Jue. Jun 20th, 2024

Mauricio Bretón González, investigador del Observatorio Vulcanológico de la Universidad de Colima (UdeC), participó en las actividades de la XXVI Feria del Libro Universitario Altexto 2024, con la conferencia: “La actividad del Volcán de Fuego de Colima y la importancia de su monitoreo”.

Explicó que “un volcán es un lugar de la superficie terrestre por donde asciende roca fundida (magma) emitida en forma de colada de lava, volátiles (gases), material sólido grande (piroclastos) y fino (cenizas) en episodios llamados erupciones. Morfológicamente, el volcán es una montaña o área formada por el material procedente de una erupción”.

Definió al vulcanismo como la manifestación externa de los procesos que se originan en el interior del planeta. “Es la única amenaza de origen natural que tiene la capacidad de cambiar las condiciones de vida en el planeta de manera casi inmediata (Cataclismo Climático)”.

En Colima, dijo, “estamos en un área llamada el Cinturón de Fuego Transmexicano, que está llena de volcanes. Hay más de 2 mil. Es una zona cercana a los mil kilómetros de este a oeste y no todos los volcanes están activos. Lo importante es que en esta zona se concentran 70 millones de habitantes en 13 estados”.

Comentó que las personas se establecen en zonas volcánicas porque la ceniza da gran fertilidad a los suelos; “al haber fertilidad hay mucha vegetación; por lo tanto, hay retención de agua, animales y alimento, por esto las culturas mesoamericanas se han establecido en esta zona”.

Al referirse a nuestro volcán habló del Complejo Volcánico de Colima (CVC), el cual se ubica en la intersección de 2 estructuras regionales, el graben de Colima y la Falla Tamazula. Un graben se forma cuando 2 bloques de la corteza terrestre se separan, creando un espacio que se hunde. Las fallas normales, que son fallas donde un bloque se mueve hacia abajo en relación con el otro, son las que delimitan este espacio hundido.

El CVC, dijo Bretón, “constituye una cadena de 3 centros volcánicos cuya actividad magmática se desplazó desde el volcán El Cántaro (al norte) hacia el Nevado de Colima y el subyacente Paleofuego, que dio origen al Volcán de Fuego de Colima”.

Agregó que el CVC (Nevado de Colima y Volcán de Colima) parece ser el foco de al menos 12 colapsos gravitacionales durante los últimos 45 mil años, generando el mismo número de depósitos de avalanchas de escombros que alcanzan un volumen combinado de entre 60 y 100 kilómetros cúbicos. Nueve de estas 12 avalanchas de escombros han ocurrido en el Volcán de Colima durante los últimos 22 mil años.

Señaló que, por el número de erupciones en los últimos 500 años, el Volcán de Colima es el más activo de México. “Los procesos que se producen al interior del volcán son peligrosos; no tiene nada que ver con el riesgo o los desastres, sino con amenazas de origen natural. Los desastres no son naturales, pues tienen componente socioeconómico”.

Expuso que las erupciones volcánicas van precedidas de señales anómalas que pueden indicar su próxima ocurrencia y que se denominan precursores: “La única manera de detectarlas es mediante una vigilancia volcánica adecuada, empleando técnicas diferentes y realizando un análisis conjunto de los datos obtenidos. Este trabajo ayuda a mejorar los pronósticos de cómo, dónde y cuándo tendrá lugar la próxima erupción”.

“La mayoría de las veces antes de una erupción, los volcanes presentan diferentes cambios que pueden ser detectados con instrumentos muy sofisticados, por eso, la vigilancia o monitoreo volcánico son la clave para que los habitantes puedan estar seguros en caso de una erupción”, añadió.

Comentó que hoy en día muchos volcanes en el Mundo se encuentran vigilados por científicos: “Esta vigilancia ha permitido hacer pronósticos de erupciones con varias horas de anticipación, posibilitando que los habitantes evacúen las zonas cercanas al volcán y salven sus vidas. El monitoreo puede dividirse en sísmico, geodésico, geoquímico, visual y satelital”, explicó.

Para terminar, dijo que Colima tiene al volcán más activo de México y uno de los más activos del continente, “por lo que es indispensable contar con un monitoreo permanente y en constante actualización. También es necesario respetar los espacios del volcán, evitar que crezcan asentamientos urbanos cerca de él, disfrutar de su actividad con responsabilidad y no acercarse a las zonas de exclusión (8 kilómetros de la cima)”.

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