El secretario general de la ONU, António Guterres, y el alto comisionado del organismo para los derechos humanos, Volker Türk, advirtieron ante la Asamblea General sobre “el resurgimiento de la discriminación racial” a nivel global y pidieron “reforzar la voluntad política” para combatirla.
Durante un acto con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, Türk señaló en un discurso que, aunque se han logrado avances en las últimas décadas gracias a marcos internacionales y legislaciones nacionales contra la discriminación, “el Mundo se encuentra en un punto donde ese progreso está siendo cuestionado e incluso revertido”.
Según Türk, “el racismo continúa manifestándose en la vida cotidiana, desde la discriminación en el acceso a la educación y los servicios básicos hasta los discursos de odio en internet”.
El alto comisionado subrayó que personas de ascendencia africana y asiática, judíos, musulmanes, pueblos indígenas y otras minorías siguen enfrentando “estigmatización, negación de derechos y deshumanización”.
También alertó de que la desigualdad estructural y los legados del colonialismo contribuyen a que comunidades racializadas sean más vulnerables a los efectos del cambio climático y la pobreza.
“El racismo no solo es injusto e ilegal, es moral e intelectualmente insostenible”, afirmó, e instó a “reforzar leyes antidiscriminación, regular los algoritmos para evitar sesgos y reformar los sistemas globales que perpetúan desigualdades”.
Por su parte, Guterres recordó la masacre de Sharpeville en Sudáfrica, que esta semana cumple 66 años y en la que la policía abrió fuego contra una manifestación pacífica, provocando la muerte de 69 personas, convirtiéndose en “un símbolo de la lucha contra el apartheid”.
El diplomático portugués denunció que “el racismo sigue presente en escuelas, lugares de trabajo y discursos políticos” y alertó igualmente de que la tecnología está “amplificando el discurso de odio y los estereotipos dañinos, que pueden derivar en violencia real”.
También expresó su preocupación por el desmantelamiento de políticas antirracistas en algunos países y por los intentos de reescribir la historia.
Según dijo, “el racismo alimenta desigualdades económicas y sociales, así como conflictos”, y “siembra desconfianza, divide comunidades y deshumaniza a las personas”.
Guterres pidió a gobiernos, empresas y sociedad civil “trabajar conjuntamente para garantizar la igualdad y la dignidad de todas las personas”, mientras que Türk reclamó voluntad política para “aplicar leyes eficaces, garantizar la rendición de cuentas y reparar los daños derivados del colonialismo y la esclavitud”.
En la Declaración y Programa de Acción de Durban, adoptada en 2001 durante la Conferencia Mundial contra el Racismo de Durban, los Estados acordaron que la esclavitud y la trata de esclavos “constituyen crímenes contra la humanidad” y destacaron sus consecuencias duraderas para las personas de ascendencia africana, subrayando la necesidad de medidas para combatir el racismo y abordar esos legados históricos.

