La actividad muscular, un factor clave en el fortalecimiento de los huesos
Por Adán Dagnino Acosta*
Uno de los hábitos más beneficiosos que podemos integrar a nuestra vida cotidiana es la práctica regular del ejercicio, ya sea de intensidad moderada o alta. Más allá de mejorar la condición general del organismo, la actividad física regular mejora el balance y estabilidad postural de nuestro cuerpo, reduciendo el riesgo de caídas accidentales o fracturas. Por otra parte, el ejercicio ha demostrado reducir significativamente el riesgo de padecer enfermedades como el cáncer, diabetes, asma o enfermedad obstructiva crónica, depresión, obesidad, diabetes y osteoporosis, entre otras.
Existe una conexión biomecánica directa entre el músculo y el tejido óseo, ya que estos dos tejidos interactúan entre sí a través de los tendones, quienes transmiten de forma directa la fuerza ejercida por el músculo al hueso. El músculo está compuesto por células multinucleadas que, al contraerse, se acortan y “jalan” de los huesos, estimulando así su fortalecimiento. Esta estimulación mecánica es esencial para mantener la salud ósea y su ausencia genera alteraciones al organismo.
En el caso de la sarcopenia, una condición común en personas adultas mayores, se reduce tanto el número como el tamaño de las fibras musculares. Esto disminuye la interacción músculo-hueso, debilitando los estímulos necesarios para mantener la densidad ósea y favoreciendo el desarrollo de osteoporosis, lo que incrementa el riesgo de fragilidad y fracturas. Por el contrario, durante la actividad física regular efectuada por personas sanas, tal como en el caso del ejercicio de impacto o de resistencia, los músculos aplican fuerza a los huesos con la frecuencia adecuada, lo que estimula a las células generadoras de hueso para favorecer su mantenimiento y fortalecimiento.
Diversos estudios han demostrado una fuerte correlación entre el tipo de ejercicio realizado y el aumento de la densidad mineral ósea. En particular, las actividades físicas de moderada a alta intensidad generan un incremento significativo de la densidad ósea en las y en los individuos estudiados. Para entender el balance en la salud ósea, es relevante describir a las células que se encargan de mantener la calidad del hueso en general, lo cual ocurre por la acción concertada de tres tipos principales de células:
- Osteocitos: células maduras atrapadas dentro del hueso que participan en su mantenimiento.
- Osteoclastos: células que degradan el hueso envejecido, creando túneles por donde se forman nuevos vasos sanguíneos.
- Osteoblastos: células precursoras de los osteocitos, encargadas de formar hueso nuevo, depositando material óseo en los espacios previamente creados por los osteoclastos.
El ejercicio también estimula la liberación de sustancias desde el músculo hacia el torrente sanguíneo, que modulan el metabolismo óseo ya sea de forma directa o indirecta. Entre estas hormonas destacan los péptidos SIRT1, irisina, miostatina, IL-6 y apelina.
Particularmente, SIRT1 ha mostrado ser de gran importancia, ya que reduce la inflamación, el envejecimiento y el estrés oxidativo celular, condiciones que favorecen el crecimiento de osteoblastos y reducen la actividad de osteoclastos. Así, al aumentar los osteoblastos (formadores de hueso) y disminuir los osteoclastos (destructores de hueso), se genera un ambiente ideal para la formación ósea, lo cual es especialmente útil en personas con osteoporosis.
Es importante recalcar que la efectividad de la actividad física depende en gran medida de una buena alimentación. Además, todo régimen de entrenamiento debe acompañarse de una dieta adecuada: suficiente, equilibrada, variada, con horarios regulares y una correcta hidratación. El acompañamiento de una persona profesional de la nutrición es fundamental para alcanzar objetivos específicos como pérdida de grasa, aumento de masa muscular o simplemente mantener una buena salud general y niveles óptimos de energía.
Finalmente, en el caso de las personas adultas mayores con diferentes grados de osteoporosis, es esencial que un equipo profesional interdisciplinar (como fisioterapeutas o profesionales en cultura física y deporte) realice una evaluación individualizada. Esto garantiza que el plan de ejercicio sea seguro, prevenga lesiones y maximize los beneficios del entrenamiento.
Parte del soporte científico en el que se basa el presente texto se encuentra en el siguiente enlace: https://doi.org/10.3389/fcell.2025.1522821
*Investigador por México, SECIHTI, (SNII2), adscrito al Centro Universitario de Investigaciones Biomédicas (CUIB) de la Universidad de Colima donde es profesor de Fisiología y Farmacología de la Sinapsis a nivel posgrado y de Morfofisiología y Biología Celular en la Facultad de Ciencias Químicas.
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