Por José Luis Larios García
En la región Occidente de México tuvo su auge más importante a partir de la primera mitad del decimonónico, quizás se podría llamar una “micro revolución industrial”, término utilizado para redimensionar la importancia de este sector a diferencia de otros. Los cambios fueron muy palpables y determinantes en el crecimiento económico de Colima y su región, posiblemente por haberse instalado tres fábricas textiles: San Cayetano, La Armonía y La Atrevida. A pesar que la poca densidad poblacional en el siglo XIX, Colima contaba con una variedad de establecimientos industriales, pues aparte de las textiles, estaban las de cigarros, velas y jabones.
La primera fábrica de hilados y tejidos fue “San Cayetano”, empresa que elaboraba productos como rebozos, mantas, camisas y accesorios. Fue inaugurada el 4 de enero de 1842 por los socios Ramón R. De la Vega, exgobernador de Colima, su hermano Sixto y el empresario español Cayetano Gómez -a este último se le debe el nombre a la citada fábrica- organizaron la Compañía Industrial de Morelia y Sur de Jalisco S.A. de carácter privado. Se construyó al norte de la ciudad, ubicada a 3 kilómetros desde el centro de la capital de Colima.
La segunda en instalarse en la ciudad de Colima fue “La Armonía”. Se fundó en 1845, propiedad de Agustín Schacht “un próspero industrial y comerciante jefe de la casa Reimsch Schimilnskya” (Acuña, 2007: 229). La maquinaria de mil huesos de fuerza, fue traída de Inglaterra. En 1869 la empresa empleaba a 80 trabajadores y rendía ganancias de 30 mil a 40 mil pesos anuales (Ortoll, 1987: 151).
Cinco años después, en 1850, se estableció la tercera y última fábrica en el decimonónico conocida como “La Atrevida”, “propiedad del industrial germano, don Alejando Oetling”. A igual que la de “San Cayetano”, su maquinaria era de Fall River, Estados Unidos (Ortoll, 1987:151). En 1888 el valor del edificio, enseres y maquinaria ascendía a 70 mil pesos. Su fuerza motriz fue una turbina de sistema Gerad de treinta caballos; además, su producción anual registraba de 8 mil a 10 mil piezas de manta, 30 mil a 32 mil libras de hilaza y para ello se ocupaban “100 operarios: 50 hombres, 40 mujeres y 10 niños” (Barreto, 1992:44).
Las 3 fábricas instaladas en la ciudad fueron parte medular para el desarrollo económico de Colima y su región. Desde la apertura de la industria textil, la población creció paulatinamente, es decir, llegaron vecinos de otras regiones con el fin de trabajar en las fábricas; es posible que sufriera cambios en la fisonomía urbana. Según describe el Ensayo estadístico sobre el territorio de Colima de 1846, el territorio de Colima contaba con 61,243 habitantes y la capital 31,774.
En el siglo XIX las fábricas mantuvieron estables sus finanzas, los accionistas obtuvieron cuantiosas ganancias por la producción, pero la industria textil colimense a principios del XX comenzó a decaer por varios factores: quizás por la prohibición del calzoncillo de manta en el estado y en otros lugares del país, las plagas que dañaban a las plantaciones de algodón, el alto precio de la materia prima y la competencia de industrias extranjeras. Es posible que estos inconvenientes, orillaran a los dueños y socios de las fábricas a vender sus acciones o, en definitiva, a cerrar sus puertas (Larios, 2018: 31).
“La Armonía” registró un incendio el día 13 de enero de 1898 con daños considerables, que consumió 800 kilos de algodón. Después funcionó un tiempo y cerró sus puertas a principios del siglo XX. Cinco meses después del incendio de “La Armonía”, el 11 de junio, “La Atrevida”, valorada en 26,193.80 pesos, fue subastada “con todas sus fincas, maquinaria, terrenos, huerta y herramientas”, por juicio hipotecario contra los herederos de Agustín Schacht (Ibid., 32).
Por su parte, “San Cayetano” tuvo que vender sus activos y en septiembre de 1907, la Tesorería General del Estado sacó a remate público la citada fábrica, para hacerse pago con su producto de las contribuciones que adeudaba la Compañía Industrial de Morelia y Sur de Jalisco S.A. al fisco (Ibid.). En ese remate se le adjudicó a Luis Brizuela, hacendado y socio presidente de la compañía Hidro-Eléctrica Occidental S. A. empresa que suministraba la luz a la ciudad de Colima, desde el punto del “El Remate” ubicada en el municipio de Comala, lugar donde generaba la electricidad.
El comercio textil fue parte medular en el sector económico del estado de Colima, que marcó una época de florecimiento en la industria durante la mayor parte del siglo XIX y principios del XX, posesionándose como una de las más rentables en el Occidente de México.
Fuentes consultadas:
Acuña Cepea, M. E. (2007). Ana Amilia Schacht un estudio de caso en educación privada de Colima del siglo XIX: Acción femenina e influencia alemana, en Mª de los Ángeles Rodríguez Álvarez (Coord.). Escenarios, actores y procesos: la educación en Colima durante el siglo XIX y primeras décadas del XX (225-253). Colima, Universidad de Colima.
Barreto G. (1992). Ensayo Estadístico de la municipalidad de Colima mandado formar por el muy ilustre Ayuntamiento de esta Capital (Colima, 1880). Colima, Archivo Histórico del Municipio de Colima (Pretextos, Textos y Contextos, 3).
Larios García, J. L. (2018). La Fábrica e hilados y tejidos de San Cayetano. Producción economía y Comercio. Colima, Archivo Histórico del Municipio de Colima (Pretextos, Textos y Contextos, 39).
Ortoll, S. (1987). Por tierras de cocos y palmeras: apuntes de viajeros a Colima, siglo XVIII y XX. México, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora y Editorial Offset.
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