Mientras en una sesión del Cabildo del Ayuntamiento de Tecomán se afirmó que existe “resistencia” de la población de Cerro de Ortega a vacunarse contra el sarampión, la realidad en comunidades con alta presencia de población flotante es distinta: las familias no rechazan las vacunas, simplemente no se las llevan, sostuvo el regidor tecomense Jorge González, al dar seguimiento al debate generado en torno a las acciones de salud pública en el municipio.
El edil explicó que en zonas como Cerro de Ortega, donde se asientan familias provenientes de otros estados del país, el principal obstáculo no es la negativa social, sino la falta de una estrategia operativa del sector salud, capaz de atender contextos donde la documentación básica es inexistente o incompleta.
“Hay mucha población flotante. Personas que llegan y no tienen cómo comprobar su esquema de vacunación. Algunos no traen ni su acta de nacimiento, mucho menos una cartilla. Pero eso no significa que no quieran vacunarse”, precisó.
González subrayó que esa situación es recurrente en escuelas con presencia de niñas y niños migrantes, donde el riesgo sanitario aumenta si las campañas se limitan a reuniones informativas y no a la aplicación directa de biológicos. Añadió que uno de los espacios donde se concentra esta problemática es una escuela–campamento agrícola de Cerro de Ortega, que atiende niveles de preescolar, primaria y secundaria, y en la que asisten niñas y niños de familias provenientes de distintos estados del país. Precisó que, de acuerdo con lo expresado por la dirección del plantel, algunas familias profesan religiones que les prohíben vacunar a sus hijos o hijas; sin embargo, subrayó que ello no puede generalizarse ni utilizarse para afirmar que existe una resistencia en la comunidad.
En ese sentido, fue tajante al desmentir la narrativa de resistencia social: “No es que la gente se niegue. El problema es que no les llevan las vacunas. Nomás van a platicarles. A convencerlos, pero no a ofrecerles lo que necesitan”.
El regidor cuestionó que mientras se anuncian recorridos, reuniones y supuestas campañas de prevención, los centros de salud permanecen vacíos o sin capacidad de respuesta, lo que evidencia una brecha entre el discurso institucional y la realidad en campo.
“Siempre es lo mismo: reuniones, discursos, promesas de mejorar la atención médica. Pero no basta con contarlo, hay que llevar lo que hace falta. Si no hubo las vacunas, no se puede responsabilizar a la gente”, señaló.
Asimismo, consideró preocupante que desde instancias municipales se intente trasladar la responsabilidad a las comunidades, particularmente a las más vulnerables, cuando la obligación de garantizar el acceso a la salud recae en las autoridades.
Aunque reconoció que no ha sido convocado por la Comisión de Salud ni por el ayuntamiento para sumarse a acciones de vacunación, González insistió en que el enfoque debe cambiar: menos señalamientos a la población y más trabajo territorial, especialmente en zonas con población migrante, donde las campañas tradicionales simplemente no funcionan.
“La salud pública no puede condicionarse a papeles ni a discursos. Si hay riesgo de sarampión, hay que ir, aplicar y proteger. Todo lo demás es simulación”, dijo.

