ARTÍCULO: Paliacate, un pañuelo mexicano con historia

Por Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda

Un paliacate es un pañuelo grande muy colorido y multiusos, de uso popular en México, el más tradicional es color rojo,  fabricado en de tela de algodón de unos 60 cm²; el pañuelo, del latín pannus, paño, trozo de tela más el sufijo diminutivo –uelo, tiene una historia se remonta a unos VI siglos a.C.,  al menos.  En la Edad Media, con un pañuelo se envolvía la cabeza del fallecido o se cubría su cara, según la economía de la familia, podía ser de lino o seda, blanco o negro, con encajes o de tela basta. Su invención se adjudica a los egipcios, siglos a.C., su difusión a los franceses en el siglo XV y a los ingleses llevarlo en el saco masculino y se le consideró un artículo de lujo, tanto que se fijaban los precios según las categorías sociales, lo mismo de cómo y en qué ocasión llevar un pañuelo e incluso el color, el negro era señal de luto o reto y el blanco paz y prudencia; mas, por ahora, concretémonos en el paliacate, que al fin y al cabo es un pañuelo.

El paliacate, lo mismo que el pañuelo, sirve para limpiarse las manos o sonarse la nariz, es decir, un mocador​ o moquero (DRAE)​; pero es más todavía, porque se puede usar como una mascada o mascarilla que protege la nariz y boca durante ventiscas o tolvaneras y de microorganismos; anudado al cuello absorbe el sudor y protege la camisa o blusa, a la vez, evita que la tela gruesa lastime la piel; un paliacate protege del sol,  colocándolo sobre la cabeza o bajo el sombrero da sombra al cuello en la espalda; es un útil monedero anudando sus cuatro esquinas y en los accidentes puede ser cabestrillo o torniquete en las heridas, bien liado en la muñeca o la mano protege y da fuerza para el trabajo rudo.

Asimismo, es accesorio indispensable en muchos atuendos de danzas y bailes tradicionales y se usa como una corbata, sujeta al cuello por un pasador, usados por quienes cabalgaban por horas o recorren largas distancias, de modo que el pañuelo o paliacate es una necesidad más que un lujo.

Y, aunque el mundo sea un pañuelo, más pequeño cada día y el pañuelo se use menos,  quienes investigan la historia lingüística más de una vez  se han secado el sudor con su paliacate, mientras averiguan el origen de la voz; de la cual encontramos dos versiones:

Una sostiene que se originó en la India, de Pacal hoy Pazhaverkadu, donde se establecieron los portugueses al inicio del siglo XVI y que pronunciaron Pulicat, ciudad famosa por su producción y exportación de textiles a los que dieron el nombre de paliacat; pues, se acostumbraba que las telas llevasen el del lugar de origen, como muselina de Mosul  o casimir de Cachemira.  En la novela “Paul y Virginia”, Bernardin de Saint-Pierre (1820) menciona los mouchoirs (pañuelos) de Paliacate. El estampado del paliacate, también proviene de la India, semeja una  lágrima curvada o almendra y al parecer, los primeros paliacates de algodón o seda llegaron a México en la Nao de China, entre las mercancías clasificadas como ropa hecha, popularizándose durante el periodo novohispano.

No obstante, según Gómez  (2003: 58) el paliacate forma parte de esa mexicanidad, que es resultado del lento transitar histórico por el tiempo prehispánico, novohispánico y actual. A mediados del siglo XIX,  “los paños de paliacate” eran un artículo costoso, se vendían en 3 pesos  (SMGE, 1862: 89), lo mismo que 30 kg de arroz o frijol en 1877 (INEGI, Cuadro 19.1).  Un peso tenía un alto valor y a menudo las piezas se cortaban en dos, cuatro u ocho trozos, que eran resellados para su uso, de ahí la expresión mexicana: ¡No tengo ni un peso partido por la mitad!

La segunda versión sobre el origen de paliacate, se afianza en la mexicanidad del pañuelo “paliacate” y se fundamenta en estar hecho de algodón que se cultivaba en Mesoamérica; entre los presentes que Moctezuma envío a Cortés en 1519, había unas ricas mantas y diferentes “ropas de algodón tan delgadas y bien tejidas, que necesitaban del tacto para diferenciarse de la seda” (De Solís, 1970: 76). Y, en cuanto la palabra, existen varias explicaciones, según una, se  forma con el apocope de para: ¿Pa’ que? – ¡Pa’ la nariz!

En paliacate o “para  la nariz”, el segundo vocablo es Yacatl, nariz en náhuatl, unir ambas palabras origina un mestizaje o hibridismo idiomático, pa’yacatl; asimismo, se supone que en lugar de apocope de para lo es de Palia, voz del latín pallium, un lienzo,  que en el caso del paliacate sería un lienzo para la nariz: Pa’ la yacatl, luego paliacatl  y finalmente Paliacate;  por otra parte, para nombrar un cuadro de tela, en náhuatl se dice No-yacacoyotan,  cuyo significado es que sirve para las narices.  Prosiguiendo en esta línea,  es posible que para formar paliacate se retomó del náhuatl la proposición locativa  Pal, por medio de, cerca de, con, entonces, un Pal-yacatl es algo que se usa para o con la nariz (GDN, Molina, 1571). Por su parte, Corzo, en “Palabras de origen indígena en el español de Chiapas (1978), anota que el pañuelo “de yerba”, paliacate, viene de: Chipalyacatl, formado por  Chipalli, limpiadera, forma sustantivada de chipaua, más Yacatl, nariz, o sea, un limpiador de narices.

Dejamos a ustedes la información sobre estas versiones,  no obstante, desde nuestra perspectiva un mucho subjetiva, es indudable que paliacate es una palabra de México, la escuchamos como un mexicanismo pleno de tradición; el paliacate no puede faltar en los trajes regionales y si gustan, todavía  más mexicana la sentimos al evocar al héroe con paliacate, a José María Morelos, con su garigoleado paliacate amarrado en la cabeza. Se afirma que Morelos sufría de constantes migrañas y sabemos, que para mitigar el dolor se aconsejaba un remedio que consistía en humedecer el paliacate en alcohol con yerbas medicinales, que paliaban el malestar; otros se cubren la cara con él para ocultar su aflicción, que sin paliar el sufrimiento recoge las lágrimas silenciosas; entonces, “canta y no llores”, afirmemos la mexicanidad, agitando el paliacate al viento.

Bibliografía

– De Solís y Rivadeneyra Antonio. Historia de la Conquista de Méjico: población y progresos de la América Septentrional conocida por le nombre de Nueva España, Madird, Espasa-Calpe, Madrid.1970.

– Gómez S.O. Historia de Mexico. Limusa, México. 2003.

– INEGI. Estadísticas históricas de México. Disponible en línea.

– SMGE. Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Vol. 9. 1862.

mirtea@ucol.mx

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