Con un mensaje que ha resonado entre campesinos y habitantes del municipio, el presbítero Jesús Mendoza, párroco de Armería, expresó en una entrevista su respaldo a los ejidatarios que exigen una distribución más justa del agua. En respaldo a las protestas de los últimos días en que se han cerrado las válvulas de abasto de agua a Manzanillo, el sacerdote afirmó que el pueblo atraviesa una crisis hídrica que ha afectado su desarrollo y su identidad.
“Desde que llegué a Armería, hace 3 años y medio, he observado la realidad del pueblo. Armería vive de la agricultura, vive del campo. Pero desde que abrieron los pozos para llevarse el agua a Manzanillo, este municipio se desmanteló”, señaló.
El sacerdote recordó que, décadas atrás, Armería fue una comunidad próspera, con abundancia de agua y actividad económica floreciente. “Hace unos 40 años la gente me cuenta que caminaba por sus parcelas y el agua se dejaba sentir. Era un pueblo que producía, que tenía bancos, cine, tiendas… Pero cuando le quitaron el agua, le quitaron la vida”, lamentó.
Mendoza describió que actualmente muchas colonias del municipio apenas reciben agua “2 días, 2 ratos”, situación que impacta no solo en la vida cotidiana, sino también en el trabajo agrícola, eje económico de la zona y aunque reconoció que “el agua es de todos”, también destacó que nadie es dueño de ella: “¿Es justo quitarle el agua a un pueblo para llevársela a otro? Lo que pedimos no es privilegio, sino justicia: que se garantice el agua suficiente para el consumo humano y para la tierra”.
En un mensaje que además replicó en sus redes sociales, enfatizó: “Yo les digo a los armeritenses: defiendan lo que es suyo. La riqueza de este pueblo es el agua, y desde que se la llevaron, lo dejaron sin interés para nadie. Queremos que Armería vuelva a ser un espacio de vida”.
A pregunta expresa sobre su participación en las protestas, el presbítero aclaró que su acompañamiento al movimiento no obedece a intereses políticos, sino a su misión pastoral. “El Papa Francisco nos llama a salir a las periferias, a acompañar al pueblo en sus necesidades. Aquí, la periferia es el campo, los campesinos. Tenemos que venir a los ejidos, ver cómo viven y, desde ahí, animarlos a defender su vida con dignidad”, afirmó.
Tras su pronunciamiento, Mendoza publicó un posicionamiento en redes sociales, donde ratificó su postura y reconoció haber sido blanco de ataques con perfiles falsos. “Sé que decir la verdad incomoda y toca muchos intereses. Ya aparecieron difamaciones, pero estoy en paz, tranquilo con mi conciencia, con Dios y con el pueblo de Armería”, escribió.
Reiteró que su participación en el tema no busca protagonismo “No busco beneficios personales. Solo cumplo con la misión encomendada por Cristo y por mi obispo. No puedo callar ante la injusticia, sobre todo cuando afecta a la gente pobre”, dijo.
Finalmente, invitó a la comunidad a no responder a provocaciones y a mantener la serenidad. “No caigamos en el juego de los perfiles falsos. La mejor respuesta es el silencio, la oración y la unidad. Que nadie nos robe la paz. Recordemos las palabras de Cristo: ‘La verdad los hará libres’”, concluyó.

