Jue. Mar 19th, 2026

ARTÍCULO: El legado del grupo CER de Colima y el padre Sergio Castillo Torres

Por Redacción Ene14,2026

Por Rogelio Camarillo Carrillo

En el corazón de Colima, un estado donde el Volcán de Fuego se erige como símbolo de pasión y transformación, surgió en las décadas de los setenta y ochenta un movimiento que encarnó la vitalidad de la Iglesia en tiempos de cambio social. El Centro de Estudios y Reflexión (CER), fundado por el padre Sergio Castillo Torres, no fue solo un grupo parroquial; fue un catalizador de esperanza, un espacio donde la juventud colimense descubrió que la fe no es un refugio pasivo, sino un llamado ardiente a la acción.

En un México marcado por la efervescencia postconciliar y las tensiones de la modernidad, el CER representó esa “Iglesia joven” que el Concilio Vaticano II soñó: dinámica, inclusiva y comprometida con los más vulnerables. Hoy, casi una década después de la partida del padre Castillo en 2016, su legado nos interpela en un mundo de desconexión digital y crisis espiritual: ¿dónde están esos espacios que forman no solo creyentes, sino discípulos valientes? El CER nos recuerda que la verdadera revolución evangélica comienza en la reflexión compartida y florece en el servicio comunitario.

Los orígenes precisos del CER

Como relata Agustín Márquez Gileta, exmiembro del grupo, en una publicación en Facebook, el CER (Círculo de Estudio y Reflexión) nació exactamente el 28 de diciembre de 1969. Unos jóvenes fueron reunidos por el entonces diácono Sergio Castillo para formar un grupo cultural que influiría profundamente en la cultura y la política de finales del siglo XX en Colima.

Inicialmente se reunió en un anexo de un templo católico y luego en una casa de estilo Art Nouveau en la calle Vicente Carranza 170, en el centro de la ciudad. Lo que comenzó como una iniciativa clerical terminó trascendiendo sus orígenes: de aquellas reuniones y convivencias surgieron feministas libertarias, políticos de izquierda, artistas vanguardistas, poetas, periodistas y servidores públicos con propuestas novedosas y valientes, algunos de los cuales enfrentaron censura y marginación en una sociedad conservadora.

A pesar de las sendas divergentes -incluso opuestas- que tomaron muchos miembros, el vínculo de respeto, amistad y amor perdura. Los ex miembros siguen reuniéndose cada 28 de diciembre, incluso en tiempos adversos como la pandemia de 2020, cuando se encontraron de manera furtiva en una lonchería para “pasar lista” y reafirmar su unión.

El padre Sergio Castillo Torres, nacido en Colima en la primera mitad del siglo XX, fue un sacerdote cuya vida fue un testimonio de entrega incansable. Ordenado como presbítero, se dedicó a la pastoral juvenil en la Diócesis de Colima, influenciado por el espíritu renovador del Concilio Vaticano II y la teología latinoamericana que enfatizaba la opción por los jóvenes y los pobres.

Castillo, con su carisma accesible y su visión profética, fundó el CER en esa fecha precisa de 1969, en el contexto de parroquias como el Sagrado Corazón de Jesús en el centro de Colima. Su ministerio se extendió a Manzanillo y, especialmente en sus últimos años, al barrio popular como El Zalatón de Juárez, una de las zonas más humildes y olvidadas de la capital colimense.

Allí, en la parroquia Inmaculado Corazón de María, el padre Sergio pasó sus postreros lustros acompañando a familias y jóvenes en situación de pobreza, marginación y, en muchos casos, violencia doméstica y adicciones. Fue precisamente en El Zalatón donde, hasta poco antes de su muerte, siguió formando nuevos grupos juveniles católicos, ofreciendo un espacio seguro de escucha, oración y formación cristiana a adolescentes que muchas veces no tenían otro lugar adónde ir.

¿Cómo eran las dinámicas de estudio en el grupo CER y los grupos católicas que dirigía el padre Sergio? Era un ecosistema de formación integral, un “taller de fe en movimiento” que combinaba estudio, oración y compromiso social. Los encuentros semanales -en salones parroquiales del centro, en patios de Manzanillo o, en los últimos años, en la sencilla sacristía y el salón multiusos de la iglesia Inmaculado Corazón de María en El Zalatón- giraban en torno a la reflexión bíblica adaptada a la realidad juvenil.

Inspirados en el método “ver-juzgar-actuar»”, analizaban textos como el Magníficat para discernir la justicia en su contexto local. Las actividades incluían retiros en Cuyutlán, talleres de liderazgo, campañas de solidaridad y, en los años más difíciles del barrio, acompañamiento a madres solteras, apoyo escolar y prevención de adicciones.

En El Zalatón, el padre Sergio no solo celebraba misa y confesaba; organizaba reuniones nocturnas de reflexión con jóvenes que llegaban de la calle, compartía la cena con las familias y, se cantaban canciones católicas y rancheras convertidas en cantos de esperanza.

