversificado, durante el último millón y medio de años incluía al menos seis especies confirmadas ya desaparecidas. Desde la extinción del Homo neanderthalensis, hace 28,000 años y del Homo floresiensis hace unos 50,000 años, y las más recientemente descubiertas por la genética, como el Denisovano y el Naledi; el Homo sapiens es la única especie del género Homo que aún perdura, y créanme, no me sorprendería que se descubrieran otros parentescos cuyo ADN fuera igual o ligeramente diferente: como el Homo intĕger que sugieren, el cual sería el primero que ha sido descubierto por evolución psicológica–, y sin dar ningún respiro prosiguió…

–A partir de la décima edición de Systema Naturae se reemplazó a los cuadrúpedos por los mamíferos, y como primer orden de estos, se colocó a los primates, de los cuales el homo sapies ha estado a la cabeza. Linneo fue quien realizó esta gigantesca labor, tuvo entre sus méritos el dar origen a un nuevo e inmenso campo epistemológico, el de la Antropología.

Pese a que sólo se limitó a enunciarlo y no lo cultivó, a él tendrán que remitirse todos los científicos posteriores, tanto para retomar sus definiciones como para criticarlas. Si mal no recuerdo, fue en 1758 cuando se definió al Homo sapiens linneano como una especie diurna, que cambiaba por la educación y el clima–

–¡Ahora bien! si hacemos un resumen de las jerarquías en que hemos sido clasificados hace más de 250 años, tenemos muy claro que somos del Reino animal; del Género homo y de la especie Homo sapiens, y si fusionamos, alegóricamente hablando, estos tres términos resulta que somos: “animales homos que razonan”–

–¿Qué tan cierto es todo esto…?–, interrumpieron al unísono los pequeños.

–¡Vaya!, está por demás decir que mis fuentes son fidedignas y de primera mano, ya que estamos hablando de datos estrictamente aceptados por la gran mayoría de estudiosos en todo lo largo y ancho del planeta–, respondió con algo de hilaridad e indignado, pero a la vez conforme de la pregunta, ya que una celebridad de su talla está acostumbrada a las disertaciones contrapuestas… continuó diciendo:

–Si bien, es cierto que hay quienes han propuesto otras connotaciones, por ejemplo homo faber, “hombre que fabrica”; así como homo ludens… Sócrates decía que somos animales políticos, también existen sugerencias como homo sapiens sapiens y hasta tres veces sapiens, incluso algunos han propuesto incluir al chimpancé y al bonobo dentro del mismo género homo, pero éstos intentos no han sido del todo aceptados, así que, podemos estar seguros que lo que hemos expuesto se considera cierto ¡y punto!–, concluyó en tono aprobatorio.

–Entonces, ilustre científico, no hay problema si nombramos a alguien como “animal racional”–, preguntó Lina.

–¡Todo depende… todo depende mi pequeña!, en este mundo los problemas suelen ser más inventados que naturales.–

–Cuando alguien dijo que la función sustenta la estructura social del homo sapiens, importó más el contenido, lo material, lo que es funcional para un organismo completamente biológico, sin tomar en cuenta lo que es esencial para su crecimiento espiritual ¡ahí está el riesgo!–, contestó meticulosamente y con toda la experiencia conquistada en tan numerosos y acostumbrados debates que solía tener…

–Lo cierto es que antropológicamente somos “homo”, y también somos “animales racionales”, porque es la evolución biológica DEL CEREBRO–, puntualizó como algo importante, –…la que nos caracteriza, especialmente la estructura del neocórtex. Aunque si consideramos La Consciencia Psicológica, tendríamos que aceptar la existencia del Homo intĕger–, concluyó más bien para sí al cabo de un instante.

–¡Entonces el cerebro o la mente es lo biológico!–, afirmó sorprendido Cirito que estaba tan atento a la plática como embelesado.

–Pues, creo que es correcto decir que hemos estado acostumbrados a llamar “mente” a la potencia del cerebro, a sus procesos en conjunto–, reiteró Lina, quien permanecía sorprendentemente menos atenta que su compañero Cirito, abstraída en los maravillosos paisajes y edificios de la Universidad “H” que visitaban.

