Portar el uniforme (carta de una enfermera desde el frente de batalla contra el Covid-19)…

El siguiente testimonio, a manera de misiva, es producto de una entrevista con una de las enfermeras que viajaron de Colima a la Ciudad de México para apoyar en la primera línea de batalla contra la pandemia de Covid-19.

Por César Barrera Vázquez

Mi nombre completo es María Elena Covarrubias Aguirre. Soy ahora enfermera general en el Hospital General de Zona Número 194, en Naucalpan, Estado de México. Ésta ha sido una experiencia muy diferente a lo que hemos vivido en Colima. La ciudad es mucho más grande que la de nosotros, que la ciudad de Colima. Es difícil salir de guardia y saber que no vas a llegar a tu casa. Que vas a llegar a un lugar en el que nadie te está esperando para recibirte. Esos han sido los momentos más difíciles, tanto míos como los de mis compañeros.

Dentro del hospital nos ha tocado ver muchísima gente ingresando, llorando; muchas ambulancias. Durante toda la guardia llegan fácil, por día, entre 11, 12, 13 pacientes. Un número de pacientes que quizá, yo digo, son muchos para mí porque no habíamos vivido esa experiencia de recibir tantos pacientes en mal estado; pacientes que literalmente tienen 8 o 9 días con los síntomas, pero que no los llevan al hospital hasta el momento en el cual ya no pueden más con su vida. Llegan en una etapa demasiado crítica y nos dejan una tarea difícil a nosotros; es difícil sacar a un paciente de un estado así.

Nos hemos encontrado con gente muy buena en el hospital. Gente que nos ha agradecido el estar allí con ellos, porque ha disminuido su carga de trabajo. Antes recibían entre 8, 10, 11 pacientes por enfermero general. Ahora que llegamos desde Colima y con el apoyo de nosotros, nos dividimos los pacientes: a cada uno le tocan 4 o 5. El número de pacientes disminuyó a la mitad con nuestro apoyo. Sé que va a ser difícil que la gente haga conciencia en esto. Quien no lo ha vivido no tiene ni idea de la magnitud de lo que significa toda esta pandemia.

Creíamos que 2021 iba a ser diferente, pero no: 2021 va a ser algo duro, con una pandemia que vamos a tener que sobrevivir por muchos más meses y quizá todo el año si no nos ponemos las pilas.

Ponerse en los zapatos de otro

Fue por voluntad propia. Platicando en una sesión general que hubo en el Hospital de Zona Número 1 de Villa de Álvarez, los jefes comentaron que la Ciudad de México estaba pidiendo apoyo para los compañeros. La verdad me puse analizar las cosas y me puse en los zapatos de mis compañeros, porque nosotros vivimos algo muy pesado también en Colima. Por eso me puse en sus zapatos y me animé a venir. Al principio dije que sí y ya después me estaba arrepintiendo, porque venía Navidad y Año Nuevo. Después pesó más la preocupación por mis compañeros: me necesitan acá y el instituto siempre ha sido nuestra familia, porque va a ser nuestra área laboral durante 35 años. Estamos agradecidos de formar parte del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Se me dio la oportunidad de vivir una experiencia diferente. Creo que es algo que toda la vida va a estar presente. Es una experiencia que yo, en 20 años, voy a poder contarle a mi familia, a mis hijos -si llego a tener alguna familia-, todo lo que viví durante esta pandemia. Contarles que esa Navidad y Año Nuevo estuve lejos de mi familia para poder ayudar a mis compañeros.

Todo el mundo nos lo dice: quedarnos en casa, salir a las cosas necesarias, nada más, a los alimentos, al trabajo, a la farmacia, a lo que necesitemos de primera mano. Obviamente, consumir en los locales de comida, pero todo para llevar. Si vas a salir hazlo con las medidas necesarias: tu gel antibacterial, tu cubrebocas, llegar a tu casa y desinfectarte, quitarte la ropa que traes.

Despedirte de tu familia

Hay que evitar que Colima llegue a un colapso como en la Ciudad de México. Lo repito: no se compara una ciudad tan grande como ésta con Colima, pero puede llegar a pasar.

Ves muchos lugares, muchos bares, muchos antros abiertos. Creo que la gente que menos hace caso es la de mi edad. Gente joven que piensa que a ellos no les va a pasar nada, pero si nos ponemos a pensar, todos estamos en riesgo aunque seas una persona sana. La patología de este virus llega con todo, ataca con todo, y de un momento a otro, cualquier cosa puede suceder; se pueden desarrollar síntomas débiles o síntomas mayores, así como a llegar a estar intubado y no volver a salir de ese tubo. Lo más triste es no despedirte de tu familia y que tu familia no se despida de ti.

Lo que podemos hacer es no acudir a lugares concurridos, a esos bares que están abiertos. Tener nuestras precauciones, porque quizá pensemos que a nosotros no nos pasa nada por estar jóvenes, pero tenemos abuelos, mamás, papás o quizá hijos que sí les puede pasar algo más grave.

