La Universidad de Colima no sólo forma profesionistas, también atesora historias de la más diversa índole. Una de ellas tuvo como escenario sus pasillos, explanadas y complejos administrativos. Por allí caminó durante décadas un personaje, protagonista de la cultura urbana colimense, que terminó por convertirse en parte viva de su identidad: Baldomero Larios Cuevas, Don Baldo, el tubero.
Su reciente partida física, despedida con una condolencia institucional publicada por nuestra Máxima Casa de Estudios, no sólo enluta a su familia; también conmueve a generaciones de universitarios y universitarias que, entre clases y exámenes, encontraron en él una pausa refrescante y una conversación franca. “La comunidad universitaria despide, en su viaje definitivo, a Baldomero Larios Cuevas, Don Baldo”, expresó la Universidad de Colima en esa condolencia fechada el 3 de marzo de 2026 y firmado por nuestro Rector Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño.
Nacido el 28 de mayo de 1930, Don Baldo llegó a Colima cuando tenía apenas 6 años. Desde muy joven conoció el trabajo del campo y, a los 17, aprendió el oficio de tubero de la mano de su padrastro, Esteban Sandoval. Las lecciones eran claras y exigentes: abrir escalones en la palma con machete, trepar entre 6 y 8 metros para extraer la savia o la tuba natural, repetir la faena en varias palmas cada día y, finalmente, salir a venderla por las calles.
Según contó él mismo en numerosas entrevistas y videos, el 1 de enero de 1948 comenzó formalmente su oficio. Desde entonces, durante más de 6 décadas, cargó a la espalda sus bules sujetos a un palo, a la vieja usanza, ofreciendo no sólo una bebida tradicional extraída de la palma de coco, sino una experiencia cultural profundamente colimense. Protagonizó una icónica estampa meramente colimense.
Con el tiempo, su ruta incluyó un territorio especial: la Universidad de Colima, el “pequeño” Campus Central. Los pasillos universitarios y la explanada del Complejo Administrativo fueron testigos de su andar pausado y su voz característica, anunciando la llegada de la tuba. Aunque no cursó estudios formales, él mismo decía sentirse universitario por tantos años de convivencia con estudiantes, docentes y autoridades.
Un personaje adoptado por generaciones
Don Baldo vendió tuba a gobernadores, rectores y a la primera generación de abogados de la Universidad de Colima. Pero, sobre todo, se la vendió a miles de jóvenes anónimos que, con el paso del tiempo, se convirtieron en médicos, enfermeros, contadores, politólogos, psicólogos o administradores.
Más que cliente y vendedor, la relación era de cercanía. Escuchaba, aconsejaba y bromeaba. Su presencia iluminaba los recesos académicos. Para muchas y muchos, la vida universitaria en Colima no se entiende sin esa imagen entrañable del tubero recorriendo las explanadas bajo el Sol.
En 2014, durante una sesión solemne del Congreso del Estado, fue reconocido como ciudadano distinguido de Colima por su trayectoria preservando y difundiendo tradiciones. En ese acto se subrayó su capacidad de trabajo, su alegría constante y su convicción de sacar adelante a su familia -7 hijos, todos profesionistas- gracias a un oficio que jamás quiso abandonar.
En redes sociales, tras conocerse la noticia de su fallecimiento, se multiplicaron los mensajes que lo describen como “parte de la identidad de nuestra tierra”. “No vendía sólo tuba, servía tradición, comunidad y sabor a Colima”, se lee en uno de ellos. En fechas como el Día del Abuelo, su historia fue retomada como ejemplo de perseverancia y orgullo por el trabajo bien hecho.
La tuba, bebida emblemática del estado, encontró en Don Baldo a uno de sus más fieles promotores. Pero fue en la Universidad de Colima donde su figura adquirió un matiz especial: el de puente entre la cultura popular y la formación profesional; entre la tradición oral y el conocimiento académico; entre el pasado rural y el presente universitario.
Quizá por eso su despedida institucional no fue un gesto protocolario, sino un reconocimiento a alguien que, sin estar en nómina ni en aulas, formó parte del paisaje humano de la Universidad de Colima. “Como si fuera una parte viva de nuestra identidad, Don Baldo se quedará por siempre en nuestra memoria y nuestros corazones”, expresa la citada condolencia de nuestra Máxima Casa de Estudios. Y esa frase resume lo que fue: un personaje urbano que trascendió su oficio para convertirse en símbolo.
En cada sorbo de tuba que aún se venda en Colima, habrá algo de su historia. Y en la memoria de quienes pasaron por la Universidad de Colima en las últimas décadas, seguirá recorriendo -con sus bules al hombre- los pasillos donde refrescó no sólo el calor, sino la juventud de generaciones enteras.