En aquellos últimos años, el compromiso social del padre Castillo se hizo aún más concreto y audaz. Desde la parroquia del Zalatón apoyó abiertamente actividades del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), organización de izquierda democrática y socialista que en los ochenta luchaba por los derechos laborales y la justicia social en Colima.

Rubén Martínez, miembro activo del grupo CER desde su juventud y luego dirigente local del PRT, fue uno de los principales enlaces. Martínez coordinaba con el padre Sergio acciones de defensa de colonos ante despojos de casas, tierras y organización de cooperativas populares.

Aunque la jerarquía diocesana observaba con cierta cautela esta cercanía, el padre Castillo siempre defendió que “acompañar al pueblo en su lucha por la dignidad no es política partidista; es Evangelio puro”.

El aporte del CER a la sociedad colimense es un mosaico de transformaciones sutiles pero profundas, que perduran en la fibra moral de la región. Formó generaciones de líderes laicos que hoy ocupan puestos en educación, servicio social y política local.

En El Zalatón, muchos de los jóvenes que pasaron por los grupos juveniles del padre Sergio lograron romper ciclos de pobreza, violencia y adicciones; algunos son hoy maestros, enfermeros, buenos trabajadores o catequistas que siguen sirviendo en el mismo barrio. Su énfasis en la formación integral anticipó la pastoral juvenil mexicana y, sobre todo, demostró que la Iglesia puede y debe estar presente en los lugares más duros sin perder su identidad evangélica.

Los miembros del CER eran la juventud colimense en toda su diversidad: estudiantes del Tecnológico, obreros portuarios de Manzanillo, muchachas de colonias populares y, en los últimos años, adolescentes y madres jóvenes del Zalatón.

Entre los más cercanos al padre Sergio en esa etapa final estuvieron Rubén Martínez (líder comunitario y político), jóvenes como Juan Carlos El Chino Hernández y María de los Ángeles Gela, quienes coordinaban los grupos juveniles del barrio, y decenas de familias que veían en la parroquia Inmaculado Corazón de María su segunda casa.

Eran la cara más humilde y combativa de Colima, y el padre Castillo los recibía a todos con el mismo abrazo. Figuras como Agustín Márquez Gileta y otros exmiembros iniciales ilustran cómo el CER trascendió lo estrictamente religioso para fomentar un pensamiento plural y de vanguardia.

En mi opinión, el CER de Colima -y especialmente su capítulo final en El Zalatón- es uno de los testimonios más bellos y valientes de lo que significa ser sacerdote y ser Iglesia en las periferias existenciales de México. El padre Sergio Castillo Torres no se retiró a descansar; eligió gastar sus últimos años en el barrio más difícil, acompañando a quienes nadie quería acompañar y abriendo la iglesia a quienes muchos preferían mantener afuera.

Su apoyo discreto pero firme a organizaciones populares como el PRT nos recuerda que la opción por los pobres nunca es neutral: implica caminar con ellos, aunque eso incomode. En un Colima que hoy sufre una situación complicada, el ejemplo del padre Sergio y su CER sigue siendo profecía viva: la fe auténtica no huye del conflicto; lo transforma con amor.

Que su memoria siga encendiendo nuevos grupos juveniles en El Zalatón y en toda Colima. Porque, como él repetía hasta el final: “Los jóvenes no son el futuro; son el ahora de Dios”.

Referencias Bibliográficas

– Castillo Torres, S. (2015). Reflexiones juveniles: Fe y compromiso en Colima. Ediciones Diocesanas de Colima.

Colima Noticias. (2016, 21 de noviembre). Fallece el padre Sergio Castillo Torres. https://www.colimanoticias.com/fallece-el-padre-sergio-castillo-torres/

– Diócesis de Colima. (2020). Anuario pastoral: Grupos juveniles y formación en la fe. Imprenta Episcopal de Colima.

– Gómez, R. (2018). Sacerdotes de fuego: Biografías de pastores colimenses. Universidad de Colima.

– Márquez Gileta, A. (ca. 2025). Publicación en Facebook sobre los orígenes y reuniones del CER (testimonio personal consultado en redes sociales).

– Martínez, R. (2022). Testimonio personal en el libro Memorias del PRT en Colima: Luchas populares y fe comprometida (inédito, archivo familiar).

– Parroquia Inmaculado Corazón de María-El Zalatón. (2016-2023). Libros de actas parroquiales y registro de grupos juveniles CER (consultados en archivo parroquial).

(Nota: parte de la información sobre los orígenes en 1969, los últimos años en El Zalatón y la relación con Rubén Martínez proviene de testimonios orales y escritos de exmiembros del CER -como Agustín Márquez Gileta-, familiares, así como de los archivos parroquiales de la iglesia Inmaculado Corazón de María, Colima).

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

Autor

Related Post

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *