Colima

Tradición de las empanadas evolucionó a un atractivo turístico

Por Alfredo Ameneyro Castro

La tradición de las empanadas en Colima ha tomado mucha fuerza recientemente y se ha convertido incluso en un atractivo turístico. Sin embargo, su origen no fue registrado por historiadores, cronistas o viajeros. De cualquier forma, se puede dar seguimiento a elementos aislados de esta tradición y observar cómo se fueron sumando y adaptando para llegar a esta fiesta popular villalvarense.

Los primeros frailes misioneros que se establecieron en Colima, a mediados del siglo XVI, fueron los franciscanos; de su primer monasterio se conservan algunas ruinas en lo que fue el primitivo asentamiento de la ciudad, sitio conocido entonces como Almoloyan y ahora como la cabecera del municipio de Villa de Álvarez.

Se sabe que tenían la costumbre de ayudar a toda persona que se acercara a ellos, sin importar su condición; también es probable que entre los primeros oficios que desarrollaron estos frailes se cuente el de panadero; y de igual forma, que las empanadas fueran de uso común para conservar y llevar comida dentro de un pan a fin de facilitar su transporte durante las difíciles travesías entre conventos y monasterios; tan práctica fue esta solución que se encuentra evidencia de empanadas en México, el resto del continente americano y Europa desde hace siglos.

Con el tiempo, se ha elaborado una explicación sobre el significado de las empanadas de Colima, aunque nada nos asegura que así se hubiera considerado originalmente: su característico borde torcido representa el cordón propio de la sencilla vestimenta franciscana, la costra de azúcar coloreada semeja un estigma de San Francisco o bien la Sangre de Cristo, y la forma es el corazón del santo patrono o bien del Hijo de Dios.

En cuanto a la bien apropiada frase “Padrino, mis empanadas”, parece haberse originado en otra que fue muy repetida cuando llegaba a esta entidad la Feria de Todos Santos, hacia mediados del siglo XX, siendo entonces “Padrino, mis perones”, frutos especialmente aromáticos que eran importados de California para esa ocasión. Según alguna de las explicaciones populares, cuando se inicia la construcción del templo de San Francisco hacia 1906, en lo que hoy es el jardín principal de Villa de Álvarez, un padrino de bautizo que era panadero, ofreció estas empanadas a manera de bolo.

Puede ser que, hacia los años 80 del siglo pasado, uniendo estos elementos, un villalvarense haya adaptado la petición de bolo y el ofrecimiento de empanadas; no obstante, hay personas mayores que aseguran que sus abuelos ya decían desde niños la famosa frase.

Desde hace varias décadas es común, en muchas casas, oficinas y negocios de Colima, que los padres y los jefes ofrezcan empanadas elaboradas por varias panaderías, las cuales trabajan este tipo de pan específicamente para el 4 de octubre, fiesta patronal de San Francisco de Asís. Se puede asegurar que esta tradición, se encuentra en un momento de auge; esto es afortunado por la derrama económica que significa para muchas familias, así como por el buen ánimo y generosidad que despierta en el tejido social.

En los últimos años, el gobierno municipal de Villa de Álvarez organiza la Feria de la Empanada en su jardín principal –por lo regular una semana antes y una después del día de San Francisco–, a la que concurren distintos panaderos para ofrecer y concursar con sus recetas propias y diversos sabores, tanto tradicionales como los de coco y leche; o nuevos, como los de piña, cajeta, manzana, chocolate, zarzamora, queso, carne, tinga y muchos más. A esta fiesta popular acuden por las tardes ciudadanos y turistas para degustar los deliciosos panes, la frescura del otoño que inicia y la belleza de uno más de los magníficos jardines de Colima.

*Este texto se redactó con base en información publicada por Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda en el periódico El Comentario el 7 de octubre 2020, así como diversas entrevistas a conocedores de las tradiciones populares del estado.

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