Sin hacer ningún comentario sobre lo dicho por tan infante niña, porque para un riguroso científico “infante” significa “no saber hablar”, y eso a su vez, implicaría que aún no saben expresar su pensamiento, así que el antropólogo continuó…

–Según entiendo, debemos suponer que este resumen que presenté hace un momento, el de la clasificación de los seres vivos, está ampliamente aceptado y por lo visto, seguirá siendo, biológicamente un gran sustento para la Antropología, hasta el fin de nuestra especie. Por el momento, no estamos tratando ningún aspecto de otra índole, es decir, las ciencias como la Antropología, la Etología e incluso la Medicina observan aspectos biológicos y funcionales… pero, creo que deberíamos tener más en cuenta la evolución de la consciencia psicológica para entender nuestro comportamiento de manera integral, ya que también poseemos una consciencia más allá de la mente que nos da un propósito diferente al Reino animal–, el Antropólogo seguía cavilando es esas direcciones…

–En ese sentido, la Psicología es la filosofía del buen vivir, es decir, de las relaciones sanas y armoniosas, y sería la única que se diferencie, ya que se encarga del estudio del alma, de la fuerza espiritual que Ustedes han traducido como la consciencia de vida, aclarando que su manifestación objetiva se puede apreciar en las conductas genuinamente humanitarias.– Refirió el Antropólogo más emocionado que convencido, con el debido respeto a su inhabitual y pequeña audiencia, confirmó su aprobación a los textos introductorios que con anticipación había recibido de sus interlocutores.

–Sí, y lo espiritual es simplemente lo que no es biológico, y es por tal razón que lo espiritual en nosotros se ve a través de la consciencia, y la consciencia es el sustento de lo psicológico–, agregó Naura en una pausa como fabricada exprofeso para su intervención…

Haciendo una mueca de aprobación, el ilustre profesor e investigador de Antropología tuvo que reconocer que ¡hay dos conciencias! una biológica y otra psicológica3, y que por cierto, se originan por evoluciones diferentes. Entonces, anunció que iba a salirse un poco del tema, pero en realidad lo hacía para esclarecerse él mismo aquellos puntos más profundos, que casi no se observan con la lente de las ciencias a las que estaba acostumbrado…

–Empiezo a valorar este factor psicológico tan importante en el comportamiento de nuestra especie­–, decía para sí…

En alguna ocasión en su vida de estudiante, recordó haber leído algo sobre asuntos psicológicos tradicionales… Ya sea en su interacción individual y social, la psicología es importante para rescatar nuestra consciencia espiritual, pero para poderla valorar, tendríamos que dejar de pensar que la psicología es la ciencia de la vida mental, tanto de sus fenómenos como de sus procesos, considerando como tales los sentimientos, emociones, deseos, cogniciones, razonamientos y eventos similares; así como la conducta resultante de los pensamientos producidos por la mente.

La psicología unitaria4 ha propuesto un parámetro absoluto para explicar y hacernos comprender quienes somos y la manera en que pensamos y actuamos. Es precisamente “lo humano” la respuesta y a la vez la síntesis de las diversas teorías que se han formulado. No obstante, seguimos discurriendo que sin una mente “saludable y estable” no puede haber un comportamiento “sano y constante”, pero lo que no hemos sido capaces de diferenciar, es que la mente no determina la “salud mental”, tampoco el cerebro ni sus procesos, hay algo que influye sobre la mente y ese algo es una cualidad que va más allá de lo biológico, ese algo es nuestra consciencia psicológica, una consciencia de vida más trascendental por la sencilla razón de que influye sobre nuestra mente.

–Por tanto, ¡siempre ha sido, es y será sólo a través de nuestra consciencia psicológica que podemos establecer y mantener nuestra salud mental!–, gritó sorprendido e impresionando a los expectantes escuchas, para luego continuar en tono bajo pero melodiosamente en crescendo

–La evolución de la consciencia, es el más importante acontecimiento en la evolución del Homo sapiens, y una vez que seamos capaces de experimentar y asimilar en carne propia esta experiencia, podríamos estar seguros que hemos iniciado la trascendencia espiritual, siendo motivados por una fuerza diferente a lo físico, a lo mental, en eso consisten las dos realidades en la vida de cada individuo de nuestra especie, en eso consiste el despertar del Homo… y podemos bautizar estos tiempos caóticos con el siguiente lema: “El Siglo del Despertar del Homo”–, anunció ceremoniosamente el antropólogo invadido de una nostalgia ancestral que lo dejó inmóvil y en posición retórica, como si lanzara sus palabras al cosmos… luego, tras un momento de profunda ausencia, retomó su postura acostumbrada y prosiguió…