Tengo 4 años de antigüedad en el IMSS. Creo que este tiempo ha sido una etapa muy difícil. Jamás en la vida había vivido una pandemia como tal, y la gente que tiene más antigüedad que yo, tampoco. En Colima duré casi 7 meses con la pandemia y fue muy difícil, más porque Colima es una ciudad pequeña y mucha gente nos conocemos. Mucha gente conocida estuvo internada con nosotros. Gente que se fue a casa y gente que no regresó a su casa. Fue muy triste.

Convivir con el miedo

Todos veníamos con el miedo, pues si no nos contagiamos en Colima, veníamos a ponernos en un riesgo mayor de contagio en la Ciudad de México. Hasta el momento, nadie ha salido contagiado. Llegamos aquí el 23 de diciembre. Somos 29 entre médicos y enfermeros, divididos en diferentes hospitales. Somos pocos los que estamos juntos; cumplimos turnos diferentes: matutino, vespertino y nocturno.

Fue un miedo muy grande. Obviamente nuestras familias se quedaron con el miedo y con el riesgo de que acá es más fácil de que nos contagiemos. El simple hecho de abordar un avión, llegar a un hotel o estar conviviendo con más gente.

Platicando con compañeros de nuestros hospitales, nos hemos dado cuenta que la mayoría de ellos, de la Ciudad de México, han sido positivos a Covid-19. Persona que tú le preguntes, persona que te va a responder con un “yo ya fui positivo, yo fui positivo”. Nosotros en Colima hemos perdido compañeros. Obviamente, muchos han salido positivos, pero no tantos como aquí en la Ciudad de México. Creo que el 70% del personal ya fue positivo a Covid-19.

A nosotros ya nos vacunaron. Nos vacunaron este 26 de diciembre y ahora estamos esperando nuestra segunda dosis, la cual se aplica a los 21 días. Es una prevención para nosotros que estamos en primera línea. Después llegará para las demás personas, para compañeros que no están en primera línea, así como para personas enfermas, adultos mayores, adultos y jóvenes.

Es importante creer en las vacunas porque hay estudios, hay fundamentos y se han gastado miles de millones de pesos. La vacuna es algo seguro, pero no significa que no me vaya a dar Covid. Significa es que van a disminuir, si te llega a dar, los síntomas ocasionados. Son anticuerpos para tu cuerpo.

Código negro

Es algo fuerte. La mayoría de las veces he estado en Urgencias. Ingresan los pacientes y los llamamos “Código negro”, que es cuando el paciente llega prácticamente muerto, sin signos vitales. Son pacientes que tienen 8, 9 días con los síntomas y no se quieren atender.

Eso es lo que más me ha pegado hasta este momento, pues no lo viví en Colima. Me tocó vivir otra experiencia diferente, quizá porque no estuve en Urgencias, pero aquí eso es lo que más se me ha grabado porque es paciente tras paciente tras paciente. No descansan mis compañeros, no descansamos nosotros desde que llegamos, todo por estar con tus pacientes.

Ya no hay muchos recursos. Se están agotando los recursos de tanto paciente que hay. El IMSS nos da pero llega un punto que ya no hay un material para trabajar con los pacientes. Lo que más se agota son las tomas de oxígeno. Hasta el momento, a nosotros no se nos han agotado y hemos podido trabajar con lo que tenemos, pero ha sido muy difícil. Hay comentarios de mis compañeros que se han quedado sin toma de oxígeno y sin oxígeno para los pacientes.

Ha sido una experiencia muy diferente. No hemos presentado ninguna crisis de ansiedad, ni nada, porque creo que nos hemos estado haciendo compañía y nos apoyamos. Después de salir de guardia son las risas, el “¡Ja, ja, ja!”, pero dentro de área laboral es la seriedad, la manera de portar el equipo. Lo cansado es portar el equipo.

Nosotros desayunamos en el hotel. Por ejemplo: si estoy en el turno matutino, desayunamos a las 6:20 de la mañana, porque nuestro camión sale a las 6:40. Llegamos y hacemos como 35 minutos de camino. Entramos al servicio y no desayunamos ni bebemos agua desde las 6:20 de la mañana hasta la 1:30 que salimos del área del Covid.

Eso ha sido también lo más pesado. Sin alimentos nos cuesta un poco más de trabajo porque llega una hora, cuando estás dentro del área Covid y te sientes desesperada, a eso de las 12:30 y 1:30 del día. Quieres agua, salir al baño, comer al menos algo ante la falta de energía.

Siempre lo he dicho: la mayoría de la gente que no entiende es gente de mi edad. Gente joven, que se le hace fácil salir, ir de antro, de peda. A veces entiende más un adulto mayor que nosotros. Todo es cambiar mentalidad y que se pongan en los zapatos de los demás. No ser tan egoístas, porque se llega un punto en que portar el uniforme es cansado, pero lo es más ver a tanta gente sufrir.

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