–En definitiva, biológicamente somos del Reino animal; del Género homo y de la especie Homo sapiens

–Y psicológicamente nos comportamos como animales racionales; personas y humanos, porque esa es la clasificación que resulta cuando proponemos un parámetro absoluto para medir nuestra trascendencia psicológica, esa medida universal es “lo humano”, pero ahora definido como un estado absoluto de consciencia, pero de consciencia psicológica, hacia la vida misma, aquella que nos hace respetar genuinamente toda forma de vida y ecosistema.

–En otras palabras, es posible medir qué tan conscientes somos, qué tan humanamente nos comportamos y entonces, la diferencia entre nosotros, “los homos” es pues, sólo una cuestión de “grado de humanidad”–, puntualizó Naura, atreviéndose a hacerlo aprovechando un momento de respiro que se propinó el antropólogo …antes que éste retomara el aliento continuó diciendo…

–Así, ambas realidades no están peleadas ni compiten, son complementarias y debemos tener muy presente que nuestra consciencia psicológica enriquece nuestra vida espiritualmente, y la biología nos provee de las herramientas para pensar, razonar y competir–.

–Si no trasciende la consciencia sobre la mente, no podemos esperar resultados humanitarios en las relaciones ¿correcto? profesor–, puntualizó Naura con una mirada delicadamente irrefutable dirigida sobre el antropólogo.

–Estimada Señora, la presteza con la que ha hablado acompaña la verdad que encierran sus palabras, creo que vamos por el mismo camino–, contestó pausadamente el profesor y sin más preámbulos, concluyó…

–Espero haberlos podido ayudar en su cometido, les agradezco esta oportunidad para conversar sobre algo que pocas veces reflexionamos los antropólogos de inclinación, en mi caso, procuraré no dejar de lado la cuestión espiritual en mis próximas reflexiones sobre nuestro origen… que más bien deberían apuntar a nuestro final para crear conciencia… ¡muchas gracias!–, y levantándose del agradable recinto donde se encontraban, dio media vuelta y fue desapareciendo tras las miradas de los satisfechos viajeros, que sin más, se dieron la tarea de recorrer el campus, visitar algunos otros destinos turísticos para disfrutar y enriquecer su estancia.

A pocas semanas de su regreso, en una fresca mañana y agradablemente nublada, la familia Tamez se percató de una sorpresa que los entusiasmó, recibieron un paquete con sello de la Universidad “H”, contenía una publicación de cierta revista científica, con una creciente emoción observaron anunciada la invitación a un Foro Internacional, convocado ni más ni menos que por el Antropólogo para tratar el asunto sobre la unificación y cambio de paradigma del término “humano”, el objetivo principal consistía en reunir investigadores de todas las áreas para apoyar su movimiento a favor de la validación formal de un nuevo Reino en la taxonomía de los seres vivos: el Reino Humanus, además de una nueva especie de homo: el Homo intĕger

–No me sorprende–, dijo Naura…

–¿Cómo pretendemos humanizarnos si no damos crédito a lo que es un verdadero humano?–

–Es preciso aceptar como hecho científico la evolución psicológica de la consciencia, aún seguimos desacreditando el trabajo espiritual de transformarnos para vivir con una mentalidad sana, nos dejamos llevar por el egoísmo y nos identificamos con las cosas, en lugar de con nuestros semejantes…

…Es preciso aceptar que “lo humano” es el sistema universal para medirnos, que un humano con consciencia absoluta es nuestro genuino guía espiritual y que siempre han estado presentes, han sido y son nuestro ejemplo… nuestro parámetro–

–¡Bien dicho! primero tenemos que aceptar que existen, darles una validación formal… luego, se hará evidente el despertar… En verdad se tomó muy en serio lo de “El Siglo del Despertar del Homo–, susurró Dorante padre al tiempo que invitaba a sus “cómplices de la ilustración” a tomar el desayuno.

–¡Bravo!–, gritaron al unísono.

Print Friendly, PDF & Email
Botón volver arriba